Vuelven a abrir, con prudencia, los negocios chinos: “Es empezar de cero”

  • Ding Dawei, vicepresidente de la Asociación de Chinos en España, valora que la reapertura de negocios chinos es aún escasa
  • Luli Chen opina que los ciudadanos y diáspora china serán prudentes: "No iremos de inmediato a espacios públicos"

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Rubén Phong atiende en el minimercado Nan Yea, en La Latina, a apenas metros de la Plaza Mayor de Madrid. Sus ojos, muy entornados, trasmiten la sonrisa oculta tras la mascarilla. “Puedes mirar la lista de verduras aquí”, dice desde el otro lado de la ventanilla, mientras señala un folio que queda a su derecha. Cuando la compra es cuantiosa apunta hacia otros dos folios colocados a su izquierda. “Disponemos de un catálogo de nuestros productos y de comida preparada, para recibirlo envíanos un correo o un WhatsApp”. Phong no ha echado el candado al negocio en 50 días de cuarentena. “Mis tíos decían que no abriera pero no podía fallar a quienes confían en nosotros”.

Nacido en la capital, Rubén es el cuarto de cinco hermanos. Hace cuatro décadas sus padres, vietnameses de origen chino, llegaron a España con una hija de dos meses. Los siete tienen nacionalidad española aunque no siempre la veteranía se traduce en un DNI: 7,4 millones de residentes en España son ciudadanos de otra nacionalidad. La familia Thong prosperó con tres restaurantes pero en 2005 dejaron los fogones por la voluminosa competencia y abrieron el minimercado.

Al igual que tres millones de personas, los Phong son trabajadores por cuenta propia: son autónomos. Y como el 70,4% de ciudadanos se dedican al sector servicios. Cuando se inició el brote de covid-19 Rubén se colocaba dos mascarillas al salir. “Me las ponía por el mismo miedo y desconocimiento que causaba que mi padre se rociara el cuerpo con alcohol cada vez que volvía y por el mismo temor que hizo que mi madre, hasta mayo, no trabajará conmigo en la tienda”.

A este malestar interno de Phong se le sumó otra potencial epidemia, la xenofobia. La campaña #NoSoyUnVirus, lanzada a nivel mundial, denunció el racismo contra los asiáticos que se daba en varios países de todo el mundo. Varios comerciantes notaron menos negocio tras conocerse a finales de enero el primer caso de contagiados en España. "Me dijeron que era por temor al contagio", comentaba Rubén, gerente de un restaurante en Usera, sobre las cancelaciones de reservas. Javier Ortega Smith, secretario general de Vox, llegó a calificar de “malditos virus chinos” al Covid19 pese a que la OMS desvinculó el coronavirus de la nacionalidad china. La actitud de Ortega Smith contradijo además el apoyo a la comunidad china que su partido había fotografiado apenas un mes antes.
 
Con este contexto como punto de partida, y durante más de 50 jornadas, Phong abrió el negocio de dos a cinco horas al día junto a su hermano pequeño. “La gente apenas salía y si no estaba atendiendo daban por hecho que estábamos totalmente cerrados”. Calcula un desplome del 80% en las ventas, una situación que ha empezado a aliviarse con los paseos aprobados desde el 1 de mayo. Ahora están disponibles de 11 a 22 horas, con un descanso de cuatro a seis de la tarde. También han recuperado la venta de comida preparada. Como prevención, tanto él como su madre usan mascarilla, guantes y alcohol y solo ellos tocan los productos porque los clientes no acceden al interior del local.

El 4 de mayo el BOE oficializó reabrir comercios minoristas y de servicios de proximidad… pero con condiciones como la cita previa. “Yo espero que remontemos", sopesa Phong. Por el momento los datos del primer trimestre de 2020 arrojan una tasa del paro del 14,4% que en números concretos son 3,3 millones de personas sin empleo. Por nacionalidad los extranjeros están por encima de la media con un 21,2%. Estos números no incluyen los ERTES ni las pérdidas de los autónomos.

Un ejemplo es Wuxin Qian, de 50 años, que se vio forzada a cerrar su negocio. Llegada a España en 2004, aquí tuvo a su única niña hace nueve años, siendo ya madre de dos varones adultos. Nada más aterrizar supo con qué se iba a ganar el sustento: una peluquería. Y acertó. 16 años más tarde sigue ejerciendo. El lunes, 4 de mayo, cerca del Arco del Triunfo de Barcelona se puso tijera en mano. El reestreno tuvo 20 citas de 9.30 a nueve de la tarde. Y después limpió hasta medianoche.

Antes de la cuarentena las señoras mayores eran sus principales clientes pero Qian aún no ha reenganchado a las habituales. La comunidad china teme que resurja el racismo una vez abran sus negocios. Y ya han detectado carteles donde se lee “China es responsable y culpable, esto es una guerra terrorista para controlar económicamente el mundo”. Y sentencia: “Rechaza y no compres productos chinos, que se coman sus baratijas, recuerda a los muertos inocentes”. En el caso de Qian, ella no se ha encontrado este mensaje de boicot y ha sobrellevado la falta de ingresos gracias a la ayuda del autónomo. A Qian una novedad le ha alegrado el encierro: su nieta a la que conoció el 20 de abril.

Incertidumbre y vulnerabilidad

chinos
Rubén Thong, / S.Y.

En el primer trimestre 6,3 millones de hogares no tuvieron a nadie que aportará un salario, un 46,5% más que en 2002 y una situación que se dispara desde 2009. En España 597.000 viviendas rozan lo insostenible: cero personas aportaron algún tipo de ingreso de enero a marzo. Una situación acrecentada un 58% en 18 años. El contrapeso es que el dato ha ido mitigándose desde 2015, el año más crítico con un total de 770.700 casos.

“En mi casa mis padres; mi hermano y su mujer; mi hermana pequeña y yo estamos tirando de ahorros”, cuenta Luli Chen. Desde marzo el hostal de diez camas que regentan sus progenitores en Madrid está cerrado. Y la pequeña agencia de viajes de su hermano también está parada. Juan Wu, vecino de Tarrassa, por su parte recibe el paro extraordinario dado a los autónomos.

Era el primero que veía impensable cerrar", se sincera Wu, "porque durante 20 años nuestro restaurante ha estado abierto prácticamente todos los días”. Empezó a tomárselo en serio cuando Madrid cerró los colegios y el 11 de marzo cerraron el bar: “Facturar muy poco no compensa frente a los costes que genera abrir". De retomar la actividad sería para comida para llevar.

Wu considera que su familia aún puede aguantar mientras que a Chen le pasa factura desconocer qué será de ellos: “Al principio nos lo tomamos como un descanso pero convivimos muchos en la casa, hay estrés económico y esto es una montaña rusa”.

Para circunstancias parecidas a las de Chen el Gobierno baraja 500 euros por familia como renta mínima vital. José Luis Escrivá, ministro de Inclusión y Seguridad Social, estimó en Cadena Ser que la ayuda será para un millón de hogares, siendo el 10% monoparentales.

Persiste la prudencia

Ding Dawei, vicepresidente de la Asociación de Chinos en España, valora que la reapertura de negocios chinos es aún escasa. “Están retomando la actividad por la presión económica, porque los alquileres o no bajan o lo hacen muy poco y porque su situación es complicada”. La previsión de la tasa del paro del Gobierno es del 19% para este año. En 2021 se cree que será del 17,2%. FMI, Funcas, BBVA y el Banco de España, cada uno con distintos números, coinciden en diagnosticar la misma tendencia.

Sin números de por medio las calles reflejan la falta de actividad. Alguna tienda de alimentación se airea tras 50 días cerrada a cal y canto pero nadie asoma en los bazares chinos. Los establecimientos de bangladeshíes siguen con sus estrechos pasillos para pequeñas compras de barrio pero no hay colas para tomarse un 'bubble tea' en Usera. En Leganitos, la mini Chinatown paralela a la Gran Vía de Madrid, el súper HuaLiam provee de comida como lo hace el gigante Wenzhou en Fuenlabrada pero la antes bulliciosa Cobo Calleja ahora está anestesiada.

Luli Chen opina que los ciudadanos y diáspora china serán prudentes: "No iremos de inmediato a espacios públicos". A Yinyin Teng la cuarentena le hace replantearse si volverá a tener un restaurante. Y para Rubén Phong los negocios tienen que adaptarse: “Cuando llevas tanto tiempo cerrado abrir es empezar de cero".

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