FRONTERA SUR/ Miles de mujeres cruzan cada día la frontera hispano-marroquí

Porteadores, mujeres y hombres que cargan sobre su espalda un negocio millonario

SARA MONTERO | Publicado: - Actualizado: 19/9/2017 10:22

Una porteadora
Una porteadora con un bulto de gigantescas dimensiones cargado sobre su espalda. / Cristina Fuente (APDHA)

En muchas ocasiones, las fronteras de Ceuta y Melilla separan, además de países, la pobreza y la riqueza. En medio de esos dos mundos se encuentran los trabajadores transfronterizos, aquellos que cambian cada día de país para llevar el jornal a casa. Entre ellos, hombres y, especialmente, mujeres cargan sobre sus espaldas una parte importante de la economía de la zona. A veces, los resultados de su trabajo son trágicos: en lo que va de año, han muerto ya cuatro porteadoras.

Según cifras de delegación del Gobierno, cada día pasan 2.000 personas por la frontera de Ceuta. Los lunes y miércoles son ellos los que cruzan, mientras que las mujeres pasan martes y jueves. “Cada día en Ceuta cruzan unos 30.000 trabajadores fronterizos. Algunos son porteadores, mientras el resto se dedican a otras profesiones como empleados del hogar, trabajadoras sexuales y oficios dedicados a la hostelería y construcción”, explica Ana Rosado, del área de Solidaridad de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), que elaboró un completo informe en 2016 sobre la situación de estas mujeres en Ceuta. 

Hasta que hace unos meses Ceuta separó a hombres y mujeres, era un oficio tradicionalmente femenino y, por eso, las oenegés han centrado una parte importante de sus esfuerzos a estas trabajadoras que sostienen familias enteras: “Son mujeres con pocos recursos que tienen familia a su cargo o gente a la que mantener. A veces su marido está en paro, son viudas o están separadas. No tienen contrato ni derechos”, explica Víctor Fernández, de la asociación Digmun, sobre estas trabajadoras que suelen tener entre 35 y 60 años, tienen hijos a su cargo y se convierten de facto en el sustento familiar. Este organismo tiene talleres de alfabetización donde, de manera aislada, a veces acuden estas mujeres, que suelen proceder del wilaya de Tetuán  y les cuentan su caso de manera informal. “Ni siquiera saben que tienen derechos”, explica. Al ser trabajadoras marroquíes, todo lo que pase en el reino alauí escapa de la preocupación de las autoridades españolas, incluso, altercados con los agentes que algunas mujeres han denunciado a estas organizaciones. Ahora, son los hombres los que también buscan un hueco en este negocio.

Según delegación del Gobierno, la cifra de porteadores ha bajado: ha aumentado considerablemente el porteo con vehículos, rebajando las cifras a pie. Hace unos meses se abrió otro paso, el Tarajal II, con vías mucho más anchas para facilitar el paso de estos trabajadores. APDHA pidió a la ciudad autónoma algunas mejoras para asegurar mejores condiciones para los trabajadores y para facilitar el tránsito: “Pusieron algunas zonas de descanso y de sombra, pero las avalanchas se siguen produciendo porque a veces la parte española se abre y la marroquí se cierra. También instaron al polígono a que hicieran un plan de seguridad privado”,  explica Rosado.

Cada día, miles de mujeres u hombres cruzan la frontera con paquetes encima que pueden llegar a pesar hasta 80 kilos. Forman parte de lo que se llama “comercio atípico”, que mueve al mes millones de euros. Pueden trabajar por comisión, la mayoría, o vender ellas mismas después la mercancía. Se levantan de madrugada, esperan en Marruecos a que se abra la valla, van a comprar la mercancía al polígono, donde ya se la encuentran preparada, y vuelven a la frontera a esperar a que se vuelva a abrir el paso para volver a casa. Una vez allí, descargan el bulto en el parking y lo cobran por un precio que suele ir de los 15 a los 30 euros. Las esperas interminables y las avalanchas que provocan el caos y el nerviosismo son su peor enemigo. Hasta que no entregan el paquete al otro lado, no lo cobran. A veces, toda una familia depende únicamente de lo que esa trabajadora sea capaz de llevar a casa.

A veces, estas situaciones de caos tienen el peor final posible. El pasado agosto dos porteadoras murieron en el Tarajal pisoteadas por una avalancha. La presión migratoria de este verano ha hecho que los pasos estuvieran cerrados unos días y los nervios por pasar (y llevar el pan a casa) se disparasen. A estos dos fallecimientos hay que sumarles otros dos que se habían producido en parecidas circunstancias.

Y es que el nerviosismo y el caos que se produce a veces en los pasos son el peor enemigo de estas trabajadoras, tal y como explica un informe elaborado por Irídia Centro para la Defensa de los Derechos Humanos, Novact y Fotomovimiento. “Una de las causas principales de vulneraciones de derechos que sufren las porteadoras es la estructura de dichos pasos, que dificulta su tránsito, creando situaciones de tensión, amontonamiento, asfixia e incluso avalanchas. Algunas avalanchas han llegado a provocar muertes entre las porteadoras: en el año 2008, murió Safia Azizi en el paso del Barrio Chino de Melilla y en el 2009 fallecieron Busrha y Zhona aplastadas y asfixiadas en una avalancha en el paso del Tarajal”.

En los bultos suelen transportar ropa, mantas, artículos de ferretería o incluso, tecnología, aunque ellas no suelen conocer lo que transportan, ya que recogen los bultos ya cerrados en el polígono de Tarajal. A veces, tras horas esperando para pasar, los guardias de ambas fronteras pueden requisarles el bulto, tal y como relatan las organizaciones que trabajan en la zona.

Una actividad que mueve millones

A pesar de que mueve mucho dinero, a nadie en los dos lados de la frontera le interesa regularlo. Los cálculos de lo que supone el “comercio atípico” varían. El Real Instituto Elcano ya advertía en 2013 de un auge del comercio en la frontera. “A los intercambios hispano-marroquíes legales hay que sumar el contrabando (o “comercio atípico”) que se realiza a través de Ceuta y Melilla, y cuyo volumen se estima que rondaría el 30% de las exportaciones legales de España a Marruecos (estas ascendieron a más de 5.200 millones de euros en 2012)”, escribía el investigador Haizam Amirah Fernández.

“Si ves el tamaño de algunos polígonos o la facturación de algún supermercado y lo comparas con la población de Ceuta te das cuenta del peso que tiene este tipo de comercio en la economía”, comenta Víctor Fernández, de Dinum. Para comprender el éxito de este comercio, hay que conocer algunas de las particulares de Ceuta, como su sistema impositivo. En vez del IVA se paga el Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación (IPSI) y además no tienen aduana comercial. 

La actividad de las porteadoras no es ilegal, sino más bien alegal: el estado español las considera compradoras y no  trabajadoras: ganan los dos lados de la valla. Por un lado, los comercios de Ceuta acumulan las ventas, por otro, los ciudadanos marroquíes pueden obtener productos sin que el coste sea muy elevado. Y en medio, la salud y los derechos de estas mujeres. 

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