Vidal Aragonés (CUP): “El 1-O ha sido la mayor ruptura contra el Régimen del 78 hasta ahora”

BARCELONA.- La política catalana sigue en una especie de stand by desde las pasadas elecciones del 21-D. El protagonismo político, lejos de estar en el Parlament y en el Palau de la Generalitat, tampoco se encuentra en la Moncloa o en el Congreso de los Diputados intentando facilitar alguna solución. El protagonismo político se encuentra, aquí está la contradicción, en los tribunales españoles, que siguen con su escalada represiva contra el independentismo, y europeos, los cuales han de decidir la extradición o no de Puigdemont y el resto de responsables políticos que salieron de nuestras fronteras para no enfrentarse al Tribunal Supremo. Las justicias europeas examinan a la española.

Mientras tanto, las fuerzas independentistas intentan formar Govern antes del 22 de mayo, fecha límite para la investidura de un president tras las investiduras fallidas del propio Puigdemont, de Jordi Sánchez y Jordi Turull, abortadas por la propia Justicia. Suena Elsa Artady como presidenciable, falta el visto bueno del expresident desde Alemania, tiene el visto bueno de JxCat y ERC, o eso parece. Hoy, en el Parlament, se vota una reforma de la Ley de Presidencia que facilite la investidura a distancia, el independentismo sigue tensando la cuerda contra el Estado, aunque cada vez menos. Cada vez son más los que apuestan por formar un Govern efectivo cuanto antes. La incógnita puede que no resuelva hasta el último momento, tal y como nos hemos acostumbrado en los últimos meses. Repasamos con el diputado de la CUP en el Parlament, Vidal Aragonés (Cornellà de Llobregat, Barcelona, 1878), la actualidad política y analizamos los últimos y convulsos meses. 

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— Este fin de semana se celebra en Sallent, la localidad de Anna Gabriel, un festival de música en apoyo de la exdiputada de la CUP. ¿Cómo llevan que uno de sus principales referentes se encuentre fuera de Catalunya y que tenga tan complicada su vuelta?

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— Muy mal. Anna Gabriel, más allá de su dimensión mediática, es un referente para la CUP desde antes de que fuéramos una fuerza política parlamentaria y cuando teníamos poca trascendencia e influencia política. Buena parte de su vida ha estado vinculada a la construcción y crecimiento de la CUP. Fue concejala y portavoz de la CUP allá por los inicios de los 2000. Además, es un referente, no sólo político, también humano. Es muy complejo tener a una compañera así en el exilio con las dificultades económicas, humanas y familiares que significa esto. Lo llevamos mal, nuestra cultura política es de trasladar lo que sentimos y lo decimos, pero también lo llevamos con orgullo. Nuestras dos compañeras han sido valientes, Mireia Boya se atrevió a ir a declarar al Tribunal Supremo sabiendo que se podía quedar en prisión y Anna Gabriel ha optado por otra opción, también muy coherente y muy dura, el exilio.

— Llama la atención la disparidad de las estrategias de Boya y Gabriel, esta semana se cumplían, por otro lado, 6 meses del encarcelamiento de Oriol Junqueras y Joaquim Forn. Más tiempo llevan Sánchez y Cuixart… ¿Ha habido una estrategia conjunta antirrepresiva? ¿Ha faltado coordinación?

— La hemos pedido siempre. Desde el primer momento hemos defendido que era legítimo que cada persona se defendiese como creyera más conveniente, pero también hemos insistido en que nos debería unir a todas las personas que defendemos el derecho a la autodeterminación una coordinación compartida. Esta coordinación no se ha dado, por desgracia. La seguiremos exigiendo

— ¿Se esperaban que la respuesta del Estado español al desafío independentista iba a ser tan contundente? ¿Ha habido una cierta ingenuidad por parte del independentismo?

Faltó claridad política en otras organizaciones independentistas que se han visto superadas por la violencia del Estado

— Por nuestra parte, la de la CUP, no. Se nos intentó ridiculizar en septiembre cuando planteamos que la respuesta del Estado podía ser muy violenta. No quisimos generar miedo en el conjunto del pueblo catalán, pero sí que quisimos trasladar nuestro análisis político sobre cómo se comportaría el Estado español: si tenía que utilizar violencia, no dudaría en usarla, tal y como vimos el 1-O.

Consideramos también que hubo poca claridad política por otras organizaciones independentistas que se han visto superadas y sorprendidas por la reacción violenta del Estado español. A nosotras no nos sorprendió porque no olvidamos lo que supuso la Transición española, con 200 muertos generados por el aparato represivo del Estado y la extrema derecha; no olvidamos lo que significó el GAL; no olvidamos que los presos políticos de la izquierda independentista y anticapitalista no han llegado en el 2017, existen desde los años 80 y 90. No utilizaremos la palabra ingenuidad para calificar a otras formaciones políticas independentistas, pero sí que nos resulta extraño el análisis político que hicieron.

— Más de siete meses después del 1-O, lejos de encontrarnos con una República Catalana independiente, nos encontramos con una autonomía intervenida por el artículo 155. ¿Midieron bien las fuerzas? ¿Han cometido errores?

— En nuestro análisis, el 1-O no fue un error, sino todo lo contrario. El 1-O ha sido el mayor acto de ruptura que ha habido contra el Régimen del 78 hasta ahora, no ha habido otro similar por participación y significación. Dicho eso, tenemos claro que no puede haber una construcción romántica e idealista del derecho de autodeterminación de Catalunya. Era necesario que se hubiese preparado el control estratégico de determinados sectores de la economía, no sólo políticamente, también socialmente. Era necesario un proceso de organización popular más extenso, no sólo se tenía que generar la ruptura desde las instituciones, también desde la creación de un contrapoder, como casi siempre se ha dado en los procesos de liberación.

Y todo esto, no es que no estuviera preparado, es que no se quiso preparar. De aquí hacemos dos análisis: el primero es que la CUP no formaba parte del Govern, eso hay que dejarlo claro; por otro lado, hacemos autocrítica, no conseguimos organizar ese contrapoder. Sí que estuvo en el 1-O con los CDR, que se organizaron para el referéndum, pero no conseguimos, el movimiento independentista, darle una continuidad necesaria en los días posteriores.

— ¿Mintió el Govern a la ciudadanía catalana? No era posible la materialización de la república, los días siguientes de la proclamación de la independencia desaparecieron… 

— No compartimos la llamada a irse de compras el día siguiente a la proclamación de la república. Lo que tocaba era ir a defender las instituciones catalanas para construir una nueva institucionalidad y lo que hubo fue un abandono de las instituciones. Podríamos tener una aplicación del 155 que hubiera ido de la mano de un ejercicio de resistencia del conjunto del pueblo catalán, eso no se dio porque hubo un abandono. Sólo un conseller se presentó el lunes donde tenía que estar. No nos informaron de eso y no lo compartimos.

— Las encuestas pronostican una caída relevante del apoyo al independentismo en Catalunya. Parece que hay dos almas, dos estrategias, dentro del independentismo. Una apuesta por una confrontación directa e inmediata con el Estado, otra por una acumulación de fuerzas a medio plazo para aumentar la base social…

La base social independentista no se va ampliar sin esa voluntad constante de ruptura

— Nuestro análisis no es que haya dos actuaciones separadas, por un lado, la ampliación de la base social, por el otro, planteamientos de microrruptura y desobediencia con el Estado. Creemos que las dos se deben dar paralelamente y conjuntamente. La base social no se va ampliar sin esa voluntad constante de ruptura. En los últimos días, hemos visto cómo el Tribunal Constitucional continúa paralizando cualquier medida progresista que el Parlament quiere poner en marcha. Hay muy poca capacidad de ampliar la base social sin microrrupturas y sin avanzar en la construcción nacional. Por otro lado, tenemos que ampliar la base social que defiende la república. Una cosa no puede ir sin la otra.

— Pero, parece que el apoyo a la estrategia independentista disminuye, según la demoscopia…

— Seguramente un sector del independentismo se ha sentido no respaldado en la visión de que se iba a avanzar nacionalmente. Se ha sumado mucha gente en los últimos meses que luego se ha desencantado al ver que no se avanza en el proceso de liberación nacional. Aún así, hay que hacer una lectura un poco más compleja del proceso de liberación nacional, y es que desde el 2010 al 2017 siempre ha tenido un proceso ascendente de suma de apoyos, ligado a un relato unionista que aseguraba, en cada momento, que esto ya se había acabado. Lo que se ha demostrado es que los partidarios de la república no han dejado de aumentar. Otra lectura: los procesos de emancipación nacional no son siempre ascendentes, tienen etapas. Después de octubre de 2017, puede que hayamos entrado en una etapa de una cierta reculada, quizás. Lo que está claro es que esto no se ha terminado, ni mucho menos.

— Hace unas semanas, los CDR copaban los principales programas de televisión y portadas de todo el Estado. En muchos casos, con informaciones tendenciosas y manipuladoras. Como causa-efecto, llegó la Fiscalía y les acusó de terrorismo. Parece que la movilización ha disminuido desde entonces. ¿Genera miedo la represión judicial que se está desarrollando?

— Seguramente en una parte del independentismo sí. Sin embargo, hay sectores a los que les da exactamente igual lo que haga el aparato del Estado, no van a cesar en sus reivindicaciones. Hace dos semanas hubo una manifestación de masas por la libertad de los presos. Evidentemente, hay otro sector del independentismo que se plantea que las movilizaciones tendrán que tener otro carácter cuando se ve la respuesta del Estado con la máxima violencia, como es un procedimiento de la Audiencia Nacional con el terrorismo como fondo. Yo creo que no se está consiguiendo parar al movimiento independentista en absoluto.

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Vidal Aragonés, diputado de la CUP. / CUP

— Tras la sentencia de ‘La Manada’, hemos visto cómo grandes sectores sociales están poniendo en tela de juicio al propio Poder Judicial. ¿Puede generar esto complicidades con el movimiento independentista en la crítica a la Justicia?

— Puede generar simpatías de sectores progresistas de cara a reaccionar ante la represión del Estado español. Es algo que exigimos a la izquierda estatal, no por simpatía con el independentismo, sino por una cuestión de empatía mínima, de derechos humanos y porque lo que hoy se aplique en Catalunya el día de mañana se podrá aplicar en el resto del Estado español.

Esto puede generar una simpatía con todas las personas que identificamos al Poder Judicial como algo sectario, tendencioso y reaccionario. Tengamos en cuenta que la Sala Penal de la Audiencia Nacional inicia su andadura el 4 de enero de 1977 y un día antes era el Tribunal de Orden Público franquista. No hubo ningún intento de democratizar el Judicial. Eso, unido a que una secta religiosa como el Opus Dei, que es calificado como secta en otros países del entorno, tiene mucha presencia, hace que la judicatura sea puramente reaccionaria. Esperamos que estos movimientos generen simpatías antirrepresivas.

En la cuestión de ‘La Manada’, más allá de la reproducción del patriarcado de una manera muy salvaje, hay otro elemento que nos preocupa mucho: no se están poniendo en cuestión otras patas represivas del Estado como las Fuerzas de Seguridad. En el caso de ‘La Manada’, entre esos violadores hay agentes y en la sentencia se protege a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Esta protección se da en otros muchos procesos. Guardias civiles, policías nacionales, soldados o mossos están teniendo absoluciones o bajas condenas cuando en otros casos no es así.

— Se ha referido a que ha echado en falta el apoyo de la izquierda española durante estos meses. ¿Ha faltado, por parte de las izquierdas independentistas, explicaciones y acercamientos a las izquierdas del resto del Estado para encontrar esas complicidades? 

Por nuestra parte, trabajaremos para buscar a la izquierda estatal y esperamos una mayor sensibilidad por la suya

— Indudablemente. Hacemos autocrítica, pero queremos destacar dos cosas. La CUP es un movimiento de corta vida en cuanto a expresión mayoritaria, pero ello no nos ha limitado a intentar estrechar lazos. Somos una organización sin ningún contenido chauvinista y no nos definimos como nacionalistas. Somos una organización independentista y republicana, pero nunca nacionalista. Es verdad que nos cuesta mucho trasladar nuestro discurso al resto de pueblos del Estado español y tenemos que hacer autocrítica.

Pero también hacemos crítica, el camino es el mismo, si alguien quiere conocer la situación de Catalunya, sólo tiene que venir. Además, todas las fuerzas de ámbito estatal tienen organización también en Catalunya. Nos hubiera encantado que Podemos hubiera escuchado lo que decía su anterior secretario general, Albano Dante Fachin, que era su máximo responsable en Catalunya, y no lo hizo. También nos habría gustado que IU hubiera escuchado a algunos compañeros de EUiA. Aún así, empezamos a ver algunas voces en IU donde se plantea que la respuesta crítica a la represión en Catalunya ha sido débil.

Esperamos que en la próxima etapa haya más trabajo por nuestra parte para ir a buscar a la izquierda estatal y que haya una mayor sensibilidad de la izquierda estatal que nos una en una idea: la posibilidad de ruptura que blinda Catalunya es ruptura contra el Régimen del 78, contra el Estado, y no contra los demás pueblos. Lo que ocurre en Catalunya se debería leer como una oportunidad constituyente. Ahora me dicen que se van a preparar consultas republicanas en Madrid, creemos que ese es el camino.

— Elsa Artady suena como presidenciable. ¿Cómo valora su perfil?

— Para la CUP, lo determinante no es la persona, sino el programa. Hasta ahora ni JxCat ni ERC han puesto sobre la mesa un programa de construcción republicana ni de revertir los recortes sociales para nuestro pueblo. Por lo tanto, nuestro planteamiento político es mantener nuestras cuatro abstenciones.

— En la investidura de Turull advirtieron de que la CUP pasaba a la oposición y daba el procés por muerto.

— Siempre hemos estado en la oposición, nunca en el Govern.

— Pero apoyan unos presupuestos de JxSí que eran no muy de izquierdas…

— Y más. Hemos apoyado una investidura, la de Puigdemont, pero para echar a Mas; apoyamos unos presupuestos que, como los del tripartito del 2010, eran antisociales, sí. Pero apoyamos los presupuestos para que se celebrara el referéndum. No queríamos permitir que nadie dijera que no se hacía el referéndum porque la CUP no había apoyado los presupuestos. En la investidura de Jordi Turull, lo que queríamos decir es que pasábamos a realizar una labor más contundente de oposición. No queremos ocultar que hemos coincidido en algunos momentos, tácticamente, con JxSí, en todo lo que significaba avanzar nacionalmente. Como ahora parece que no se da esa coincidencia, seremos una oposición contundente. Hace unos días, la CUP fue la única fuerza que votó ‘no’ a la prorrogación de la financiación mediante la línea de Montoro, el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA).

— Usted fue candidato en el 2015 a la Alcaldía de Cornellà por la candidatura Cornellà en Comú-Crida per Cornellà, una suerte de alianza entre comunes y la CUP. ¿Sigue considerando al espacio de los comunes como compañero de viaje?

Seguimos interpelando a los comunes para encontrarnos en proyectos comunes de ruptura

— En algunos momentos hemos entendido a los comunes como compañeros de viaje y en otros no hemos entendido sus actuaciones. Un ejemplo es que si hace unas semanas los comunes hubieran sido una fuerza anticapitalista, habrían votado en contra de las normas presupuestarias de Montoro, del FLA, se abstuvieron. Otro ejemplo es cuando vimos a algunos de sus diputados enseñando el voto en el famoso pleno de la independencia. Esa actitud permitía identificar cuáles eran los votos de otros diputados y facilitar la represión del Estado. Todavía hay alguna diputada en el grupo actual de los comunes que hizo esto. Esto nos genera desconfianza. También desconfiamos cuando los procesos de remunicipalización y de ruptura no se dan, pero no sólo es una desconfianza nuestra, que le pregunten a Sánchez-Mato en Madrid. Sin embargo, seguimos interpelándoles para encontrarnos en proyectos comunes de ruptura y para generar políticas sociales en líneas clásicas de la izquierda. Para eso, nos van a encontrar.

— ¿Cree que se deberían buscar acercamientos entre los espectros políticos de la CUP y los comunes de cara a las elecciones municipales del próximo año?

— No nos preocupa tanto la suma en candidaturas, sino los acuerdos políticos a los que podamos llegar para generar ayuntamientos de ruptura, desde un punto de vista social, y de construcción republicana, en un punto de vista nacional. Pero si hay municipios en los que se pueden dar candidaturas conjuntas, si se llegan a acuerdos desde abajo, genial, adelante.

— Los movimientos sociales de Barcelona llevaron una iniciativa, tras recoger miles de firmas, para que se hiciera un referéndum en la ciudad sobre la remunicipalización del agua. La CUP votó en contra…

— Sin conocer la realidad de Barcelona, creo que a nadie le puede caber la mínima duda de que la CUP está por la remunicipalización. En segundo lugar, es una votación que desde el punto de vista de la legalidad no se puede realizar.

— ¿Legalidad?

— No quiero decir que defendamos la legalidad ordinaria, pero nos encontramos ante una votación que no sabemos qué sentido tiene y, sobre todo, que, más allá de que hubiera o no referéndum, queríamos iniciar ya el proceso de remunicipalización. Por supuesto, todo el respeto a los movimientos sociales que creían que había que hacer esa consulta previa y al trabajo que han hecho durante años en Barcelona, pero nuestras compañeras creían que ya había la correlación de fuerzas suficiente para iniciar el proceso de remunicipalización. Aún así, recomiendo la lectura de todas las declaraciones de autocrítica que han hecho nuestras compañeras de la CUP de Barcelona sobre ese voto, no es normal ver a una formación política realizar autocrítica.