La coalición EH Bildu también quiere convertirse en sujeto político permanente

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Otegi (Sortu), Urízar (EA), Ubera (Aralar) y Matute (Alternatiba), presentando el proceso de confluencia el pasado 1 de abril. / EH Bildu

La izquierda, en diferentes ámbitos y territorios, profundiza en la idea de buscar alianzas más amplias para crear sujetos políticos que hagan frente a la deriva neoliberal y a la hegemonía de las derechas. Sujetos políticos que agrupen a diversos partidos y movimientos sociales. La coalición de la izquierda independentista vasca, EH Bildu, pretende, de este modo, convertirse en un sujeto político permanente el próximo 17 de junio, fecha para la cual está prevista la celebración del I Congreso de la nueva estructura política. Hasta ahora, EH Bildu es una coalición que reúne a cuatro partidos: la izquierda abertzale de Sortu, Eusko Alkartasuna (EA), Aralar y Alternatiba. Aunque esta coalición se dota de algunas estructuras provisionales que gestionan el día a día, su naturaleza es, principalmente, de carácter electoral. Mediante este proceso de confluencia, pretenden generar una estructura compartida, con una dirección en común y unos objetivos políticos comunes.

En una presentación que tuvo lugar el pasado día 1 abril del proyecto de confluencia en el Baluarte de Pamplona, quedaron marcadas las líneas a seguir y los objetivos del mismo. Se pretende dar el paso de la actual coalición hacia un nuevo sujeto político propio, con identidad y militancia propia, pero que en ningún caso suponga la pérdida de identidad o desaparición de los actuales partidos que conforman la coalición. Tanto Sortu, como EA, Aralar y Alternatiba seguirían existiendo si así lo deciden sus militancias, pero las personas que quisieran militar en el nuevo sujeto político vasco no tendrían que ser, obligatoriamente, militantes de alguno de estos partidos, podrían participar directamente en EH Bildu, el nuevo sujeto político.

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Otro de los objetivos marcados en aquella presentación en Pamplona fue el de reunir a toda la izquierda transformadora vasca que apueste por el soberanismo y por un estado propio. Es decir, buscan la unión de las izquierdas rupturistas e independentistas en un único sujeto político al que se incorporen no sólo los militantes de los partidos clásicos, sino activistas de movimientos sociales, sindicatos y distintas luchas, hayan o no participado en política partidista previamente. La estrategia que llevan a cabo los comunes en Cataluña y otras fuerzas de izquierdas en el resto de Europa llega también, de esta manera, a las izquierdas independentistas vascas.

Si el Congreso que supondrá el pistoletazo de salida de este nuevo sujeto político vasco está fechado para el 17 de junio, antes, el próximo 25 de abril se celebrará una asamblea general de EH Bildu en el Kutxa Espacio de Donosti. En esta jornada en la capital guipuzcoana se presentarán los borradores de los documentos políticos.y organizativos que pasarán a un proceso participativo posterior durante los próximos dos meses. Durante este periodo se podrán realizar enmiendas y propuestas. Los documentos definitivos se aprobarán en el Congreso de junio. Estas propuestas política y organizativa o de funcionamiento interno las presentará, en la asamblea de finales de abril, un grupo impulsor de personas participantes en la mesa política en la que están representados los cuatro partidos de la coalición. Una vez se conozcan los documentos, se abrirá el debate por las asambleas de los partidos y asambleas territoriales.

Las tensiones, diferencias y resistencias estarán presentes en el proceso de conformación de este nuevo espacio vasco, que pretende reunir culturas políticas y sensibilidades diferentes. Como en el resto de procesos de confluencia que estamos conociendo, siempre se encuentran sectores más proclives al pacto y a la unidad, y otros que priorizan la esencia y la identidad de los propios partidos. En el caso vasco, las fuerzas también difieren ideológicamente, dentro del paraguas común de las izquierdas independentista. Algunos partidos están más próximos a la socialdemocracia, como en el caso de EA, otros tienen un marcado carácter anticapitalista, como en el caso de Alternatiba, partido liderado por el diputado en el Congreso Oskar Matute y escindido de Ezker Batua, la federación vasca de IU, en el 2009.

El caso de Aralar es diferente, según apuntan fuentes de la coalición a cuartopoder.es. Aralar, fuerza liderada por Patxi Zabaleta y Rebeka Ubera, surgió tras la negativa a integrarse en 2001 en Batasuna, al haberse desestimado una ponencia suya, en el proceso de refundación de Batasuna, en la que se pedía a ETA el abandono de las armas. Ahora, una vez que la parte mayoritaria de la izquierda abertzale, integrada en Sortu, también apuesta por un proceso democrático en ausencia de violencia (desde 2010) y tras el desarme de ETA, la disyuntiva entre la militancia de Aralar está entre si integrarse de nuevo en Sortu, permanecer como Aralar dentro del nuevo sujeto político vasco o que su militancia entre a formar parte directamente de EH Bildu.

Desde determinados sectores de Sortu no se ve con buenos ojos el que militantes que se apartaron del proceso de refundación de Batasuna, en el 2001, regresen ahora a la formación abertzale. El caso de Sortu, formación mayoritaria de la coalición liderada por Arnaldo Otegi, es diferente. Desde el año 2010, cuando apostaron por la ausencia de violencia, también apuestan por una acumulación de fuerzas soberanistas y han alentado las diferentes coaliciones en las que se ha presentado la izquierda independentista vasca a los diferentes comicios.

En el caso de las elecciones generales de 2011, impulsaron la coalición Bildu, que se presentó a las elecciones municipales de ese año, aunque Sortu no participó en aquella campaña electoral ni en los comicios al estar ilegalizada por el Tribunal Supremo. En el 2012, Sortu fue definitivamente legalizada por el Tribunal Constitucional. Tampoco pudo participar, por lo tanto, en las elecciones generales del 2011, en la coalición Amaiur. Desde su legalización en 2012, Sortu ha participado en todas las elecciones celebradas integradas en la nueva coalición, EH Bildu, con el resto de fuerzas de las izquierdas independentistas vascas, cumpliendo así con la hoja de ruta con la que nació, la acumulación de fuerzas soberanistas y apostando por la lucha de masas, institucional e ideológica como formas de hacer política.

En EA, la formación fundada por el ex lehendakari Carlos Garaikoetxea tras una escisión del PNV en 1986, y actualmente liderada por Pello Urízar, la división en torno a participar en el nuevo sujeto político o no está más agudizada. La formación de Urízar celebrará un congreso el 3 y 4 de junio donde se decidirá si entra a formar parte del nuevo sujeto político y en qué condiciones. En el seno de EA, por un lado se encuentran los críticos, aquellos que ponen por encima la identidad de EA al proceso de confluencia; por otro, la línea oficialista, que apuesta por integrarse en el nuevo sujeto político y recuerdan que la disolución de ninguno de los partidos de la confluencia está sobre la mesa. Las fuerzas están bastante igualadas, advierten fuentes de EA, y no se descarta el riesgo de escisión.

La idea y el proyecto de conformación de este nuevo sujeto político viene de lejos. Así, en el 2010, con la firma del pacto Lortu Arte entre EA y la izquierda abertzale, ya se ponía sobre la mesa el objetivo de trabajar por un “acuerdo estratégico con la dimensión política y social suficiente para poder articular un espacio progresista en favor de la independencia y poder así incidir de forma adecuada en la dirección del necesario cambio político en Euskal Herria”. A este acuerdo se sumaba, en el año 2011, Alternatiba, mediante la firma del acuerdo Euskal Herria Ezkerretik, por el cual afirmaban: “Pretendemos aunar esfuerzos para abordar la construcción nacional y la transformación social, avanzando decididamente, y siempre por vías exclusivamente políticas, en la consecución de una Euskal Herria soberana y solidaria”. La presentación del pasado 1 de abril por parte de las cuatro fuerzas políticas del proyecto de confluencia es un paso más hacia la creación de un sujeto político compartido.