Un millón y medio de euros para feminizar el pensamiento occidental

  • Esta doctora en Filología Inglesa por la Universitat Autònoma de Barcelona ha obtenido una ayuda Starting Grant con hasta 1,5 millones de euros para investigar
  • El objetivo de su proyecto es recuperar el pensamiento que las mujeres de la primera modernidad dejaron escrito en cartas, poemas u otros textos

La investigadora Carme Font posa con gafas y traje de chaqueta. No es la estética de una revolucionaria, pero tiene en sus manos un proyecto subversivo: el WINK (Women’s Invisible Ink: Trans-Genre Writing and the Gendering of Intellectual Value in Early Modernity). Durante los próximos cinco años dedicará su vida a investigar y recuperar obras escritas por mujeres en la primera modernidad europea que no se encuadran en los géneros literarios tradicionales. El proyecto es de calado porque afecta a los cimientos del pensamiento occidental, que se ha construido a través de las ideas de los hombres, mientras que las de ellas fueron silenciadas. Pero existieron, las dejaron por escrito y las difundieron. Esta doctora en Filología Inglesa por la Universitat Autònoma de Barcelona es una de los 17 jóvenes que trabajan en España a los que el Consejo Europeo de Investigación (ERC, en sus siglas en inglés) les ha concedido una ayuda Starting Grant, becas con hasta 1,5 millones de euros por proyecto.

Con este programa, el ERC financiará las ideas de 403 investigadores de 44 países, entre los que Inglaterra y Alemania copan hasta un 40% de proyectos. Con esta ayuda, Font tendrá que formar un equipo, planificar viajes a bibliotecas europeas y americanas o pagar copyrights. El objetivo es explorar bajo una metodología trans-género cartas, poemas u otros escritos en francés, inglés, italiano, alemán o castellano donde estas mujeres, que vivieron de 1600 a 1790 aproximadamente, hablaban de teología, literatura, átomos o de asuntos cotidianos. El objetivo es rescatar la aportación intelectual que hicieron a la sociedad y que no ha sido incluida en la Historia del conocimiento. “Hasta ahora se habían recuperado textos de forma individual o bajo la etiqueta genérica de escritura de mujeres, pero sin entrar al fondo de la aportación al sistema de pensamiento”. La consecuencia última de esta ambiciosa empresa es trascendental: trata de modificar “la visión androcéntrica de valor intelectual”.

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La paradoja no resuelta

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No es verdad que las mujeres no escribiesen, filosofasen o no tuviera estructuras de pensamiento propio. Todo lo contrario: “La larga tradición de escritura femenina en Europa nos plantea una paradoja: la de acumular una gran cantidad de obras que están materialmente presentes, pero que siguen siendo intelectualmente invisibles”, asegura Font. Según cuenta la investigadora, y otras de sus colegas, lo que ocurría es que la producción de las mujeres era expulsada de los círculos académicos. No se les permitía acceder a la educación superior y en su mayoría se las relegaba al hogar, un espacio que ellas aprovecharon incontables veces para escribir.

“No fueron a la universidad y, por tanto, no seguían la estructura de los hombres en los escritos porque no tenían sus mecanismos ni su formación. Nos hemos acostumbrando a leer y ver publicados ensayos de filósofos y académicos, pero fuera han quedado cartas, panfletos, historias cortas o misceláneas”, explica la experta sobre esos textos que ella y su equipo rescatarán, estudiarán y ordenarán. Esta diferencia básica entre hombres y mujeres se materializa en “una escritura más desordenada, ecléctica y desigual” y en algunas diferencias de recursos: “Son escrituras más personalistas, se apoyan mucho en la Biblia y usan más figuras de autoridad femeninas, como reinas u otras referencias de poder”, detalla la experta, que también es investigadora asociada del Center for Medieval and Renaissance Studies de UCLA. Ellas hablaron de átomos o teología, pero también incorporaron a la discusión temas que afectan de lleno a la mujer, como los abusos sexuales.

A pesar de que “hubo mujeres influyentes” que lograron “ganarse el respeto de los hombres”, al final la cosmovisión que fue creada y transmitida fue la de ellos. “En el caso del día a día del matrimonio, por ejemplo, los hombres hablan de problemas de compatibilidad de caracteres. Ellas estaban supeditadas a sus esposos, que eran a quienes se les presuponía la autoridad y la inteligencia. Pero cuando ellas hablan del matrimonio, intentan dignificar el papel de la mujer en casa. Reivindicaban que no por asumir el rol doméstico tenían que ser matratadas o menospreciadas”, relata. Esta idea se ve con claridad en la obra la Verdadera Relación de Anne Wentworth (1676) escrita por la propia Wentworth.“Fui la esposa de mi marido durante 18 años, y mi cuerpo quedó consumido en harapos de piel y hueso, una triste imagen indigna de ser vista. Pasaban los días con riñas y peleas, transcurrían los años entre lloros, y la mano del Señor era severa conmigo de día y de noche hasta que las lágrimas de mi rostro se secaron por efecto del sol veraniego”.

De algunos de los textos que ha analizado la doctora se desprende también el valor que le daban a la Educación como un camino hacia la comprensión del mundo y a su dignificación: “Querían poder leer para ser ciudadanas conscientes, tener opiniones políticas y participar”. Aunque tienen características comunes, los textos no son uniformes porque la clase social era también una cuestión fundamental. Había hombres más pobres que tampoco tenían derecho al voto. Las mujeres privilegiadas sí sabían, por ejemplo, hablar latín, escribir o leer… textos redactados por hombres.

A pesar de que han pasado más 300 años desde algunos de estos escritos, Font apunta a que hay algunas sensaciones que continúan vigentes, aunque en otros contextos muy diferentes. “Eran ridiculizadas, ignoradas o maltratadas cuando intentaban desafiar las desigualdades. Muchas hicieron valer su posición”. Las palabras de la monja Galerana Baratotti en ‘Semplicita Incannata’ (1654) ejemplifican cómo ellas percibían y daban respuesta a los abusos, en este caso, en un espacio femenino como un convento y utilizando pasajes de la Biblia para cuestionar la sumisión: “Mi corazón nunca ha tenido ocasión de irritarse con el sexo viril, pero cuando recuerdo el significado de las palabras engañosas, pronunciadas por el primero de los hombres, que también le fue dado a ella por Dios como compañero, no puedo más que sentir un atisbo de ira”. 

A la raíz del pensamiento

Esta cantidad de visiones, matices y descubrimientos abren la puerta a un universo nuevo y revalorizan el pensamiento femenino. Font asegura que habrá sorpresas escondidas en esos documentos de la primera Edad Media que harán resquebrajarse algunas de las ideas establecidas. Nuestros valores universales no siempre lo fueron. La experta pone dos ejemplos de los que “se escribía poco”: el sexo y la maternidad. “Ahora vemos el sexo como algo lúdico y placentero, pero no siempre fue así. En esa época era algo que dominaban los hombres. Ellas asumían su papel de crear vida de la manera más llevadera posible”.

Esta concepción del sexo conduce de forma inevitable a otra concepción de la maternidad, que respondía a un contexto muy diferente: las mujeres no tenían control sobre su reproducción, los embarazos (múltiples) eran algo “mecánico” y había una alta mortalidad infantil. Parir con dolor y tener posibilidad de morir mientras lo hacían condicionaba la visión de estas mujeres sobre la maternidad, aunque lo que haya trascendido sean manuales de vocación científica.

La beca del ERC no podía llegar en mejor momento. En una nueva ola de feminismo, en la que se debate sobre cómo añadir la perspectiva de género al sistema judicial, el WINK va un paso más allá y aborda el origen: el pensamiento construido de retazos intelectuales masculinos. Font pretende acabar el estudio respondiendo a dos preguntas: “¿Por qué encontramos pocas mujeres autoras en la historia de las ideas?” y “¿qué factores han propiciado la marginalización del pensamiento escrito por mujeres?”.