Irene Montero: “Intentar dañar a Podemos con la duda de la división es no conocernos”

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Irene Montero, diputada y portavoz adjunta de Podemos en el Congreso, durante la entrevista con cuartopoder.es. / Santiago Donaire

Como responsable de su equipo político o gabinete es una de las personas de máxima confianza del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Exmilitante de las Juventudes Comunistas en Madrid y exportavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) también en la capital entró en el partido morado para formar parte de su Consejo Ciudadano Estatal como secretaria de Movimientos Sociales aunque ahora se ocupa de las funciones de Coordinación entre Áreas. Fue la número 4 en las listas para las generales y ejerce por tanto como diputada electa en el Congreso y como portavoz adjunta del grupo parlamentario. Licenciada en Psicología, también forma parte del equipo negociador de Podemos, por lo que fue una de las personas presentes en las dos únicas reuniones oficiales mantenidas con el PSOE. Irene Montero (Madrid, 1988), recibe a cuartopoder.es en su despacho de la Cámara Baja para analizar la situación sobre el proceso de investidura y otros asuntos de actualidad como las recientes dimisiones internas en su partido.

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— Pasado ya un poco de tiempo, ¿cómo recuerda las dos únicas reuniones que mantuvieron con el PSOE junto a Compromís e IU?

— Con cierta decepción. Nos sentamos a esa mesa pensando que el hecho de que aceptasen esa reunión era por demostrar su interés para concretar un Gobierno de coalición a la valenciana. Lo que nos encontramos fue, primero, una defensa de un programa económico que no era lo que ellos llevaban en su programa electoral y que se escoraba mucho hacia las propuestas de austeridad. Luego nos dimos cuenta de que estaban defendiendo lo que pactaban en la mesa de al lado con C’s y Luis Garicano. Calificaban con palabras muy gruesas nuestras propuestas económicas. Que no estuviesen dispuestos a hablar de algo que ya reconoce todo economista serio como que hay que ir a Bruselas a renegociar el ritmo de reducción del déficit nos parecía increíble. Luego entendimos que eso tenía que ver con que estaban firmando un acuerdo económico que supone una capitulación, una especie de rendición ante el programa de la austeridad presentado por C’s. Pero en esos momentos no lo entendíamos. Más que un debate era una teatralización porque estaban firmando con C’s.

— La sensación que hemos tenido todo el rato ha sido que las posiciones entre PSOE y Podemos estaban lejos, ¿en algún momento de todo este proceso confiaron en que se pudieran acercar?

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— Si nos fijamos en los programas electorales creo que es fácil que podamos llegar a un acuerdo. Si nos fijamos en esa parte del PSOE, que es verdad que puede estar en minoría pero existe, que cree que su partido tiene sentido para defender ciertas políticas redistributivas, de cohesión social o reducción de la desigualdad, claro que podríamos llegar a acuerdos. Si no, no lo hubiésemos intentado. El papel lo aguanta todo y frente a lo que ponen los papeles nosotros decimos que queremos un gobierno a la valenciana. Lo que hace falta en este momento son garantías que no solamente en un papel sino en sus hechos concretos y acción de gobierno representen los intereses de una mayoría social muy castigada por la crisis y que no se sentía representada en las fuerzas tradicionales. No se trata tanto de confiar sino de poder sentarnos en una mesa. A priori los programas nos dan a entender que el acuerdo es posible y por eso lo queremos intentar. No sobre la base de una confianza o desconfianza, sino de que el acuerdo tenga garantías de que se va a cumplir.

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Montero, en su despacho en el Congreso. / S. D.

— ¿Piensa que a Pedro Sánchez no le dejan gobernar con Podemos? ¿Su partido u otro tipo de agentes políticos o económicos?

— Claro que sí. Sobre todo aquellos que mandan y no se presentan a las elecciones. Es un conglomerado de grandes intereses económicos y de régimen. Los grandes poderes económicos, muchas veces nos referimos a ellos como el Ibex 35,que como bloque tienen partidos a través de los cuales han canalizado sus intereses a través de la acción de Gobierno durante los últimos años, tienen también un plan. Creo que ese plan no cuenta con Podemos. Ese plan identifica a Pablo Iglesias, a Podemos y a los sectores sociales que representamos en las instituciones con sectores que no les permiten seguir aumentando sus beneficios o ir tan rápido como ellos querrían. Para ese bloque de poder que manda sin presentarse a las elecciones hay un plan muy claro: la gran coalición. Un Gobierno del PP y del PSOE, con C’s como Celestina, aunque en un pacto así más allá de ese rol pintaría bastante poco.

— De momento el PSOE se ha negado a esa posibilidad. ¿Piensan que es posible que cambie y se materialice de alguna manera la gran coalición?

“Lo que se está debatiendo es quién asume el liderazgo de esa gran coalición entre PSOE, PP
y Ciudadanos

— Por un parte sí creo que ha habido manifestaciones públicas. Quizás para algunos no muy procedentes pero las ha habido. Como es el caso de Felipe González, que de forma más o menos directa ha dejado claro que antes una gran coalición que gobernar con Podemos. Esas son las dos opciones del PSOE. Gente con tanto peso en el partido como él han dejado claro que ese es su plan. Hay grandes empresarios que han dicho también que prefieren una gran coalición. El otro tema es cómo se está jugando esa posibilidad en los tiempos de la política. Ahí creo que lo que se está debatiendo más bien es quién le pone el cascabel al gato, quién asume el liderazgo de esa gran coalición.

El PP dice que ellos son la fuerza política más votada. C’s dice que con Mariano Rajoy no, pero, eventualmente, con otros sí. Incluso a lo mejor entre los planes de Albert Rivera está presentarse como esa fuerza que podría asumir el liderazgo de la gran coalición porque se puede entender con los dos. Y por parte del PSOE hay declaraciones muy confusas. Hay veces que dicen que están dispuestos a pactar a cuatro, aunque luego dicen que no. Hay barones y baronesas que dicen que con Podemos en ningún caso, por lo que apuntan a C’s, que a su vez dicen que hay que incorporar al PP. Por parte del PP está claro que quieren el liderazgo. De C’s lo que queda por saber es cuanta ambición tiene Rivera por intentar liderar ese proceso. Y en el PSOE reina la confusión, porque evidentemente para ellos sería muy costoso asumir que quieren un escenario de gran coalición.

— ¿Ve más cerca esta gran coalición o unas nuevas elecciones?

— Veo que existen posibilidades de Gobierno a la valenciana. Creo que nos falta sentarnos a hablar. El PSOE se tiene que sentar a hablar. De lo contrario veo que una gran coalición sería lo que le gustaría a las élites y una repetición electoral es algo que no nos gustaría como primera opción, aunque en nuestro caso estamos preparados. Nosotros seguimos manteniendo nuestra oferta.

— Anticapitalistas ha dicho en un comunicado que es “políticamente estéril” seguir intentándolo con el PSOE y que había que prepararse para nuevas elecciones o gran coalición. ¿Tiene sentido seguir intentándolo?

— Tiene sentido seguir intentándolo hasta el último momento. Porque la posibilidad de hacer un Gobierno a la valenciana y formar parte de él nos daría ciertas garantías al menos para intentar que las políticas que se hagan en nuestro país sean absolutamente diferentes de las que se han hecho hasta ahora y permitan afrontar los grandes problemas. La tasa de paro sigue siendo altísima, hay 13 millones de personas en riesgo de pobreza y vivimos una situación de emergencia social muy grave. Merece la pena seguir intentándolo. Señalan algo con lo que estamos de acuerdo todos, que es que con el PSOE las cosas no se pueden basar en una confianza en la que vayan a hacer por sí mismos políticas que beneficien a la gente. Porque a veces lo han hecho y muchas otras veces no. Entonces no se puede basar nuestra posición política en una confianza ingenua. Ya han demostrado muchas veces que por diferentes causas pueden traicionar los intereses de las mayorías sociales. Lo que hay que hacer es una acción política responsable por la que podamos incidir tanto en las políticas que se hagan en nuestro país y gobernar de forma opuesta a lo que se ha hecho hasta ahora.

— El tono utilizado entre el PSOE y Podemos ha sido duro. Se les ha criticado especialmente a ustedes lo dicho por Iglesias en la sesión de investidura como la mención a la “cal viva” y el pasado de González. ¿Todo esto forma parte del juego político? ¿Perjudica o no influye?

“El tono del debate de investidura era bronco pero parece que es costumbre en esta casa

— Nosotros somos nuevos y nos sorprendió mucho, casi parece como un juego predefinido, y de costumbre, la manera de increparse o abuchearse los unos a los otros cuando el adversario político está interviniendo. En ese sentido creo que nosotros participamos del tono bronco en la misma medida que hicieron todas las fuerzas. El tono del debate era bronco. La intervención de Rajoy fue muy dura. La intervención de Sánchez dejó mucho que desear, como por ejemplo que no miraba a los interlocutores cuando le respondían cosas. Parecía que tenía las respuestas en fichas preparadas y que no estaba entrando en un diálogo. Quiero decir con esto que puedo entender el debate sobre el tono, pero más que una cosa que generásemos nosotros fue una cosa en la que participamos y parece que es costumbre en esta casa. Parece que hay hasta diputados que se dedican especialmente a la función de calentar el debate.

Nosotros nunca nos hemos caracterizado por suavizar las verdades. Creo que somos una fuerza que dice las cosas como son. Es normal que al PSOE le duela esa parte de su historia, al igual que a todo el país. Eso no quiere decir que no reconozcamos las cosas buenas que ha hecho el PSOE. Se pueden decir verdades y a la vez ser leal con la propuesta política que estás haciendo. Nos sentimos muy orgullosos tanto de decir las verdades como de hacer una propuesta en la que creemos que vamos a ser muy leales si se puede dar. Ambas cosas son compatibles cuando hablamos de una relación de igual a igual.

— Ya que lo ha mencionado, ¿qué cosas ha hecho bien el PSOE?

— En los años 80, cuando González se presentó a las elecciones con ese lema tan de actualidad que decía “por el cambio”, de alguna manera estaba representando a unos sectores muy amplios que pedían la democratización de las instituciones y cambiar mucho las cosas. Era un partido que en 10 años pasó de ser una fuerza residual al absoluto referente de la izquierda a nivel institucional. Eso es un mérito. Lo que hicieron después fue ese proceso de liberalización de muchas empresas públicas y de alejamiento de esos sectores que habían confiado en ellos. Hasta el punto de que su presidente terminó en un Consejo de Administración de una gran empresa. Es una cosa que les debe hacer reflexionar sobre una evolución que quizás haya traicionado las expectativas de mucha gente que confió en ellos. Eso es la condición de posibilidad de que haya una crisis de régimen que posibilita la emergencia de nuevas formaciones que sí quieren que se hagan las políticas de lucha contra la desigualdad que el PSOE en un momento determinado decidió no defender tanto o incluso, como con la firma del artículo 135, abandonar.

— Hay críticas de otros partidos señalando que Podemos quiere nuevas elecciones porque les beneficiaría. Antes ha dicho que están preparados para las elecciones aunque no es su opción. ¿Qué significa estar preparados?

— Significa que estamos dispuestos a dialogar y ceder pero no a traicionar. Eso implica que la gente ha hecho su trabajo, que la gente ha votado y que con la configuración actual hay que tratar de entenderse. Pero no significa capitular ni traicionar las políticas que has defendido en campaña. Estamos dispuestos a dialogar pero no a una capitulación en la que estuviésemos dando un cheque en blanco a una formación política que no nos garantice que se van a cumplir las políticas destinadas a los sectores castigados por la crisis. Si el reparto actual de las fuerzas políticas no consigue articular una propuesta de Gobierno lo lógico es que se devuelva la palabra a la gente. Y nosotros a eso no tenemos miedo. Si los políticos como representantes no somos capaces de garantizar esa representación, la palabra debe volver a la ciudadanía. No es nuestro escenario ideal, pero si el PSOE no quiere, hay que devolver la palabra a la gente que es quien tiene la soberanía.

— Iglesias señaló que en caso de haber nuevas elecciones la estrategia respecto a las confluencias no cambiaría. Es decir, descartó una alianza con IU, pero dijo que le gustaría contar con Alberto Garzón y otras personas. ¿No hay ninguna opción de acuerdo electoral?

“Creo que no hay posibilidades de cara a concurrir juntos con IU

— Entendimiento siempre puede haber. Pero de cara a concurrir juntos, creo que no hay posibilidades. Sabemos que en IU hay gente muy valiosa, por experiencia propia. Con esa gente queremos contar y sabemos que nos vamos a encontrar en el proceso de cambio. Pero creemos que no es bueno para el proyecto que haya una confluencia conjunta para ir a las elecciones. Además, es una cosa que ha dicho la gente en una consulta interna. No veo esa posibilidad, pero sí la de trabajar conjuntamente para fortalecer el proceso de cambio.

— ¿Qué valoración hace de las últimas dimisiones de cargos internos, especialmente las de Madrid? ¿Afecta esto al partido a nivel estatal?

— En Podemos siempre hay debate. Siempre es transparente y nunca hay cortapisas para que se exprese de manera natural. Creo que es una cuestión de feminización de la política, porque tiene que ver con gestionar diferencias de opinión y conflictos. Es bueno y sano que puedan expresarse en una democracia. En ese sentido, si hay compañeros que tienen diferencias que les llevan a dar un paso atrás porque creen que es la mejor opción, por mi parte, máximo respeto. Y Luis Alegre, secretario elegido democráticamente y el resto de la dirección seguirán desarrollando su trabajo y debatiendo. El debate está de forma cotidiana en Podemos y además nos hace fuertes como organización porque nos permite entender que las diferencias no se tienen por qué traducir en fracturas sino en democracia, en debate sano. Por otra parte, la gente que ha dimitido seguirá participando en Podemos desde otros espacios. Por tanto, diferencia, no fractura.

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Montero, en un momento de la entrevista. / S. D.

— ¿Hay diferentes concepciones sobre cómo entender Podemos? ¿No hay riesgo de que se generen fracturas?

— No hay riesgo porque tenemos asumido que la diferencia de opinión forma parte del debate democrático y que eso no se traduce en una fractura. Más que diferencias sobre cómo deben gestionarse las cosas, estamos hablando de una organización que se ha hecho muy grande en poco tiempo y que, por tanto, tiene múltiples tareas que acometer. Nuestra forma jurídica es de partido pero nuestra concepción es de movimiento. Esa dinámica de partido-movimiento hace que estés ante constantes retos. Esto no implica que haya visiones antagónicas de lo que tiene que ser Podemos sino que cada uno señala las patas que cree más importantes. Y todo tiene que armonizarse. Estos dos años en los que además hemos ido tan corriendo para estar en las instituciones señalan que tenemos muchos retos por delante. Pero no con la concepción de fractura o división. Cualquier grupo humano que se siente a debatir tendrá opiniones diferentes. Cosa distinta es que se traduzca en algo problemático para el desarrollo de la organización.

— ¿La interpretación de enfrentamiento entre las “familias” de Iglesias y Errejón no es correcta?

— Cualquiera que nos conozca un poquito sabe que no es verdad. Íñigo y Pablo son dos personas que se conocen desde hace muchísimo tiempo. Íñigo siente una admiración personal e intelectual absoluta por Pablo y por eso le ha acompañado como número 2 durante este tiempo. Toda la gente que estamos en contacto con el trabajo de Pablo vivimos con naturalidad que podamos debatir en algunas cosas pero compartimos un objetivo político que se fortalece mucho. Esa campaña mediática que intenta expresar esa suerte de fractura, si se nos conoce un poquito se ve que no es así. Está más bien justificada por el hecho de que Podemos, y en concreto Pablo, representa una china en el zapato para las élites. Se confunde quien piensa que intentar sembrar la duda de una división nos puede hacer desfallecer. Eso no es conocernos. Intentar dañar a Podemos sembrando la duda de la división es no conocernos y no entender que somos una formación en la que los objetivos están muy claros porque no tenemos otra voluntad que cambiar las cosas.

— ¿Qué errores ha cometido Podemos en todo este tiempo?

“Hemos logrado disputar las elecciones a
las grandes maquinarias electorales”

— En el trabajo que hemos hecho en estos dos años hay muchas cosas que son susceptibles de análisis no tanto en la lógica acierto-error sino en la de cosas hechas-cosas pendientes. Si me preguntas por qué hemos priorizado tanto la pata electoral, es evidente que lo hemos hecho. Somos una formación que ha conseguido disputar las elecciones a las grandes maquinarias electorales. Y eso deja tareas pendientes. No es un error, pero es evidente que quedan tareas pendientes: fortalecer los círculos, las estructuras territoriales, tener más espacios para el debate y formación, fortalecer las formas y dinámicas de participación política, etc. Todo eso son tareas pendientes. Desde la lógica del acierto o error me resulta difícil entenderlo. Porque creo que eso implica que podríamos haberlo hecho de otra manera y que no lo hemos hecho por mala voluntad. Y no ha sido así. Pero es imposible hacerlo todo bien al mismo tiempo.

— ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención del funcionamiento del Congreso?

— Pues que puede comerte. Son paredes en las que si quieres y sin darte mucha cuenta puedes pasarte un mes en el que no tengas más contacto con la realidad que si, acaso, lo que ves por televisión. Hacen falta mecanismos que garanticen que esto es una casa de la gente y no una cárcel de políticos. Cada vez defiendo con más vehemencia propuestas como la limitación de los mandatos, porque tiene el sentido de que tú asumes una tarea de representación durante un tiempo en el que eres capaz de saber lo que siente y piensa la gente con la que vives en la sociedad. Si llevas 30 años aquí es muy fácil estar completamente aislado. Me acuerdo cuando surgió el 15M y desde las plazas decíamos aquello de “no nos representan”. Ahora entiendo que muchos de los políticos nos mirasen con incredulidad. Porque claro, llevaban tanto tiempo que ni siquiera concebían que haya alguien fuera que no se sienta representado. Tiene que haber mecanismos de participación política de los ciudadanos en las instituciones. Si no, esto es un muro entre políticos y la sociedad.