El rey Felipe VI y la monarquía, una nueva etapa con examen pendiente

Felipe VI y Juan Carlos I
El Rey Felipe VI y su predecesor, Juan Carlos I, en Zarzuela. / Casa Real (web)

Un 14 de abril de 1931 se proclamó la II República. Nostálgicos y defensores de esta forma de Estado diametralmente opuesta a la actual aprovechan el aniversario para clamar por ella. Sin embargo, no parece que el dilema monarquía o república sea una de las prioridades de los ciudadanos. Esta afirmación se realiza a priori y en base a la inexistencia de grandes movilizaciones por la causa, ya que no existen cifras actuales que reflejen el sentir de los ciudadanos con la monarquía. El CIS, que es el barómetro demoscópico más importante de España y que ha preguntado a los ciudadanos por la institución monárquica de manera habitual, lleva desde 2015 sin hacerlo. ¿Casualidad?

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Sí sabemos a ciencia cierta que el rey Juan Carlos I terminó su reinado con una caída en picado de su reputación e imagen pública. La penúltima vez que el CIS preguntó por el monarca, en abril de 2013, éste sacó el segundo peor resultado de su historia. La institución fue suspendida con una nota de 3,73 en una escala del 0 al 10 –una nota del año anterior había sido la peor de la historia–. Cuando Felipe VI tomó el relevo, la valoración que hacían los ciudadanos de la Corona mejoró ligeramente, pero seguía siendo insuficiente. El joven monarca obtuvo un 4,34 cuando acababa de ascender al trono. Es la última vez que el CIS preguntó, en abril de 2015.

La transición entre ambos monarcas fue clave. Para el profesor de Ciencia Política y Teoría Geneal de la Información en la Universidad Complutense de Madrid Javier del Rey es evidente que “Juan Carlos I terminó muy mal su reinado”. Desde 2011 la imagen de la Corona se desmoronaba. La acumulación de escándalos que acompañaban al rey emérito tuvo dos hitos significativos: una cacería de elefantes en Botswana que llevó al monarca a pedir disculpas públicamente y la implicación de la infanta Cristina y su yerno Iñaki Urdangarín en el caso Nóos.

En este escenario tan preocupante para la Corona, la llegada de Felipe VI supuso un cambio esperanzador para perpetuar la jefatura del Estado en la dinastía de los Borbones. Del Rey destaca que el nuevo monarca otorgó “un aire nuevo” y acertó en tener “un comportamiento más cauto” que la ciudadanía vio con buenos ojos tras los excesos de Juan Carlos I. Además es bien conocida la amplia formación del rey. Sin embargo, el experto destaca que “hay algo de continuidad” en el equipo de comunicación que le acompaña y que el monarca adolece de “espontaneidad” y “calor humano”. “Es un funcionario distante”, aprecia.

‘El discurso del rey’: Cataluña

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El momento político que ha marcado el antes y el después en la carrera de Felipe VI ha sido el discurso que pronunció pocos días después del referéndum del 1-O en Cataluña, jornada que dejó para la memoria colectiva duras imágenes de las cargas policiales. El rey dejó pasar unos días de silencio para pronunciar un discurso severo, sin concesiones a las autoridades catalanas y sin llamar al diálogo. La reflexión general de los expertos es que el monarca salió reforzado de la situación. “Soy republicano, pero creo que la imagen del rey salió fortalecida para el conjunto de los españoles”, explica el profesor titular de Derecho de la Información y Comunicación Corporativa en la Universidad de Vigo, Fernando Ramos, quien apunta que el rey hizo aquello que se esperaba de él: “posicionarse del lado de la Constitución”.

Un discurso que probablemente triunfó en la mayor parte del Estado, pero que no recibió apoyo unánime. La profesora de Derecho Constitucional en le Universidad de Alicante María Concepción Torres explica que las palabras del rey tuvieron “mala” acogida en Cataluña, donde se interpretaron como “una intromisión”, “un puñetazo en la mesa sin medias tintas”. En su opinión, daba la impresión de que, aunque los discursos del rey los revisa el Ejecutivo, “este venía muy marcado por la Moncloa”. Por otro lado, el profesor titular del departamento de Teoría Sociológica, Filosofía de Derecho y Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, Daniel Raventós, lanza una crítica al monarca: “Felipe VI, en la crisis más importante del Régimen del 78 se ha aliado con las tesis ultranacionalistas españolas, que son las del PP”.

El sentir ciudadano: monarquía o república

Es difícil calibrar el apego o el rechazo que siente la ciudadanía a la forma de Estado que es la monarquía. Sin embargo, el propio Adolfo Suárez reconoció en una entrevista que concedió a la periodista Victoria Prego que el Gobierno evitó consultar a la ciudadanía sobre si prefería república o monarquía –una demanda de los países del extranjero– porque calibró que perdería la consulta. Según el expresidente, que realizó estas declaraciones sin saber que estaba siendo grabado, la solución para que esta consulta no se realizara fue introducir “la palabra rey” y “la palabra monarquía” en la Reforma de 1977. De esta manera, se aseguraba la permanencia de la institución.

En palabras de Ramos, que el actual rey goce de “una postura digna” no oculta la pervivencia del debate república-monarquía, un dilema que considera “vigente” desde que al pueblo español se le negara la posibilidad de elegir en 1978. Por su parte, Torres encuentra diferencias generacionales. Uno de los problemas que enfrenta la Corona, en su opinión, es que las generaciones más jóvenes  están desconectadas del relato de la Transición. “Les cuesta entender que haya una serie de privilegios que forman parte de la institución, cuando la mayoría de ellos tienen que salir fuera a buscar trabajo o se quedan a trabajar en España con unas condiciones precarias”, añade la profesora.

Para los expertos, algunos de los errores de la Corona es que no ha sabido hacer una completa renovación de su imagen y llevar a cabo una auténtica rendición de cuentas a su ciudadanía. Ramos contrapone como ejemplo a Inglaterra, donde la monarquía, además de ir “en el paquete turístico” es “un ejemplo de transparencia” en las cuentas del Palacio. Por otro lado, Torres destaca que “hay poca información o desinformación con respecto a las cuestiones nucleares de la organización o el funcionamiento” y que “en 40 años ningún partido político ha propuesto un estatuto que defina con exactitud el espacio que debe ocupar el monarca”.

Parece que no hay una crisis monárquica inminente, a pesar de que los medios de comunicación han comenzado a romper el cerco protector que rodeaba a la Corona. “No veo una demanda firme por la República. Cuando murió Franco los monárquicos eran cuatro, y ahora se están asentando, a pesar de que sea una institución arcaica”, apunta Del Real. Por su parte Raventós considera que hay indicadores indirectos que demostrarían el respaldo a la monarquía de una amplia proporción de españoles. “Solo hay que observar los votos que tienen los partidos monárquicos, PP, PSOE y Ciudadanos, en el conjunto de España”, apunta.