Maduro, sin filtros

  • El mismo Jordi Évole fue recriminado públicamente por el mero hecho de entrevistar al presidente venezolano. ¿Por qué había tanto miedo de escuchar a Maduro sin filtros?

David Comas

En el sentido común general, es sobradamente aceptado que para conocer la verdad y formarse un juicio es necesario escuchar, observar y analizar. Con Nicolás Maduro en particular y Venezuela en general este principio racional no sólo no se aplica, sino que se descarta y es considerado casi un pecado. El mismo Jordi Évole fue recriminado públicamente por el mero hecho de entrevistar al presidente venezolano. ¿Por qué había tanto miedo de escuchar a Maduro sin filtros?

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Este domingo 3 de febrero pudimos ver al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, sentarse frente al periodista catalán y las cámaras de Salvados. Enfrentó una entrevista dura y exigente, de las que están obligados a hacer los buenos periodistas. Protagonizó un ejercicio de transparencia ejemplar, de rendición de cuentas ante la población de un país hermano como España. Lo hizo, recordemos, en medio de una crisis política de dimensiones nacional e internacional, escenificando una exposición pública con pocos precedentes entre presidentes que hayan estado en situaciones similares a la suya.

Como siempre que podemos ver a Maduro sin filtros, quebraron los prejuicios y se cayó el muñeco de paja. Ya ocurrió en 2017, dónde muchas personas se sorprendieron de la capacidad del presidente caribeño para enfrentar temas profundamente delicados. La noche de este domingo, un Nicolás Maduro que ha atesorado un año y medio de intensa experiencia política, volvió a ofrecernos una entrevista de gran calidad.

Alejado de la construcción a la que estamos acostumbrados, la entrevista nos presentó a una persona razonable, analítica, pausada, autocrítica y tremendamente cercana. Un Nicolás Maduro tranquilo, reflexivo e incluso bromista. Duro con Pedro Sánchez, firme en sus convicciones soberanas y con una visión interesante sobre las transformaciones que está experimentando el mundo en este siglo XXI. Un político de altura, cómodo frente a la prensa en una coyuntura adversa. Tan cómodo que incluso había perdido la noción del tiempo cuando Jorge Rodríguez, el ministro de Comunicación e Información, advirtió que habían sobrepasado la hora acordada.

presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mientras da un discurso frente a simpatizantes este miércoles a las puertas del palacio presidencial de Miraflores, en Caracas (Venezuela).
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mientras da un discurso frente a simpatizantes este miércoles a las puertas del palacio presidencial de Miraflores, en Caracas (Venezuela). / EFE
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Se puede estar o no de acuerdo con él. Se puede discrepar de algunas de las cuestiones que plantea y, posiblemente, haya errado en muchas de sus tareas. Es el estado normal de la política: la discrepancia, la confrontación de opiniones y la divergencia de criterios. En algunos ámbitos, como la cuestión migratoria, se echó en falta cierta dosis de autocrítica para enfrentar el problema. Sin embargo, no se puede negar que es un hombre cuerdo, con argumentos de peso y dispuesto a encontrar una salida pacífica y dialogada a la situación que atraviesa su país.

Muchos querían negarle la palabra a Nicolás Maduro y condenarle antes de escucharle, pero él habló. Es posible que no haya convencido a demasiada gente en España, pero sí haya permitido que algunos cuestionen si el “demonio rojo” es tan siniestro como lo pintan. No desaparecerá el odio inoculado por quienes tienen intereses millonarios en el país o el desprecio a su figura por quienes no pueden aceptar que un conductor de autobuses haya llegado a presidente. Pero tal vez, sí es posible que avancemos en desactivar lo que el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, definió como la “demonización de la otra parte”.

¿Facilitará esto que la opinión pública española explore la implicación de nuestro gobierno en vías pacíficas para resolver el conflicto político y social en Venezuela?

Actualmente, tenemos a un lado a los EEUU de Donald Trump incendiando, empujando a la guerra y azuzando el enfrentamiento civil en el país, arrastrando tras de si a gran parte de sus socios occidentales y reaccionarios en la región. Enfrente, una iniciativa de diálogo y reencuentro, pregonada por países como México, Uruguay y el secretario general de la ONU.

Que Nicolás Maduro hable con toda España en una entrevista, sin filtros, es una oportunidad y un gesto. Una oportunidad para escuchar directamente “a la otra parte”. Un gesto al pueblo español para hacerle partícipe del cuidado de la paz en la región. ¿Será capaz la política exterior española de recoger este gesto y alinearse con el diálogo para evitar un conflicto? El reconocimiento del gobierno de Pedro Sánchez de Guaidó parece nadar en la dirección opuesta.

Las próximas decisiones escrutarán si España se pone a la altura en sus relaciones con un país al que nos unen fuertes vínculos económicos, históricos y culturales. De momento, Maduro ya ha dado la cara y, en política, eso es un bien escaso.

David Comas es analista político, Podemos Comunidad de Madrid.