DAVID TORRES | Publicado: - Actualizado: 20/4/2017 19:04

El 'tramabús' de Podemos.
El ‘tramabús’ de Podemos, ayer, antes de iniciar su recorrido. / Luca Piergiovanni (Efe)

Entre las muchas lecturas de los líderes podemitas –Marx, Gramsci, el Kant de la Ética de la razón pura– está claro que a alguien se le olvidó repasar a McLuhan. “El medio es el mensaje” es un mantra acuñado por el célebre filósofo canadiense que explica el modo en que cualquier información se distorsiona a través del canal en que se transmite. “El medio es el mensaje” quiere decir también que el mensaje es el medio.

A nadie con dos dedos de frente se le escapa que el PP es una formación podrida hasta los cimientos y que las diversas tramas de corrupción en que andan empantanados desde hace años e incluso décadas han contribuido al actual y lamentable estado de cosas. Hasta ahí todo bien. El problema es que en este país hay mucha gente que no cuenta siquiera con dos dedos de sentido común y que el mensaje del autobús va dirigido exclusivamente a ellos. A veces parece como si los cerebros grises de Podemos, criados en laboratorios universitarios, intentaran descender al nivel de la audiencia de un reality de Tele5. Esta vez lo han conseguido plenamente.

La idea en sí –repito– no es mala, pero lo de integrarla a bordo de un autobús, con retratos de Aguirre, Villar Mir, Díaz Ferrán, Rajoy, Bárcenas, Rato y otros grandes de España da vergüenza ajena. Más que nada porque se trata de una réplica del autobús homófobo de Ignacio Arsuaga, cuyo espectacular ridículo sobre ruedas ha estado a punto de cambiar el nombre de la formación: de Hazteoír a Hazmerreír en un solo viaje. Esperemos que en los próximos días Pablo Iglesias no anuncie en twitter que Satán también le ha telefoneado. En cuanto a la ocurrencia de pintar el autobús de color azul gaviota resulta una obviedad tan penosa que no merece mayor comentario.

El tramabús va haciendo paradas por diversas sedes putrefactas -Endesa, Iberdrola, ACS, FF, Bankia, etc.- un poco al estilo de la mítica Caravana del amor de Jesús Puente. En el interior Irene Montero y Pablo Iglesias, armados de micrófono, van aleccionando al personal sobre cómo funciona el caciquismo, el nepotismo, el amiguismo y otros ismos no menos emocionantes. Sólo falta que empiecen a cantar canciones a coro, como en aquellos autobuses en que nos llevaban de niños al colegio. “Qué buenas son las hermanas ursulinas, qué buenas son que nos llevan de excursión”. O también: “Vamos a contar corruptos, vamos a contar corruptos”.

En fin, si querían hablar de corrupción y de podredumbre con un vehículo circulando a tiempo completo por las calles de Madrid lo tenían a huevo: deberían haber sacado un camión de la basura. Un honesto y proletario camión con sus barrenderos y sus basureros, con Iglesias y Montero subidos al estribo y voceando las diversas paradas, hubiese supuesto una metáfora mucho más conseguida. Sin embargo, habilitar la cabina para la prensa no resulta tarea fácil y la comodidad es lo primero.

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