Los barones del PSOE esperan el 'no' de Iglesias y asumen que habrá elecciones

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Pedro Sánchez, en una imagen de archivo de un reciente Comité Federal. / Psoe
Pedro Sánchez, en una imagen de archivo durante un Comité Federal. / PSOE

Algunos dirigentes territoriales del PSOE, que a finales de enero forzaron a la Ejecutiva de Pedro Sánchez a poner fecha al congreso ordinario, empiezan a admitir ahora que sería un despropósito hacer coincidir la confrontación interna por la secretaría general y el liderazgo del partido con la campaña electoral. Dan por hecho que Sánchez no obtendrá el apoyo por acción u omisión (voto favorable o abstención) de Podemos para lograr la investidura como presidente de gobierno y que el bloqueo desembocará en la convocatoria electoral el 3 de mayo. Sus pronósticos, reflejados por determinados medios, se anticipan a la reunión de Sánchez y Pablo Iglesias, prevista para este miércoles.

La oposición interna al secretario general ha pasado del “congreso cuanto antes” a “el congreso puede esperar”. Toda la urgencia orgánica se ha ralentizado. La prisa manifestada de puertas adentro por la andaluza Susana Díaz con el apoyo de sus aliados, el asturiano Javier Fernández, el extremeño Guillermo Fernández Vara, el castellano-manchego Emiliano García Page y el valenciano Ximo Puig, se ha transformado en atonía ante la eventualidad, cada vez más cercana, de las nuevas elecciones generales. La urgencia por quitar de en medio a Sánchez tras el “fracaso histórico”, en expresión de Díaz, en las elecciones del 20 de diciembre, les llevó a negociar con la Ejecutiva la fecha del 39º congreso, que finalmente se fijó para la penúltima semana de mayo.

Aunque Sánchez y su secretario de organización, César Luena, eran partidarios de supeditar el proceso orgánico a la formación del nuevo gobierno, tuvieron que ceder al planteamiento de la presidenta andaluza de poner ya fecha al congreso. Díaz llegó a amagar con una votación al respecto en el último Comité Federal. Finalmente se fijó el 8 de mayo para la elección en las urnas del nuevo secretario general por parte de los cerca de 200.000 militantes y el 21 y 22 del mismo mes para la celebración del congreso.

Ese calendario implica que los aspirantes a disputar a Sánchez el liderazgo del partido deben anunciar su candidatura entre el 11 y el 14 de abril y presentar diez días después el número de avales suficientes (el 5% de los militantes, unas 10.000 firmas) para competir. A partir de ahí y hasta el día de la votación, el 8 de mayo, tendría lugar la campaña de confrontación interna. Sánchez, que ganó la elección el 13 de julio de 2014 frente a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, de Izquierda Socialista, ya ha dejado claro que se presentará a la reelección y ahora se espera la decisión de la sevillana Susana Díaz.

Claro es que por distintas razones –por un lado, el proceso interno pondría en cuestión la solidez del propio Sánchez mientras recaba apoyos para formar gobierno, y por otro, la confrontación por la secretaría general dividiría al partido antes de las elecciones del 26 de junio--, la Ejecutiva y los barones coinciden en la conveniencia de aplazar el cónclave. Díaz y sus mentores están convencidos de que Sánchez no conseguirá el apoyo de Podemos porque la estrategia de Pablo Manuel --llaman a Iglesias por sus dos nombres-- no es la gobernabilidad, sino la disputa de la hegemonía progresista al PSOE. De ahí que la tarea inmediata del secretario de organización, Luena, sea la negociación del nuevo calendario congresual con sus homólogos de las distintas federaciones.

De momento, la Ejecutiva ni siquiera ha colocado en la web del partido el calendario acordado a finales de enero y asumido por el Comité Federal. Las fuentes consultadas no dudan de que el congreso se aplaza y el proceso quedará supeditado a la gobernabilidad del país, como inicialmente proponía Sánchez. Y en lo atinente a la decisión de Díaz se cumplirá una vez más el aforismo de aquel sevillano universal, Antonio Machado, de que “toda espera es espera de seguir esperando”.

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