Rosa Lluch: “Para rebajar la tensión, los tuits o los medios de comunicación no convienen”

  • Entrevista a la candidata al Senado de En Comú Podem

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BARCELONA.- Rosa Lluch (1969) será la cabeza de lista de En Comú Podem al Senado, por la provincia de Barcelona, en las próximas generales de noviembre. Esta profesora de Historia Medieval en la Universidad de Barcelona recibe a cuartopoder en su despacho en la facultad situada en el barrio del Raval. Víctima del terrorismo, su padre, el exministro socialista Ernestu Lluch fue asesinado por ETA en noviembre del 2000, siempre abogó por el diálogo como forma de resolver los conflictos políticos, personificándolo en primera persona, al propiciar el encuentro personal con la izquierda abertzale.

Lluch habla sobre la actual situación en Catalunya. La semana en la que se ha conocido la sentencia del Tribunal Supremo contra los dirigentes independentistas, las protestas se suceden por todo el territorio catalán. Si el lunes, tras una convocatoria de la plataforma Tsunami Democràtic, miles de personas ocuparon el aeropuerto del Prat, colapsándolo y obligando a la cancelación de decenas de vuelos, el martes las protestas de los CDR en las delegaciones provinciales del Gobierno acabaron con disturbios, cargas policiales y barricadas. En Barcelona, las imágenes de los incendios abrieron las portadas de ayer, miércoles, cuando se sucedieron las protestas. Cinco marchas de activistas caminando se aproximan a la capital catalana. Llegarán el viernes, día en el que hay convocada una huelga general

El clima político se endurece, estamos en precampaña electoral. Las derechas y ultraderechas piden a Pedro Sánchez mano dura. PP y Ciudadanos reclaman al presidente en funciones que acelere una repetición de la aplicación del 155 sobre Catalunya. Vox va un paso más allá, el estado de excepción y sitio. Sánchez no descarta ningún escenario. El president de la Generalitat, Joaquim Torra, se suma a las "marchas por la libertad". El conseller de Interior, en la cuerda floja tras las cargas de los Mossos. La distancia entre la calle y los políticos independentistas cada vez se hace más patente. A estos temas, se refiere Lluch quien tiene una apuesta clara: diálogo.

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- En las últimas protestas, se han visto imágenes de quema de contenedores y de cargas policiales. ¿Existe violencia en Catalunya?

- Que quemen contenedores, que agredan, creo que sí es violencia. Ahora sí, es violencia.

- ¿Cómo valora la actuación policial que hemos visto, tanto de los Mossos d’Esquadra como de la Policía Nacional?

- Lo valoro exactamente por igual. No distingo entre las agresiones de la Policía Nacional o de Mossos d’Esquadra. Todos han ejercido un uso de la violencia desproporcionado. Habría que evitar las cargas de todas las fuerzas de seguridad, también estos actos violentos por parte de algunos medios del movimiento independentista.

- Un discurso que se impone en algunos sectores de población española es que el movimiento independentista es violento. ¿Lo considera usted violento?

"El movimiento independentista no es violento"

- No. Considero que el movimiento independentista no es violento. Sí que ha ejercido determinadas acciones que no he compartido. Insultos, descalificaciones, malas miradas. Eso no se puede calificar de violencia, a pesar de que en las últimas horas han existido algunas acciones que hay que calificarlas de violencia. Pienso que son una minoría, no representan a la mayoría del movimiento, son sectores muy minoritarios pero ya están aquí.

- Usted es candidata para el Senado, la Cámara que tendría que aprobar una posible aplicación, de nuevo, del artículo 155 para Catalunya. ¿Cuál es su visión con respecto a esta medida? ¿Para qué sirve? ¿Lo apoyaría en algún caso?

- Personalmente, no lo apoyaría nunca. Otra cosa es después qué sugerencias o consejos recibiría. Para mí, el 155 significa solucionar un problema con otro problema más grande. Incrementar el problema. La aplicación del 155 fue muy mal recibida en Catalunya, no solo por el movimiento independentista, también por los no independentistas, entre los cuales me incluyo. No querría que se volviera a imponer el 155 en Catalunya, solo da más razones de ser a aquellos que dicen que España está reprimiendo a Catalunya. No me parece una solución.

- Ha hablado de “sugerencias” o “consejos” que podría recibir. ¿Cree que los comunes o Podemos podrían cambiar su postura con respecto al 155?

- No. Me refería a los argumentos que otros darán… No pongo en duda que los comunes o Podemos vayan a cambiar su postura por la aplicación del 155. La postura de comuns y Podemos está muy clara: rebajar tensión, recuperar calma y puentes y no acrecentar aquellas cuestiones que incrementen esta situación de desencuentro. Si quisieran aplicar el 155, no iría con los comunes.

- Usted proviene de familia socialista, del PSC. ¿En qué momento abandona esta familia política? ¿Cuándo se produce la ruptura?

- Provengo de la familia del PSC porque mi padre era del PSC, esa es mi única relación con el partido. Es cierto que he asistido a muchos mítines como hija de quien hablaba. Pero, nunca he formado parte de esa órbita, no siento que haya dejado una órbita.

Por otro lado, sigo defendiendo y sigo fiel a muchas cosas que había dicho el PSC durante muchos años. Para mí, el momento de desencanto con el PSC es la aplicación del 155, precisamente. El papel el PSC era el elemento de encaje de diversas sensibilidades: catalanes de aquí de varias generaciones, de un par de generaciones, acabados de llegar. Creo que el PSC, probablemente, por la influencia del PSOE, ha acabado demasiado cercano a él, apoyando el 155. Fue lo que más desilusión me hizo. Por eso decidí abandonar esa familia, o entrar en una familia nueva.

-Habla de los mítines de su padre. ¿En aquellos mítines, el lenguaje del PSOE o del PSC era más social? ¿Ha virado el socialismo español y catalán hacia posiciones menos socialdemócratas?

"En el PSOE y PSC cada vez se habla menos de cuestiones sociales"

- Estamos en un momento en el que la mayoría de los partidos han dejado de hablar de cuestiones sociales. Cierto es que es otra época. Los mítines de los que hablaba son de principios de los 80, toda Europa ha cambiado. Sí que es cierto que en el PSOE y PSC cada vez se habla menos de cuestiones sociales y más de identitarias.

Para mí es un error, creo que los partidos de izquierdas debemos preocuparnos por el bienestar de la gente, eso pasa por tener un sueldo, un piso, por poder ir al hospital si estás enferma. Hecho en falta en toda la izquierda, española, catalana y europea, un discurso más preocupado por la vida diaria de las personas.

-El eslogan de precampaña de los comunes es Amb nosaltres, sí, frente al “Con Rivera, no”. Da la sensación de que el proyecto de las izquierdas depende de lo que haga Sánchez, un candidato de otro partido…

- Creo que lo que debemos tener en cuenta del “Con Rivera, no” es que es un grito de los militantes socialistas y sitúa en el espectro político lo que este nombre demuestra, y no es la persona, es el símbolo. Nos tenemos que quedar con “Con nosotros, sí”, es un mensaje optimista, podemos cambiar.

Es un lema de precampaña, prestado de los militantes socialistas, responde a aquello que quisieron expresar en un momento de euforia de victoria electoral, un grito que sale en un momento de máxima felicidad para los militantes del PSOE. Pero, nos tenemos que quedar con el Amb nosaltres, sí. Nosotros nos centramos en las necesidades de las personas, queremos volver a hablar de salarios, alquileres, esperanza, sanidad. Ese es nuestro mensaje, optimista y positivo.

-La relación con el PSOE o el PSC. Antes ha criticado la posibilidad de un nuevo 155. Hemos escuchado a Sánchez ya hacer mención al mismo. Si Sánchez aplicara el 155, ¿afectaría a la relación con los comunes en espacios tan claves como el Ayuntamiento de Barcelona?

- Primero, tenemos que tener en cuenta que estamos en precampaña. Los mensajes que se están diciendo estos días van en clave de ganar unas elecciones. Segundo, tenemos que rebajar la tensión. La tensión no se rebajan con amenazas, quemando contenedores, voy a aplicar el 155 o la ley de seguridad… Hay que rebajar la tensión por parte de todos los actores. No puede ser que un vicepresident de la Generalitat responda que no controla los Mossos.

Luego, hay que pasar estos días de impacto emocional por la sentencia. La sentencia ha generado un impacto en toda la sociedad. Hay mucha gente enfadada por el contenido de la sentencia. Muchos porque consideran que la sentencia es muy dura, otros porque consideran que no es dura.

Si el PSOE aplicara el 155, se verá, probablemente afectará a la relación entre els comuns y el PSC. Ahí tendremos que intentar volver a encontrar puntos de encuentro, no permitir que estos se rompan. El trabajo de Barcelona En Comú y el PSC en el Ayuntamiento está siendo brillante, están todos centrados, trabajando muchísimo. Hay que pensar que es un equipo fuerte, cohesionado, que tienen claro que la prioridad es la ciudad de Barcelona y que tendrán que manejar esta situación que esperemos no llegue.

-Como víctima del terrorismo, ¿qué valoración hace de la acusación de terrorismo que se hace a los CDR?

"Me parece una banalización del término terrorista acusar a los CDR de ello"

- Hago una valoración muy dura y crítica. Creo que los CDR en ningún momento han hecho actos terroristas, no les podemos acusar de organización terroristas. Algunos, pocos, han sido detenidos y han encontrado unas sustancias que la mayoría de la gente no tenemos en nuestras casas. La Justicia ha de investigar. Ya se verá. Me parece una banalización del término terrorista acusar a los CDR de terrorismo.

Me parece muy preocupante que algunos de los que están acusando a los CDR de terrorismo no estén dando reconocimiento de víctimas de terrorismo a algunas de las víctimas de los atentados de agosto 2017 en Catalunya. Por una parte, acusan de terrorismo y hacen parecer que protegen a las víctimas. Por otra parte, no están protegiendo a las que de verdad fueron víctimas de unos atentados terroristas.

-¿Quién no está reconociendo a quién?

- El Ministerio del Interior, acusa a los CDR, pero no está reconociendo como víctimas del terrorismo a personas que estuvieron en Las Ramblas, víctimas, que vieron cuerpos saltando por delante suyo. Consideran que una persona que vio morir a gente no tienen derecho a que, por lo menos, tenga cobertura psicológica.

-A raíz de su tragedia familiar, el asesinato de su padre por ETA, abogó por el diálogo. ¿Cuáles fueron las resistencias propias y qué resistencias percibió del otro lado para que ese diálogo, ese punto de encuentro, se produjera?

- Las resistencias propias fueron personales. No fue nada fácil, cuesta mucho. Lo normal es pensar que el otro está equivocado y que ha ejercido una violación de derechos humanos fundamental, habían asesinado a mi padre. Pero esa opción no aporta ninguna solución. Tras una reflexión personal larga, en buena parte imbuida por mi propio padre, que se sabía posible objetivo de ETA y pidió protección a la delegada del Gobierno en Catalunya 24 horas antes de su asesinato, me había dicho que evitara confrontaciones, desencuentros, polarizar discursos. Imbuida por esta situación, por toda una sociedad catalana que nos apoyó en la defensa del diálogo, hice una trayectoria personal de encontrarme con miembros de la izquierda abertzale.

No fue fácil, no fue sencillo. Fue uno de esos días que piensas que recordarás toda tu vida. Sin embargo, no puedo recordar todo, algún mecanismo lo ha borrado. Hay algunos detalles que he olvidado, por ejemplo, me dijeron uh código de cuatro dígitos para apretarlo al llegar a un piso, pensé que tendría cuatro dígitos en mi memoria para toda la vida. Soy incapaz de recordarlos y estuve horas repitiéndolos en mi cabeza.

Por parte de la izquierda abertzale, no sé qué resistencias tuvieron que superar. Supongo que tampoco fue fácil. Reconocer el dolor causado nunca es sencillo. En la primera conversación que mantuvimos, había mucha tensión y recelo, poco a poco conseguimos establecer una relación personal que mantenemos todavía. Pero los recelos que ellos encontraron, deberían ser ellos quienes los expliquen, supongo que los encontraron.

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Rosa Lluch. / María Artigas

-¿El diálogo está por encima de todo?

- Sí, sobre todo cuando está en juego el bien común. Aquí nos estábamos jugando era mucho, que hubiera más víctimas en todas partes. Que hubiera más asesinatos, más secuestrados, más heridos, más personas sometidas a dispersión, personas que arriesgaran la vida todas las semanas conduciendo kilómetros para ver a un familiar… En esos casos hay que hacer lo que haga falta para evitar el dolor. Indiscutiblemente sí, diálogo hasta el final.

-¿Reconoce abusos por parte del Estado hacia la izquierda abertzale?

"El Estado ha pasado líneas que no se deberían haber pasado nunca"

- Sí. Por desgracia. Tengo que reconocerlo, y es una cosa que tampoco es sencilla y que no me gustó tener que hacer, pero el Estado ha pasado líneas que no se deberían haber pasado nunca, límites que no se deberían haber sobrepasado. Incluso ahora se mantienen exigencias que en un contexto como el actual habría que replantearse.

La dispersión de los presos, por ejemplo. ¿Qué diferencia hay en que el asesino de mi padre esté en Almería o en Vitoria? A él no le castiga, en cambio a su entorno le castiga mucho. Algunas decisiones tendrían que replantearse porque la situación ha cambiado y son un castigo a un entorno que, si bien en algún momento en algunas partes colaboraron o contribuyeron, pero no cometieron ningún delito. No tienen por qué pagar este precio. Y no es un precio económico, es un precio de vida, porque un fin de semana tienen que viajar 500 kilómetros para ver a su familiar.

-¿Percibe que esos abusos que reconoce que se dieron por parte del Estado se estén apuntando con respecto a Catalunya?

- Eso es lo que está defendiendo el movimiento independentista. Yo no lo veo demostrado. También es cierto que tardamos mucho en reconocerlo en el País Vasco. Por ahora, no creo que el Estado esté abusando. Bueno, cuando los policías pegan, sí. Si hablamos de esto, es un abuso, pero lo hace el Estado y lo hacen los Mossos. ¿Quién lo está haciendo?

-¿Cómo valora la sentencia del Tribunal Supremo?

"Han sido unos días muy tristes"

- Muy decepcionante. Para mí, han sido unos días muy tristes. No solo por pensar en los acabados de condenar, sus familias y sus entornos. También porque esta sentencia debería habernos ayudado a iluminar un camino de salida. Creo que nos ha puesto más piedras en el camino.

Además, reconociendo que no he leído la sentencia, creo que la sedición puede ser muy fácilmente aplicable a otros actos. Tenemos que vigilar mucho en el presente y en el futuro. Me parece una sentencia especialmente dura.

-¿Considera, como se ha dicho incluso por integrantes de su espacio político, que esta sentencia es una suerte de venganza del Estado hacia el independentismo?

"Me generan malestar las descalificaciones a la justicia de forma radical"

- No creo en la venganza, así que me cuesta mucho valorarlo. Además, tenemos que tener mucho cuidado. Estamos banalizando el concepto de justicia. Una cosa es no compartir una sentencia, otra cosa es banalizar la justicia. Igual que no podemos banalizar el concepto de terrorismo. La trivialidad, frivolidad y banalidad, tenemos que tener mucho cuidado en las descalificaciones a la justicia.

Algunos de los que están descalificando esta sentencia por sedición por esta violencia ambiental son los que pidieron el castigo por el Rodea el Parlament. Tenemos que valorar igual a la justicia cuando nos conviene y cuando no. Me generan malestar las descalificaciones a la justicia de forma radical, habrá que valorar. No puede ser que se condene a la gente por movilizarse cuando me interesa y que no se les condene cuando no me interesa. A mí, que se condene a la gente por movilizarse me parece una mala noticia. También, por lo que puede tener de cara al futuro.

-Por último, usted puede aportar la experiencia del diálogo en momentos difíciles. ¿Qué primeros pasos cree que se podrían dar entre un Gobierno español y un Govern catalán para encontrar esos puentes?

- En estos momentos, rebajar la tensión al máximo. Es decir, un lenguaje e intervención pedagógica. El impacto es real, lo hemos recibido todos, porque los que llevan dos años acusando a la Generalitat de golpistas no pueden estar contentos, pues no les han condenado por golpismo.

Para rebajar la tensión hay que pensar que los tuits, los medios de comunicación, etc, no convienen. Todo el mundo está a ver hasta dónde llega, quién amenaza más… Hay que intentar ahora que la gente esté tranquila. Permitir que la gente muestre su descontento, pues esto es un duelo colectivo. Las personas que se sientan dolidas tienen derecho a manifestar su dolor, pero teniendo en cuenta que no todo el mundo piensa como ellos ni que pueden coartar la libertad de los demás. Hay que evitar mensajes victimistas y de confrontación y buscar puntos de encuentro.

Mi experiencia personal es que, incluso en estos dos días, cuando hablas de tú a tú con quien sea nos entendemos, crea que la sentencia es dura o que no lo es. Tenemos que mostrar mucha empatía, sin empatía no vamos a ninguna parte. La sentencia es dura. Hay que entender que si una persona de tu entorno va estar muchos años en la cárcel, esperemos que el mínimo posible, esto no es nada fácil. También hay personas que se han sentido agredidas por el independentismo, que las hay, y que creen que la sentencia no es todo lo dura que lo debería. Intentar entender que no siempre tenemos razón, que el otro también tiene sus razones. Fácil no será.

1 Comment
  1. Florentino says

    Rebajar la tensión, una loa que no contemplan los jueces puestos a dedo amiga Rosa. Aquí, son culpables ellos también en el grado de: » Cumplir normas, órdenes y artículos «. Aquel: ¡ A por ellos !… Se traducen irremediablemente, en una (acción reacción). La calificación de la sentencia, es el origen de las movilizaciones, muchas de ellas espontáneas; que dicho sea de paso, son intervenidas por actores ajenos, que vaya Ud a saber quienes dirigen ciertos movimientos.
    El llamamiento de Rosa Lluch, entre tanto cálculo político, entre aquellos que impusieron el 155, descolocaron empresas (algunas nacidas al calor nacional catalán) y sacudieron estopa por votar… ¡ Buscar culpables ?. Lo sensato, no añadir más dolor al creado cesando las proclamas de buscar votos y el trasiego de peones amamantados para la desestabilización. Por qué ya no sirven Tabarnia, ni TOP amañados para que Europa diga otra cosa que lo que están viendo; el ejemplo de Borrell, colocado como se colocan los jueces… ¡ Miau uu !.
    Las mesas de diálogo, y no echar gasolina tertuliana, para hacer creer otra cosa, que no sea buscar fórmulas de encaje, y sobretodo buscando excusas para paliar semejante atropello. Hay que parar con diálogo. No hace falta amar al verdugo, pero la empatía humana debe de estar presente en cualquier proceso… ¡ Luego vendrán las urnas !. Beber y sorber a la vez… No puede ser !.

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