Cifuentes: de Madrid… al suelo

Bocachancla, quien habla a destiempo, más de la cuenta, cuyas palabras acarrean consecuencias negativas para su colectivo. “Vamos a seguir liderando el camino de regeneración democrática iniciado, porque la corrupción es incompatible con la democracia, y el tiempo de los corruptos ha llegado a su fin en la Comunidad de Madrid”. ¿Les suena? Así es, quien habla es Cristina Cifuentes, expresidenta de la Comunidad de Madrid. Hablaba, mejor dicho. Hace casi un año. ¿El marco? Era dos de mayo, festividad madrileña que honra a los héroes anónimos que se levantaron contra la ocupación francesa en 1808. Cifuentes otorgaba galardones a personajes relevantes del panorama social y cultural de la región. Lucía sus mejores galas. Era su momento. El momento Cifuentes, el momento en el que Madrid olía a regeneración en el PP. Regeneración, PP…

Discurso en el que la expresidenta se engalanaba con toda la pompa madrileña. En el centro de España, en la Puerta del Sol. Madrid, corte y villa. Corte o lo que rodea al poder social, económico, político, de una comunidad. Las entrañas del poder, las relaciones virtuosas que permiten enquistar una estructura social determinada. Villa, Vallecas, un Eroski de Vallecas. Unas cremas de un Eroski de Vallecas. Una cámara de seguridad de un Eroski de Vallecas. Bocachancla, quien miente, cuyas mentiras tienen las patas cortas. Unidad, reclamaba Cifuentes, hace año, en la fiesta madrileña: “Unidad también para acabar con la corrupción y recuperar la dignidad de la política”. Y más allá, unidad “siendo inflexibles con las conductas irregulares propias o ajenas, y haciendo que el respeto, la honradez, el juego limpio, la ética, la defensa del interés general y la lucha contra la corrupción, venga de donde venga, sean principios irrenunciables que nos obliguen a todos”.

Respeto, honradez, juego limpio, la ética, inflexibilidad con las conductas irregulares propias o ajenas… Cifuentes ha aguantado en el poder el escándalo del supuesto máster de la Universidad Rey Juan Carlos durante más de un mes. Rey Juan Carlos, ¿la corte?. La última estocada ha llegado, dicen, desde su partido: el vídeo, guardado durante años, de Cifuentes retenida por unos guardias de seguridad de un Eroski de Vallecas. Cifuentes sacando unos botes de unas cremas que no había pagado previamente. Cifuentes, en Vallecas. La corte, que ha mantenido durante tiempo esas pruebas a buen recaudo para darle la última estocada a la regeneradora del PP de Madrid. Del partido de Aguirre, de Granados, de González. La corte, las luchas intestinas por el poder. Macbeth.

Un año, cómo pasa el tiempo. El entonces concejal de Economía y Hacienda de Madrid, Carlos Sánchez Mato, escribía un tweet tras escuchar el discurso del 2017 de la entonces todopoderosa presidenta. “Cifuentes: ‘El tiempo de los corruptos ha llegado a su fin’. Lo dice una cooperadora necesaria #MociónCiudadana”, escribía el concejal de Ahora Madrid. Ella le respondía, sin morderse la lengua: “El tiempo de los corruptos ha llegado a su fin”, pero no el de los difamadores, demagogos y populistas. Mientes Carlos Sánchez Mato. #NoValeTodo”. Un año, cómo pasa el tiempo, cómo cambian las cosas. Bocachancla, quien mete la pata, quien miente.

Ayer lucía el sol en Madrid, día caluroso. Traje blanco. Despedida. Una despedida que no reconoce errores, ni por el máster, caso por el que la expresidenta fue atacada “por tierra, mar y aire”, según dijo. Ni por el episodio de las cremas del Eroski de Vallecas: Me llevé por error unos productos por un importe de 40 euros“. El polémico vídeo ha adelantado una semana su dimisión. Iba dimitir el 2 de mayo, tras la fiesta madrileña. Un año después de que pronunciara aquel magnánimo discurso: “La corrupción afecta a numerosos partidos e instituciones en una u otra medida y, por tanto, todos debemos ser implacables con ella. Es el mayor favor que podemos hacer a nuestra democracia. Muchas gracias y feliz 2 de mayo”. Cifuentes: de Madrid… al suelo.