Diego, 6 años, describe un desahucio: "Es el miedo a saber que te quedarás en la oscuridad"

Una de las imágenes que ilustran el informe presentado hoy por la PAH.
Una de las imágenes que ilustran el informe presentado hoy por la PAH.

Llegaban al taller con la luz apagada y se sentaban en silencio. Con el amparo de la oscuridad, los niños tenían menos obstáculos para manifestar sus emociones. Poco a poco, las luces comenzaban a encenderse y se les pedía que describieran a sus compañeros: de qué color era su ropa o sus zapatos. Después, hablaban de sus alegrías y pensaban en jugar al fútbol, bailar o ir al campo con la familia, como haría cualquier niño o niña. Luego, se les preguntaba por sus tristezas o sus miedos, y entonces aparecían testimonios fuera de los común y desgarradores como el de Diego, de 6 años, que describió su experiencia de vivir un desahucio como “el miedo a saber que te quedarás en la oscuridad, a que te olviden”.

Cada día se siguen produciendo en España una media de 159 desahucios y se estima que alrededor del 70 por ciento de los desalojos tienen lugar en hogares con menores de edad, según UNICEF. Sin embargo, es nula la atención o ayuda que reciben esos niños y adolescentes, que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y que sufren las consecuencias de una situación traumática. El impacto es palpable en los testimonios que recaba la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Madrid en su estudio “Te quedarás en la oscuridad”, presentado este martes.

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Durante los talleres realizados por la PAH para recopilar testimonios de la experiencia de los niños al sufrir un desahucio o estar a la espera de ser desalojados, los menores explicaban que sus “tristezas” eran tales como: “Nos van a poner una multa por no poder pagar el ascensor”, “que nos quiten la casa” o “espero que el mes que viene no tengamos que irnos de casa”. Otros decían cosas tan duras como esta: “Me hace sentir pena que venga la policía con la cosa esa que tira la puerta”.

En referencia al miedo de los pequeños, los expertos pudieron observar que muchos de ellos sufrían pesadillas a diario y, como era de esperar, estos trastornos del sueño no se correspondían con fenómenos comunes a todos los niños, como podrían ser las películas de terror. Uno de los miedos era: “Que venga la policía con martillo de esos que son muy peligrosos y pueden dar a una persona”, mientras que uno de los menores contaba: “En una pesadilla de esta noche soñé que nos desahuciaban y nos quedábamos en la calle”.

La plataforma también ha observado que los niños y niñas también conocían mucho mejor la situación de lo que sus familias esperaban, ya que incluso se sentían partícipes del fracaso, utilizaban vocabulario específico cuando hablaban de desahucios o eran perfectamente conscientes de la falta de recursos económicos en el hogar. En una serie de entrevistas a familias que también han sido recabadas para el estudio, Nilda relataba una conversación con su hija pequeña:

– Pero mamá, ¿por qué repites siempre lo mismo, si ayer comiste esto? En el cole no se repite

– Es que a nosotros nos encanta esta comida, es que esta comida es exquisita.

– ¿Mamá, te pasa algo?

– Ay no, hija.

– Mamá, pero es que estás llorando.

– No, es que me estoy acordando de mis padres.

– Ya mamá, pero es que tú tienes aquí papeles, tienes esto…¿Te ha hecho algo el banco?, ¿Qué te ha dicho el banco mamá?’

Y después, Nilda contaba cómo su hija le pedía dinero:

– Mamá, ¿me puedes dar un euro para irme a comprar esto…? Que el viernes es el cumpleaños de fulanito, ¿me puedo ir al cumple?

– No hija, es que vamos a ir donde la prima.

– Vale. Yo lo que creo es que no tenéis dinero para comprar.

Esta dura conversación pone de relieve como los niños se hacen conscientes del tema de los recortes económicos en el hogar, a pesar de que los padres intenten ocultar el problema. Una estrategia que es totalmente ineficaz, tal y como contaba Bibiana. Su hijo pequeño un día le dijo a ella y su pareja: “Dejad de discutir”, a lo que le contestaron: “No Sebastián, no estamos discutiendo, estamos hablando”. “¡Ya, pero dejadlo, dejadlo ya, porque yo no lo aguanto!”, les contestó.

Portada del estudio. / PAH
Portada del estudio. / PAH

También Nilda poco a poco fue consciente de que esconderle a su pequeña los problemas económicos traía consecuencias desastrosas. Un día se dio cuenta de que otros niños habían estado pegando a su hija en el colegio y ella no le había contado nada. “Es como si dijera: ‘Mamá llora por dentro, vale, yo también voy a hacer lo mismo’”.

Aún así, según los testimonios recabados, los niños pequeños se sentían más seguros bajo la protección de sus padres que los adolescentes, quienes eran más conscientes de la amenaza del desahucio. En este grupo de menores, las mayores preocupaciones eran las ideas de “pérdida” y de “fracaso”, mientras que expresaban miedos como: “Me da tristeza perder a mis amigos, me dan ganas de llorar hasta llenar una piscina”, “que mi abuela se sacrifique” o “fracasar es como los desahucios perdidos, porque la gente pierde sus casas y los recuerdos que se han ido formando con el tiempo”. A su vez, los menores tienen un alto sentido de la justicia, la igualdad, el bien común o la no discriminación por las experiencias dolorosas que han sufrido.

El colegio, un espacio hostil para los niños afectados por los desahucios

Por otro lado, la mayoría de las familias coincide en señalar que ni el personal de los centros educativos, ni los compañeros de colegio, han sido un apoyo para sus hijos en la mayor parte de los casos. “En el colegio es verdad que los niños son muy malos y a mi hija mayor (11 años) este año le han dicho que si es una pobre porque no tiene casa y cosas así”, contaba Belén, una de las madres.

“Mi hija está muy mal en el colegio, repitió, no se habla con los compañeros, está totalmente antisocial, los niños decían que si era pobre (…) le daban ataques de ‘histeria’, me llamaban y yo tenía que coger a mi hija y llevármela a mi casa y llamar a Psicólogos Sin Fronteras para que vinieran ellos (…)”, explicaba Belén.

Sin embargo, hay excepciones, como la hija de Elena, de 7 años, que se sintió respaldada por sus compañeras cuando se decidió a recoger firmas en el colegio para evitar el desahucio de su familia. “Ella sí ha hecho partícipe a la gente, a todos. Se recorrió todo el colegio, profesores, los de la cocina, las cuidadoras, algunas madres… Ella no ha escondido nada, totalmente participativa en ese sentido. Luego, cuando recogía las firmas, yo la veía que se sentía muy orgullosa. Es que se recogió seis hojas, 120 firmas, que es un currazo (…) todas sus amigas iban con ella cuando recogía las firmas”.

Según recuerda la PAH, los niños y las niñas “también son víctimas de la estafa hipotecaria” y, además, sufren una vulneración de Derechos Humanos de la que es responsable el Estado, que desoye la Convención de Derechos del Niño de 1989. Actualmente, sólo existe una moratoria especial de dos años en desalojos hipotecarios para familias con niños de tres años. Para esta normativa, sin embargo, pasan desapercibidos el resto de los menores.

Por otro lado, la plataforma denuncia la ausencia de datos que les permita conocer en mayor profundidad la situación en la que se encuentran estos menores e incide en aspectos como que los niños puedan sufrir fracaso escolar, ya que se enfrentan a una pérdida de recursos económicos. En este sentido, exige abrir el diálogo con los centros educativos, que el Estado garantice la educación de los más pequeños y “la incorporación de ayudas específicas a las familias que se han sido víctimas de la estafa hipotecaria”.

(*) María F. Sánchez es periodista.