Vacaciones en Paz: 40 años recibiendo a niños saharauis cada verano como “símbolo político”

  • El PCE, de la mano de Marcos Ana, organizó un primer viaje en septiembre de 1979
  • El objetivo principal, antes y ahora, es visibilizar la causa saharaui en nuestro país
  • Desde entonces, más de 100.000 niños y niñas han pasado por España y han podido recibir atención médica

2 de septiembre de 1979. Aeropuerto de Barajas. 100 niños y niñas saharauis, acompañados por varios monitores jóvenes, se bajan de un avión. Han llegado desde Tindouf, Argelia. Los esperan, entre otros, el secretario general del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, el expreso político Marcos Ana o el histórico dirigente de CCOO Marcelino Camacho. Es el origen del programa solidario conocido en la actualidad como Vacaciones en Paz. Han pasado 40 años. El conflicto del Sahara Occidental sigue sin solucionarse y cada verano los niños y niñas saharauis siguen visitando nuestro país.

La imagen se repite año tras año. En 1979 fueron sólo 100 pero luego fueron miles. El programa de acogida es relativamente conocido en la sociedad española. Pero quizás menos gente conozca su origen. Está en el PCE, con el empeño personal de Marcos Ana, por aquel entonces secretario de relaciones internacionales del partido, legalizado dos años antes. El periódico oficial comunista, Mundo Obrero, dio buena cobertura al acontecimiento. “Multitudinario recibimiento a los niños saharauis”, tituló el periódico. “Tras cuatro meses de preparativos, la idea de invitar a un grupo de niños saharauis a pasar unas vacaciones en España, planteada en la reunión del Comité Central en Córdoba, se ha hecho realidad (…) Banderas comunistas, saharauis y españolas, claveles y gritos de Polisario vencerá recibieron a los pequeños huéspedes, que sorprendidos y emocionados contestaron con gritos en su idioma natal”, añadía en los destacados.

Cuatro años antes, con un Franco agonizante, el rey de Marruecos, Hassan II, organizó la Marcha Verde, mandando sus tropas hacia el territorio de la antigua colonia española del Sahara Occidental. España abandonó el territorio y se inició una guerra entre el Frente Polisario, representante del pueblo saharaui, y las tropas marroquíes, que posteriormente serían apoyadas por Francia y EE.UU. Miles de saharauis iniciaron un éxodo hacia territorio argelino. Este país les cedió una zona en los alrededores de Tindouf. Un trozo inhóspito de este planeta. La “hammada”, el infierno. Allí comenzaron a montar unos campamentos de población refugiada donde aún permanecen.

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El PCE, muy activo en aquellos momentos, abrazó la causa. Marcos Ana fue el principal impulsor. Tal y como él mismo lo recordó en cuartopoder.es en una entrevista realizada en 2015, un año antes de su fallecimiento, Ana visitó los campamentos saharauis y se comprometió ante Mohammed Abdelaziz, el presidente saharaui también fallecido en 2016, a que todos los veranos vendrían niños saharauis a España para que salieran unos meses de allí y evitarles que sufrieran las durezas del desierto estival.

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Entrega de claveles a los niños saharauis nada más llegar al aeropuerto de Barajas el 2 de septiembre de 1979. / Diego Navarro

“En realidad no ha sido nada difícil que se nos ocurriera. En los años de la dictadura hemos estado sacando cientos de niños españoles, hijos de represaliados, desde París a campamentos de Europa donde tuvieron la ocasión de conocer la solidaridad de otros niños”, apuntó Ana a Mundo Obrero en su momento. “Hemos elegido a niños saharauis y no a otros porque tenemos una deuda con su pueblo. Y para aprovechar que este año ha sido declarado Año Internacional del Niño para colocar a flor de piel aquí en España el problema saharaui”, seguía.

Para Ana, la acogida popular fue extraordinaria. “Ha demostrado la sensibilidad que tiene nuestro pueblo hacia los problemas del Sahara. Esta iniciativa no es meramente humanitaria sino que nosotros la valoramos en su aspecto político”, proseguía el expreso político. “No se trata sólo de que estos cien niños conozcan nuestros paisajes y descansen con nuestros hijos. Se trata de que sean un testimonio vivo, emocional, de la lucha que un pueblo mantiene por su libertad. Son algo más que unos invitados. Son un símbolo político”, finalizaba.

De asamblea en asamblea

No es fácil encontrar testimonios de primera mano de aquella experiencia. Carlos de la Mota, militante del PCE y activista por la causa saharaui estuvo en Barajas. “Los militantes del PCE se volcaron con todo el proyecto. Entendimos perfectamente la necesidad de que se visualizara la situación por la que estaba pasando el pueblo saharaui. Que se hubiera cometido esa tropelía, nos parecía una injusticia”, recuerda a cuartopoder.es. De La Mota destaca un acto multitudinario en el antiguo cine Europa, en la calle Bravo Murillo de Madrid.

Además, durante los primeros días fueron yendo a todas las agrupaciones comunistas de Madrid para que la militancia conociera de primera mano la situación de estos “embajadores” del pueblo saharaui. “Fue una experiencia brutal. Para muchos militantes nos sirvió para engancharnos a la causa”, afirma. Desde entonces, De La Mota ha acogido hasta a 8 niños o niñas diferentes y es presidente de las asociaciones solidarias de Móstoles y Alcorcón.

Hay que destacar que ese primer año y algunos sucesivos, los saharauis se quedaban en albergues o campamentos. Todavía no habían entrado en juego las tan importantes familias de acogida. Además, el nombre actual de “Vacaciones en Paz” no llegaría hasta 1992.

“Para mí, Marcos Ana ha sido un referente siempre. Mostraba una solidaridad muy activa con la causa”. Son las palabras a este medio de otra de las personas que estuvieron presentes aquel día de 1979 es el histórico activista por la causa saharaui Pepe Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara (CEAS-Sahara). Según su recuerdo, la primera residencia donde se les alojó fue un palacete situado en Tres Cantos, colindante al Monte de El Pardo. Una descripción que coincide con el Palacio Valdés, que el año pasado volvió a estar de actualidad porque el Ayuntamiento de Madrid lo propuso también para acoger a personas refugiadas.

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Un grupo de saharauis en el Parque de atracciones de Madrid durante su visita en 1979. / Diego Navarro

Los 100 visitantes pudieron además salir a la montaña o disfrutar en el Parque de Atracciones madrileño. Taboada destaca que “llegaron muy deteriorados”. Eran los comienzos de los campamentos de refugiados saharauis, las condiciones eran mucho más difíciles que ahora. “Antes ya les habíamos mandado medicamentos, ropa y comida. Teníamos hasta un puente aéreo a través de los aviones argelinos. Era una época de pura subsistencia después de los miles de muertos que hubo en la guerra. Ahora vienen con problemas de salud pero hace 40 años mucho más”, resume Taboada. Ya en 1979 uno de los principales objetivos de este viaje, más allá de la visibilización de la causa, era pasar un exhaustivo reconocimiento médico.

Tras pasar unos días por Madrid, los saharauis fueron repartidos en varias comunidades como Valencia, Cataluña o Andalucía. Bachir Hadad, saharaui que reside actualmente en nuestro país, era el coordinador el grupo, junto a otros 6 monitores. Él acompañó al grupo de 40 hacia Cataluña. Concretamente a Arenys de Mar. "Hicimos muchas actividades, nos llevaron por todas partes. Para la gente del pueblo fue un acontecimiento muy importante. Recibimos mucho cariño y apoyo", recuerda. En ese caso, la visita la gestionó el PSUC, que los llevó a su sede y varios ayuntamientos. "En cada actividad la cuestión del pueblo saharaui estaba en el orden del día", afirma. Al volver a Madrid, Hadad recuerda una entrevista en TVE con un grupo de niños.

De aquellas fechas se acuerda también Miguel Castro, militante del PCE entonces y activista por la causa en Sevilla. Castro incide en la importancia de la figura de Marcos Ana. “Yo estuve con los niños en Sevilla, los llevamos a varias empresas. Mayormente para visibilizar el tema del Sahara. En empresas muy grandes, con muchos trabajadores, los jurados de empresa hacían asambleas con los niños para explicar por qué estaban allí. Se les hizo un recorrido por todas las provincias. Fueron recibidos tanto en las diputaciones, alcaldías e instituciones”, recuerda en conversación con cuartopoder.es.

Encuentro de los niños y niñas saharauis con trabajadores de la fábrica de Renault en Sevilla. / Miguel Castro

“Sed bienvenidos a España, donde vais a encontrar muchos amigos de vuestra lucha”, señaló Carrillo aquel 2 de septiembre en Barajas, según la crónica de Mundo Obrero. Un niño madrileño le entregó a Fatma, la saharaui más joven de la expedición, cien claveles rojos. Cabe destacar que los niños y niñas eran hijos de combatientes del Frente Polisario. Ahmed Bujari, delegado en España por aquel entonces, destacó que “sobre las espaldas de esos niños se levantará el futuro del pueblo saharaui y son un símbolo que representa los deseos de entendimiento y de buena voluntad entre nuestros pueblos”.

Los huéspedes, según relató el periódico del PCE, fueron 29 niñas y 70 niños, con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años. “Mientras sus padres combaten en el frente, ellos estudian hasta la edad en la que habrían de incorporarse a la escuela militar, a partir de los 15 años”, señala la crónica. “Nos gusta la vida revolucionaria”, indicaron los entrevistados al periódico.

Las familias de acogida

Con el paso de los años, el programa evolucionó. “Nos dimos cuenta que más que tenerlos en una residencia juntos era mejor llevarlos a familias solidarias para que convivieran y hubiera un intercambio cultural”, destaca Taboada, que pone en valor la relevancia de Vacaciones en Paz con el paso del tiempo. “Ha sido muy importante para que no se olvide la causa saharaui. Algo importante es que la mayoría de familias españolas van a los campamentos a ver a la otra familia. Eso crea una conciencia porque se dan cuenta de la situación que hay”, añade.

Hadad señala por su parte que sigue siendo muy importante que se mantenga el programa. "No hay mejor embajador de cualquier causa que un niño. Cala mucho más en la conciencia de las personas", afirma. "Un grupo de niños son auténticos embajadores de la causa saharaui. La situación de cada niño no es algo aislado, es la situación de todo un pueblo", añade.

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Cartel anunciando la llegada de los primeros 100 niños saharauis que llegaron a España en 1979. / CEAS-Sahara

El programa sólo se interrumpió en 1998 por la esperada celebración de un referéndum de autodeterminación que no llegó. Ni ese año ni ninguno. Según los cálculos de Taboada han pasado por nuestro país más de 100.000 niños. “Se ha llegado al pueblo más recóndito de España. No solo era la familia sino todo el entorno el que conocía el conflicto. Han sido embajadores”, apunta.

Este año, según Ana Garrido, actual responsable de Vacaciones en Paz a nivel estatal como integrante de CEAS-Sahara, han llegado a España unos 4.200 saharauis. Hace unos 15 años se llegó a la cifra de 10.000. Las cifras han bajado, aunque en los últimos años se ha repuntado. La causa principal, apunta Garrido, es la crisis económica. Porque a pesar de que muchas instituciones ayudan a asumir los gastos de los aviones y la logística, la mayor parte corre a cargo de familias y asociaciones solidarias. Garrido ha acogido desde hasta 14 niños y niñas.

Para Garrido, el objetivo del programa es claro. Y la línea es similar a ese “símbolo político” del que habló Marcos Ana en 1979. “El objetivo principal de este proyecto es transmitir a la ciudadanía española y a los poderes públicos la necesidad de que se encuentre una solución justa y definitiva al problema del Sahara Occidental y que el pueblo saharaui pueda decidir libremente su futuro”. Y para eso se trabaja, 40 años después.

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