Manolo Monereo: “Hay que hacer una catarsis en Podemos, un nuevo comienzo”

  • Entrevista al diputado de Unidos Podemos
  • Monereo rompe su silencio para anunciar que no participó en el Consejo Ciudadano de la semana pasada porque había dimitido previamente del órgano por discrepancias con su funcionamiento

Podemos vive unos momentos de recomposición interna, tras el anuncio de Íñigo Errejón el pasado 17 de enero de que será el candidato a las elecciones autonómicas por Más Madrid, en vez de por la formación morada. Este movimiento ha hecho tambalearse el espacio del cambio que, por un lado, busca definir cómo concurrirá a las elecciones autonómicas y municipales de mayo en Madrid y, por otro, está viviendo movimientos internos en el seno de la formación morada, y de las izquierdas en general, a nivel estatal.

El diputado de Unidos Podemos y colaborador de este medio, Manolo Monereo (Jaén, 1950), se ha mantenido al margen durante este tiempo convulso en el que muchas personas de relevancia en la actualidad e historia de Podemos han tomado la palabra. Mediante esta entrevista, decide romper el silencio para anunciar que no participó en el Consejo Ciudadano de la semana pasada porque había dimitido previamente del órgano por discrepancias con su funcionamiento.

Monereo se muestra preocupado, pero también propositivo, por el futuro del espacio del cambio. «No hay pesimismo», reconoce en varias ocasiones en la charla previa y posterior a la entrevista. Muy crítico con el Gobierno de Pedro Sánchez, apuesta por una refundación del espacio político que representa Unidos Podemos. Todo esto lo detalla en sus respuestas.

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—  La semana pasada no asistió al Consejo Ciudadano Estatal (CCE) que se celebró para dirimir sobre cómo solucionar la crisis abierta en Podemos en la Comunidad de Madrid.

«Podemos tiene un estilo de trabajo que no está a la altura de sus retos»

— No asistí porque hace meses que dimití. Dimití porque sabía que los malos métodos y formas de organizar los debates tienen siempre consecuencias. En mi vida política he aprendido una cosa, las crisis reales son causadas, más que por la ideología o por el programa, por los métodos y estilos de trabajo del partido. Podemos tiene un estilo de trabajo que no está a la altura de los retos que tiene. Por decirlo en claro, en Vistalegre II teníamos que acabar con las facciones, no que una se coma a todas las demás. Eso se consigue generando organicidad, creando instituciones con debate político y reglas claras para el mismo, profundizando en el debate. Ese método no es el que se está empleando en Podemos y tiene consecuencias.

Pongo un ejemplo. En general, el CCE se reúne y el secretario general hace un análisis político brillante, habla el tiempo que considera necesario y luego nos dan tres minutos al resto para intervenir. Nunca se sabe qué hemos aprobado, es como si fuéramos una ONG donde el director hace un buen análisis de lo que pasa, pero luego no hay acta, documentos ni resoluciones políticas. Es un debate que no genera compromisos. Se va degradando el funcionamiento del órgano y no se debate de política.

De política se debate en las facciones y en los medios de comunicación. No hay una deliberación democrática de la cual surjan consensos y disensos, mayorías y minorías. No se vota. Eso ha degradado la vida de la organización. Yo me fui de la dirección de Podemos por eso, creo que no hemos aprendido la lección de que muchas de las crisis son objeto de los métodos de trabajo.

— ¿Fue alguna crisis concreta interna la que le llevó a tomar esta decisión?

— Llevo tiempo diciendo que este método de trabajo tiene que terminar, que tenemos que llegar a la reunión con un documento previo que tengan los miembros del consejo con antelación, para introducir el debate y discutir colectivamente. Me cansa defender lo evidente, Bertolt Brecht decía: «Malos son los tiempos en los que uno tiene que defender lo evidente».

— ¿En qué situación queda Podemos tras Errejón?

«Con las primarias, se da el mensaje de que no se cuenta con las otras familias»

— La situación que hoy vivimos tiene unas causas coyunturales y otras de fondo. A mi juicio, el problema que tenemos por delante tiene una causa inmediata, las primarias a las generales. De golpe y porrazo se hacen unas primarias, a las que decido no presentarme. El secretario general presenta su lista, no pasa por el Consejo, una lista monocolor, donde las otras dos facciones no están representadas. Eso se hace en un momento en el que no hay elecciones convocadas por delante. El mensaje que se da es que no se cuenta con las otras familia y que estas no van a contar con ningún papel en la organización. Una situación muy complicada, quedan fuera las otras dos tendencias pero también muchas federaciones que no han sido consultadas por la dirección estatal. Se ha creado una crisis de gobernabilidad. En ese contexto aparece la salida de Errejón. Con todas las dificultades que eso tiene.

Hay causas más de fondo, para mí, una mala valoración de los resultados de Andalucía. Voy a explicar mi visión, que ya la hice pública en la reunión del Rumbo 2020, el llamado gobierno en la sombra, que se reunió el 17 de diciembre. Hay cuestiones que quedan profundamente alteradas tras las elecciones andaluzas: la excepción española y la opción del cambio político.

—  ¿En qué sentido?

—  La excepción española se basaba en que había habido un gran movimiento que nos había inmunizado del fascismo, el 15M, y la aparición de una gran fuerza alternativa, Podemos, así como que había un partido socialista que estaba desapareciendo en Europa pero que aquí conservaba fuerza. En Andalucía se cuestiona todo eso, se cuestiona la excepción española. Un amigo italiano me escribió: «Ya sois europeos».

Aparece Vox, pero también el bloqueo del cambio. Mucha gente en Andalucía ha reflejado la sensación de que la ocasión ya pasó, ya pasó el cambio, que el cambio no vendrá, que era más difícil de lo que se pensaba. Ha entrado el pesimismo, la desmovilización y despolitización. Por un lado, emerge un viento europeo, una fuerza de extrema derecha. Y aparece la posibilidad de una nueva CEDA que es capaz de ganar la autonomía andaluza. Por otro lado, hay una desmovilización muy grande en la izquierda, en el PSOE, algo normal por lo que significa Susana Día, pero no fuimos capaces de aparecer como una alternativa. Los vientos de desmoralización también nos tocaron.

Luego hay otro fenómeno más que no se ha discutido bien, en Andalucía se demuestra que el PSOE y Unidos Podemos no somos capaces de tener una mayoría frente a las derechas. A mi juicio, tiene mucha importancia política reflexionar sobre esto. Tengo el convencimiento de que la única fuerza política que es capaz de ganar a las derechas es lo que significa Unidos Podemos. Para eso, Unidos Podemos tiene que conservar su fuerza actual y ganar más votos. Es decir, si Unidos Podemos acaba en un proceso en el que lo que perdemos se lo lleva el PSOE, aún así las derechas ganarán.

Tenemos la necesidad de un Unidos Podemos con un proyecto propio, nítido y diferenciado. Si entramos en un proceso de subalternidad con el PSOE, este se llevará parte de nuestros votos y la suma no nos dará para ganar a las derechas. Tenemos que acentuar la diferenciación y autonomía con respecto al PSOE, que la gente sepa identificar qué somos. Esa reflexión, a mi juicio, ha faltado en Unidos Podemos y nos lleva a una situación de fragmentación, una idea de que ya fuimos y no seremos en el futuro. Creo que no hay razones para eso y tenemos que superar el pesimismo que invade a buena parte de nuestra base social, militante e, incluso, dirigente.

—  Hablaba de que no participó en esas primarias de Podemos para las próximas elecciones generales. Mucha gente que forma parte del grupo parlamentario de Unidos Podemos no participó o no fue incluida en las primarias. ¿Influye esto en el grupo parlamentario?

— Veo al grupo parlamentario con muchas ganas de hacer cosas, jugando un papel muy importante, pero con mucha indefinición. Los meses que nos quedan van a ser duros para este proyecto que acabo de definir. Hay que hacer un gran esfuerzo para cohesionar el trabajo que nos queda por hacer, vayan a ser o no futuros diputados. Hay algunos, supongo, que se lo tomarán como yo, como una liberación, y otros que querrían continuar. La clave es que las divisiones que haya no afecten. Somos muy importantes, el grupo confederal ha hecho un trabajo serio e importante y hemos tenido la capacidad de escuchar a esos cinco millones de votantes. Lo que estamos haciendo es muy grande e importante de cara al futuro.

— ¿Cómo valora el nuevo proyecto de Íñigo Errejón, Más Madrid?

«Mi posición política es muy diferente a la de Errejón»

— Mi posición política es muy diferente a la de Errejón, evidentemente. Creo que si hay futuro es desde Unidos Podemos, hablo de futuro y de proyecto, lo de los nombres me da igual. Creo que la construcción es sumar, no dividir, hay que apostar por la unidad, una unidad amplia, donde quepa todo el mundo, pero que tenga un programa de transformación claro y diáfano, en esto soy un anguitista-leninista.

Podemos está entrando en una etapa de malas noticias, de divisiones sucesivas, de fragmentación, de desmoralización… Hay que hacer un gran esfuerzo para impedir que esta etapa se convierta en una transición hacia la nada. Hay que tomar iniciativas políticas fuertes y poderosas, por eso hablo de catarsis. Hay que hacer una catarsis en Podemos e iniciar un nuevo comienzo, con ideas imaginativas, como siempre ha tenido Unidos Podemos.

— ¿Alguna aportación? ¿Algunas «ideas imaginativas»?

«Tenemos que plantear una nueva formación política»

— Ya lo he explicado otras veces. Creo que tenemos que ir hacia una especie de conferencia política donde hagamos un diagnóstico del país en serio, de este país y de este momento. Hemos venido trabajando con distintas hipótesis, una de ellas era que el cambio no se había cerrado y que seguía teniendo posibilidades. Hay que discutir esto a fondo. En segundo lugar, una estrategia, una hoja de ruta. Este es el país que hay, ¿cómo somos capaces de cambiarlo y suponer una alternativa? Como implica la catarsis, hay que dejar a un lado las crisis, hacer autocrítica a partir de los problemas que hay y buscar alternativas. Una conferencia política con 2.000 o 3.000 personas, un buen informe y discutir sobre él.

Creo que, en segundo lugar, esa conferencia política debería abrir unos estados generales de la alternativa, de la ciudadanía. Crear un proyecto alternativo de país. Situar un decálogo de ideas fuerza y que sepa todo el mundo qué proyecto queremos. Esto no hay que cerrarlo mañana, sí antes de las generales, pero no de las municipales y autonómicas. En una segunda asamblea, más adelante, deberíamos aprobar ese decálogo que sería nuestro programa electoral para las generales, nuestro manifiesto electoral. Estoy hablando de movilización, de generar esperanza e ilusión.

Para mí, la tercera cuestión es la más complicada. Definir qué estrategia de unidad popular vamos a tener. Es increíble que se hable de unidad electoral sin mecanismos de autorganización desde abajo. Necesitamos comités de unidad popular a todos los niveles de la sociedad. Si pensamos construir una alternativa solo electoral, hemos perdido, hace falta que la unidad llegue abajo. Había miles de personas que llenaban nuestros círculos y ya no están. Esa gente se está despolitizando y se irá o a la abstención, o al PSOE o, lo que es peor, a Vox. Hay que volver a politizar a la sociedad.

Otra cosa más difícil, tenemos que plantear una nueva formación política a partir de Unidos Podemos, sumando. Unidos Podemos es un grupo parlamentario, no tiene traslación en provincias. Vaya dificultad vamos a tener ahora de cara a las municipales y autonómicas. Córdoba, León, Soria… Si queremos ir como Unidos Podemos, tendremos que organizarnos. Hay que sacar listas en muchos pueblos, eso es muy difícil. Estas son mis ideas, hay que superar el pesimismo.

— ¿Cómo valora la actual situación política? ¿Ve fuerte al Gobierno de Sánchez? ¿Aguanta?

«Tenemos un problema muy serio con el PSOE»

— Estamos aguantando a este Gobierno, en la doble acepción de aguantar. Tenemos que llevarlo en peso y, también, callarnos hasta límites increíbles. Iglesias lo dice con mucha claridad, el bloque de la moción de censura. Yo creo que tendría que haberse creado en el Congreso una comisión de enlace entre las fuerzas de la moción de censura para llevar el programa que, de alguna manera, llegó al Gobierno tras la moción de censura. Esto no se hace, Sánchez negocia con cada una de las fuerzas políticas y nos encontramos con la dificultad de un Gobierno timorato que quiere contentar a todo el mundo y no enfrentarse a los poderes fácticos del país.

Es algo fatigante, una lucha permanente para que el PSOE cumpla lo que ha prometido. Tenemos que tirar de él con una fuerza gigantesca, no es capaz de salir de tres elementos que le asustan: no molestar a los poderes económicos, su alineamiento con Estados Unidos y su alineamiento con Bruselas. Yo digo que el PSOE es uno y trino.

¿Cómo compaginar el sostener a un Gobierno que está defendiendo un golpe de Estado en Venezuela? Lo estamos sosteniendo nosotros, como gente de izquierdas y demócratas eso es muy duro. El domingo, El País contaba cómo Estados Unidos lleva años preparando lo de Venezuela, que Donald Trump lo acelera, que la dimisión del secretario de Estado tuvo que ver con la aceleración de los ritmos del golpe, que Bolton lleva meses trabajando para derribar este gobierno…

No solo hablo de Venezuela, también de los criterios que impone Bruselas. Tenemos un gobierno al que le preocupa más quedar bien con Bruselas que las clases trabajadoras del Estado. Tenemos un Gobierno muy débil y creo que esa debilidad es porque no cuenta con nosotros, esa es la paradoja. No es capaz de asumir que tiene 85 diputados y que sería más fuerte si cumpliera lo que dice y se convirtiera en el eje de una mayoría que cambia el país. Tenemos un problema muy serio con el PSOE. Si ahora hacen lo que hacen, puede ser que esperen un Unidos Podemos más pequeño para volver al principio, para pactar con Ciudadanos. Tenemos que actuar con mucha eficacia.