Conducta intolerable

  • ¿Alguien puede dar doctrina periodística desde el repulsivo púlpito de Telecinco?

En la última edición de Gran Hermano, el programa-basura estrella de Telecinco, han expulsado a un concursante por lo que han denominado “conducta intolerable” con su expareja. Para que los telespectadores no tuviesen dudas sobre lo que es considerado “conducta intolerable” por tan respetable televisión, la cadena que vive de emitir a todas horas conductas intolerables recuperó los vídeos del suceso y los emitió en prime time. Intentaré resumírselos de la manera más breve: el concursante acosa a la concursante. ¿Quién hubiera imaginado que pudiese pasar algo así en un programa de la solidez moral, la honestidad ética y el compromiso intelectual de “Gran Hermano”?

Sueltas en una casa cerrada a cal y canto, en la que has instalado decenas de cámaras, a un puñado parejas (algunas vigentes, otras ex) de famosetes conflictivos de medio pelo, y a los pocos días de encierro (emitido en directo) te llevas las manos a la cabeza por un caso de “conducta intolerable”. El tipo de conducta que sabes genera audiencia, y que por tanto buscas conseguir cuando diseñas el programa, cuando eliges a los protagonistas del mismo, cuando manejas los hilos para crear conflictos, para alentar malos modos, para exigir griterío, para procurar que se insulten y falten al respeto.

La hipocresía llevada a extremos inauditos. Eso significa que Telecinco, la televisión con una conducta habitualmente intolerable (vea su programación), expulse a un concursante (sin duda impresentable) de su programa-basura bandera. Para inmediatamente después, el negocio es el negocio, seguir rentabilizándolo como tertuliano.

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Como tertuliano, por cierto, de unos debates en los que se llevan las manos a la cabeza cuando un periodista de la competencia (Jordi Évole) entrevista a Nicolás Maduro. “Intolerable”, insisten, que una televisión (La Sexta) de voz “a un dictador”. ¿Alguien puede dar doctrina periodística desde el repulsivo púlpito de Telecinco? ¿Desde cuándo los dictadores no tienen cosas que decir, carecen de interés informativo? ¿Acaso solo debemos entrevistar “a los nuestros”?