Endometriosis, cuando el dolor femenino cuenta menos

  • Se estima que un 10% de mujeres tiene esta enfermedad
  • Es una patología cada vez más conocida, pero muchas de estas pacientes (aún hoy) han crecido oyendo que el “dolor de regla es normal”

“Es probable que el médico te diga que tú estás somatizando algún problema, personal o psicológico, pero no médico”. Carmen Varela, miembro de la asociación querENDO, explica así lo que se han encontrado en sus primeras consultas algunas mujeres a las que se les ha acabado diagnosticando endometriosis, una enfermedad que consiste en que el tejido del útero crece fuera. Es una patología cada vez más conocida, pero muchas de estas pacientes (aún hoy) han crecido oyendo que el “dolor de regla es normal”. Por eso, les cuesta acudir al médico cuando tienen molestias y solo llegan a la consulta cuando los pinchazos se hacen insoportables. Algunas veces, al otro lado solo encuentran recetas de analgésicos. Se estima que un 10% de mujeres tiene esta enfermedad.

Por eso, las asociaciones de afectadas por endometriosis se organizan para dar a conocer esta afección. Muchas veces tienen la sensación de que el dolor femenino es menospreciado por una medicina con poca visión de género y por una educación que enseña a las mujeres a aguantar. Ni las pacientes reconocen la anomalía en las molestias, ni los médicos suelen buscar esta enfermedad en el primer diagnóstico. «La desinformación es la primera culpable de que a día de hoy tengamos un retraso en el diagnóstico de ocho años de media. Otras mujeres están 12, 14 o 16 años con dolores”, explica Varela.

A veces los síntomas son genéricos, como los dolores en el abdomen o el cansancio. A estas señales se une el silencio en algunos temas: “ La endrometriosis puede ir acompañada de dolor en las relaciones sexuales, pero es otro gran tabú. Las mujeres llegan a las consultas y no lo dicen. Hay un sentimiento de culpabilidad, piensan que son frígidas o tienen un problema de otro tipo», asegura Varela, que cree que es urgente trazar estrategias para detectar esta enfermedad a tiempo, hablando a las más jóvenes de la regla y la endometriosis en las escuelas.

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Aumenta la concienciación

Alicia Hernández, coordinadora de la Unidad de Endometriosis del Hospital La Paz de Madrid, tiene una visión distinta. Cree que sí hay tabús en algunos temas, pero no una subestimación de las patologías femeninas. “Los síntomas de la endometriosis son poco específicos, pero haciendo un buen interrogatorio y con una buena anamnesis se puede sospechar”; explica sobre cómo detectarlo en la atención primaria. Reconoce que hay “cierto estigma social” con la regla, pero en el caso de esta enfermedad, se tiene que sospechar cuando “el dolor no cede con los tratamientos médicos habituales”.

La doctora cree que ha habido un avance importante y que los profesionales cada vez están más concienciados con este problema: “Si una paciente llega diciendo que tiene síntomas que le impiden hacer su vida diaria, como un dolor que le incapacita para ir al colegio, el médico va a sospechar”, explica. La doctora alega que hay tratamientos farmacológicos que permiten tratar el dolor y que la cirugía se utiliza para casos más graves. En ningún caso, quedarse embarazada alivia nada.

¿Una medicina con poca perspectiva de género?

La medicina es androcéntrica. Solo saltan las alarmas con la endrometriosis cuando se cruza la faceta reproduciva. Solo se nos tiene en cuenta para concebir”, se queja Lucía Torres, de EndoMadrid sobre lo poco que ha importado tradicionalmente la aflicción femenina. En el Génesis de la Biblia, Dios ya condena a Eva, la primera mujer, a parir con dolor. Es el castigo al pecado original por morder la manzana. “Normalizamos el dolor y seguimos escondiendo los productos higiénicos que usamos”, ejemplifica.

En los últimos años, los esfuerzos de las asociaciones de mujeres han hecho que cada vez se hable más de la endometriosis, pero cuando Lucía comenzó a tener los primeros síntomas con 18 años, ella ni siquiera conocía esa palabra. Su madre, que trabajaba en el ámbito sanitario, tampoco. Pasaron ocho años más hasta que una médico la “escuchó”, la “palpó” el cuerpo y la hizo una ecografía donde aparecieron unos quistes. “Me dijo que tenía endometriosis y que si me quería quedar embarazada volviera y mientras, que me tomara la píldora”, relata.

A los dos años empeoraron los síntomas. Los quistes habían crecido hasta los 8 centímetros y tuvieron que operarla de urgencia sin asegurarle que pudieran salvar los órganos reproductores. Lo lograron, pero  ahora está envuelta en un proceso de criopreservación de óvulos ante la inseguridad que le ha producido el proceso, en un intento de sentirse “más tranquila”. 

Lucía cree que el hecho de que sea una enfermedad puramente femenina tiene mucho que ver con que aún no se hagan pruebas específicas para esta enfermedad. «Las mujeres se quejan menos del dolor y acuden menos a las consultas médicas”, explica. La otra cara de esa “normalización del dolor” es que se penaliza socialmente a quien no lo aguanta. “No estamos protegidas ni social ni laboralmente. Ninguna mujer se atreve a ir todos los meses al médico por esto”, argumenta sobre la desconfianza que genera que una trabajadora falte a su puesto por dolores generados por la menstruación.

Esta paciente también dispara contra los libros y los artículos que aseguran que “una mente sana y contenta ayuda a que la percepción del dolor sea más baja” porque acaban provocando una  responsabilización hacia las mujeres que no pueden aguantarlo. Están hartas de oír que “son unas exageradas” o “unas flojas”, por eso, cada año realizan una marcha el mes de marzo. Ya no están dispuestas a que nadie las silencie. Por eso, ya hay cita para la próxima EndoMarch, se celebrará el 30 de marzo de 2019.