Pedro Sánchez mide sus fuerzas ante la ofensiva de la 'vieja guardia' del PSOE

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Felipe González y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. / Luca Piergiovanni (Efe)

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, mide las fuerzas de las que dispone en el Comité Federal del partido, que se reúne el sábado, ante la ofensiva de la “vieja guardia”, encabezada por Felipe González, y de los dirigentes de las principales federaciones para que ni se le ocurra pactar con Podemos, IU y los nacionalistas la formación de un gobierno progresista. Sánchez confía en la coherencia de los barones para que mantengan la resolución aprobada el 28 de diciembre, en la que descartaron apoyar por acción u omisión la investidura de Mariano Rajoy o de cualquier otro candidato del PP. Eso sería tanto como entregar a la derecha los 5,5 millones de votos socialistas el 20D.

Pero las presiones y el ruido sobre el dirigente socialista arrecian desde que se conoció la convocatoria del Comité Federal que, según el secretario de organización, César Luena, tiene como principal punto del orden del día la convocatoria del congreso del partido, que se podría celebrar a finales de abril. El autodenominado “jarrón chino” y expresidente del Gobierno, González Márquez, se ha esmerado en demostrar que es algo más que un adorno; en una conversación con los amigos del norte en la embajada francesa, convenientemente filtrada a determinados medios de comunicación, ha apostado por un gobierno PP-C’s con la abstención del PSOE. La posición de González coincide textualmente con la de Susana Díaz, quien, visto el resultado del 20D, afirmó que a los socialistas les corresponde mantenerse en la oposición.

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A la presión y el ruido se sumó el martes José Bono desde la Fundación España Constitucional que creó años atrás con Eduardo Zaplana y a la que pertenecen una veintena de exministros de todos los gobiernos, desde el franquista Rodolfo Martín Villa a la independiente vasca nombrada por Zapatero, Cristina Garmendia, pasando por el excoordinador del PP y exministro del Interior, Ángel Acebes. En un comunicado reclaman una “gran coalición” para garantizar la estabilidad de España y proponen que en dos años se reforme la Constitución para frenar, dicen, “la aventura independentista”. Fuentes de Ferraz atribuyen al “compañero Bono” una iniciativa que en la coyuntura actual solo tiene una finalidad: evitar una coalición de izquierda.

Con la vieja guardia abogando por el “modelo alemán” al que tanto debemos y recordando que España ya no limita al norte con los montes Pirineos, sólo al oeste con Portugal, el candidato declinante en la primera ronda regia, Mariano Rajoy, ha inyectado su chorro de aceite pesado al engranaje de la gran coalición con su oferta de prestar todo el apoyo necesario a los presidentes autonómicos y alcaldes socialistas. El anuncio es goloso para algunos alcaldes en precario y, sin ninguna duda, para el presidente extremeño Javier Fernández Vara, quien todavía no ha conseguido el apoyo de Podemos para aprobar el presupuesto de este año.

Sánchez, que reiteró su negativa a apoyar a Rajoy y le pidió que no siga utilizando las instituciones, los ayuntamientos y las autonomías para presionar, no renuncia a su planteamiento de intentar formar un gobierno progresista y “sí, mantiene y seguirá manteniendo contactos con dirigentes de todas las fuerzas políticas”, dicen en Ferraz. A dos días de la reunión del Comité Federal y después de haberse reunido con los grupos socialistas del Congreso y el Senado, su prioridad es atraer a los dirigentes regionales, con los que está hablando uno a uno. Sabe que cuenta con el apoyo de las baronesas de Madrid, Baleares y Euskadi, Sara Hernández, Francina Armengol e Idoia Mendía, respectivamente. Y que el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, es proclive a su planteamiento. Podía haber criticado su decisión de facilitar a ERC y a DiL (antigua Convergencia) la formación de grupos parlamentarios en el Senado, pero no lo hizo. Tampoco nadie le ha criticado la cesión al PNV de un puesto en la Mesa de la Cámara Alta.

También cuenta con el apoyo sin condiciones de Izquierda Socialista (IS) para intentar un pacto de izquierdas con contenido social y reconocimiento del “federalismo plurinacional”. A quienes rechazan la negociación con Podemos mientras no renuncie al referendo de autodeterminación de Cataluña –asunto que Pablo Iglesias está dispuesto a dejar en segundo plano y, llegado el caso, defenderá la unidad de España–, Sánchez les pide “confianza y prudencia”. Si logra que sus cordiales adversarios internos, la andaluza Díaz, el asturiano Javier Fernández, el valenciano Ximo Puig y el castellano-manchego Emiliano García Page no añadan nuevas condiciones, como propugna la vieja guardia, habrá conseguido reducir el ruido de sables durante el proceso de investidura, al que Rajoy llega “con el hedor de la corrupción que tanta vergüenza no está causado”, dijo el miércoles.