Carles Puigdemont no figura en ninguno de los planes poselectorales de su partido

Puigdemont con miembros de Juntos por Cataluña, en Brujas
El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, posa con los 90 candidatos de Juntos por Cataluña tras una rueda de prensa en Brujas (Bélgica), el pasado 25 de noviembre de 2017. / Olivier Hoslet (Efe)

Con la campaña catalana a punto de arrancar oficialmente, los correligionarios del depuesto presidente Carles Puigdemont conspiran sin rubor contra su cabeza de lista. La penúltima entrega declarativa de Puigdemont, en la que le faltó el canto de un duro para declararse formal y oficialmente euroescéptico, siendo cabeza de cartel de un partido que lleva Europa en sus propias siglas PDeCat (Partido Demócrata Europeo Catalán), ha desatado una nueva oleada de conspiraciones en las filas postconvergentes. Oficialmente, Puigdemont es “uno de los nuestros”, pero… en la intimidad… son muchos los que dicen esperar a que pasen los comicios para deshacerse limpiamente de un Puigdemont que, si bien ha logrado marcar un repunte en la intención de voto para su lista, deja en el camino a muchos electores desengañados y desencantados. Y en los cuadros de su partido, deja también la demostración palpable de que la unilateralidad que él predicó no es un camino a seguir. O no lo es al menos, para los próximos 20 años.

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En los mentideros catalanes, de hecho, se da por “amortizado” al personaje y,en las quinielas que circulan sobre posibles alianzas poselectorales, se aventura cada vez con más fuerza la posibilidad de que el candidato que se pudiese presentar a a una votación de investidura (siempre que la aritmética parlamentaria lo permita) no fuese Puigdemont, sino otra persona del PdeCat: la que se designe en su momento.

Por mucho que el ya ex presidente catalán se esfuerce por simular que tiene tras de sí a su partido, el PDeCat busca su supervivencia y para alcanzarla, cuenta con que Puigdemont quede fuera de combate, del mismo modo que en el País Vasco quedó en su día Juan José Ibarretxe, aunque sin barrotes ni traje de rayas, pero para alivio de sus correligionarios.

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Cada día que pasa, Puigdemont está más amortizado para los postconvergentes, que proyectan sotto voce alianzas poselectorales múltiples con un denominador común: su cabeza de lista no está en ninguno de sus proyectos.

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