Los dos sectores del PSOE velan armas ante un Comité Federal decisivo para el partido

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Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, rodeado por su equipo, durante una reunión del Comité Federal, en una imagen de archivo. / Ángel Díaz (Efe)

Será la reunión del máximo órgano entre congresos del PSOE más trascendental de los últimos años y tanto el entorno del secretario general, Pedro Sánchez, como los barones que manifiestan su gran desacuerdo con su líder en privado, barajan sus posibles «armas», para imponer sus tesis y voluntad al sector contrario. Los de Sánchez, mantener su «no es no» a la posible investidura de Mariano Rajoy y los barones más críticos, maniobrar para que una abstención permita formar gobierno y evitar las terceras elecciones y empezar a cavar la fosa de su secretario general, sin descartar que una gestora se haga cargo de la dirección del PSOE hasta el próximo congreso federal.

Oficialmente, el Comité Federal  convocado ayer por la Comisión Ejecutiva servirá exclusivamente para analizar los resultados electorales en Galicia y Euskadi, cuyas elecciones se celebrarán el próximo domingo, pero los críticos con Sánchez quieren torcerle el pulso a su secretario general y achacarle los resultados en ambos territorios, que se prevén malos para los socialistas. El entorno de Sánchez, que no es ajeno a esos movimientos hostiles desde las baronías, tiene también preparadas sus respuestas. «¿Desde cuándo se le piden cuentas al secretario general por los resultados de unas elecciones autonómicas?», exclama uno de sus colaboradores más cercanos. Pero la réplica por parte de los críticos a Sánchez también está elaborada: «Sánchez ha metido mano y ha impuesto sus listas en Galicia hasta cabrear al mismísimo Abel Caballero (alcalde de Vigo), que era uno de sus aliados hace unos meses», comenta uno de los críticos al secretario general. Otro, señala a cuartopoder.es que «si hay alguna federación que esté con Sánchez, esa es Euskadi y su secretaria general, Idoia Mendía«. Argumentos prefabricados, antes incluso de conocerse los resultados. Pero la cuestión es otra: hasta dónde serán capaces de llegar uno y otro bando.

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Se preguntan los barones si  Sánchez será capaz de invocar a la militancia y proponer una consulta sobre cualquier posible cambio de posición a la decisión aprobada por el Comité federal el 28 de diciembre, de oponerse a cualquier investidura de candidatos del PP, incluso si será capaz de adelantar la celebración del congreso federal (aplazado sine die, hasta que se despeje el panorama electoral) lo que implicaría la elección del secretario general por el sistema de primarias.

Los de Sánchez, por otra parte, se preguntan si los barones, capitaneados por la andaluza, Susana Díaz, llegarán a provocar una votación para censurar la actuación de la Comisión Ejecutiva Federal y, en concreto, dejar en minoría y fuera de juego al secretario general. De este modo, sería una gestora la que se ocupase de dirigir el día a día del PSOE hasta la celebración de su Congreso Federal. Desde el entorno del secretario general aseguran que «no lo van a hacer, porque no tienen la fuerza ni los votos que dicen tener», mientras que los críticos a Sánchez, entre los que se cuentan, además de la presidenta andaluza, el valenciano, Ximo Puig, el extremeño Guillermo Fernández Vara, el asturiano Javier Fernández, o el castellano-manchego, Emiliano García-Page, admiten que «Sánchez es capaz de cualquier cosa, incluso de romper el partido para mantenerse en la secretaría general», en palabras de uno de los alineados con ellos. Por eso este mismo dirigente asegura que «hay que frenar en seco a Sánchez, antes de que sea demasiado tarde». Las mencionadas baronías se han conjurado asimismo para impedir cualquier intento de Sánchez de aspirar a presidir un gobierno con el apoyo de Podemos y fuerzas nacionalistas y secesionistas. Lo quieren fuera del puente de mando del PSOE, aunque eso implique que el barco socialista navegue timoneado por una gestora en los próximos meses, algo que no ocurre en el PSOE desde que Joaquín Almunia dimitiese de su cargo como secretario general, tras el mal resultado obtenido en las elecciones generales de 2000 (34,16% de los votos y 125 escaños).

Uno y otro bando miden sus fuerzas  y esperan al 1 de octubre para blandir sus armas y, en su caso, contar los votos que controlan unos y otros en el Comité Federal e imponer la voluntad del más fuerte.