Arriesgar el sujeto político del feminismo: ¿necesario o peligroso?

  • Durante las últimas semanas asistimos a un debate que no es nuevo, pero que en esta época expansiva del feminismo ha logrado prender como una llamarada las redes
  • Luisa Posada, Alicia Miyares, Lucas Platero, Fefa Vila y Carmen Romero aportan su visión sobre cómo debe plantearse el sujeto político feminista

Durante las últimas semanas asistimos a un debate que no es nuevo, pero que en esta época expansiva del feminismo ha logrado prender como una llamarada las redes sociales. Unas declaraciones de la investigadora y activista transfeminista Sam Fernández sobre la necesidad de “arriesgar” el sujeto político del feminismo provocaron unos tuits airados del Partido Feminista que fueron tildados de “tránsfobos” por muchas personas trans y activistas feministas. Poco después Luisa Posada Kubissa defendía en un artículo en el diario.es la necesidad de limitar el sujeto del feminismo a las mujeres porque, lo contrario, sería ponérselo fácil al patriarcado. También muchas personas hicieron público su malestar ante este planteamiento. 

Luisa Posada, quien es una reconocida feminista, profesora de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid explica a Cuartopoder.es que sus postulados fueron malinterpretados. Algunas voces entendieron que trataba de dejar fuera de dicho sujeto a trans o lesbianas, lo cual desmiente. “No traté de definir qué es ser mujer ni de defender la exclusión del feminismo de todas aquellas que se sientan mujeres dominadas por un sistema heteropatriarcal, aunque luego ellas tengan distintas luchas por sus variables de raza, religión, preferencia sexual…”, aclara. Ahora bien, “para ser sujeto político del feminismo hay que sentir la dominación en tanto que mujeres”, subraya.

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El planteamiento de Posada se enfrenta con el pensamiento transfeminista y de la teoría queer, vinculado a filósofas como Judith Butler, que precisamente buscan combatir el binarismo normativo de “hombre” y “mujer”, lo que evitaría la exclusión y el sufrimiento de las personas que no encajan en estas categorías. En este otro lado del debate se encuentra la socióloga feminista Carmen Romero, quien reconoce que la categoría mujeres es “necesaria” para reivindicar “situaciones de desigualdad”, pero que esto “no limita el espacio de lo posible del sujeto político de las mujeres”.

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Lo teórico entronca con una realidad, pues hay personas no binarias y hombres trans que participan activamente en la causa feminista. “Yo no creo que se deba excluir de la lucha feminista a los chicos trans, porque su posición nos permite cuestionar los espacio de masculinidad. Me parece que a veces se entiende a los varones trans casi como una traición a las mujeres y a la posición que han ocupado, pero también es muy valiente ocupar posiciones masculinas que estaban únicamente reservadas a los hombres cis –término empleado para describir a aquellas personas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer–”, pone como ejemplo Romero.

Un asunto ya abordado

El debate reavivado al calor del intercambio de tuits, pero también en determinados espacios feministas, no es nada novedoso. Las últimas jornadas estatales feministas realizadas en 2010, que reunieron a unas 4.000 personas en Granada, ya abordaron esta cuestión del sujeto y apostaron por su amplitud. Para Lucas Platero, docente en intervención socio-comunitaria e investigador de movimientos feministas y trans, aunque estos debates no deban darse por “cerrados”, si es significativo que estas jornadas con una masiva representación del movimiento feminista y “un quorum variopinto” recogieran “el transfeminismo”, así como la ruptura “con el binarismo, lo homohetero” y, en definitiva, la apuesta por “una mirada bien amplia”.

En este sentido, la socióloga y escritora española, Fefa Vila Nuñez, adscrita a la teoría queer feminista, comenta que el debate se remonta a hace décadas porque hay sujetos que “amplían el tradicional del feminismo” y la realidad se acaba imponiendo. “El sujeto mujeres del feminismo clásico queda totalmente deconstruido, pero no significaría un rechazo a encarnar la identidad política, sino que esta estaría problematizándose, se ve excedida, en un nuevo contexto que no puede obviar”, añade.

Otra cuestión es la posición que vayan adquiriendo las nuevas generaciones que se incorporan al movimiento por la igualdad y se fijan en las más veteranas. “Nos encontramos con que algunas personas jóvenes están comprando parte del discurso feminista blanco anglosajón, pero esta no es toda la tradición del feminismo radical y desde luego no es la historia del feminismo en España”, añade Romero, que invita a revisar la investigación sobre movimientos trans y feministas en nuestro país realizada por Platero y Esther Ortega. También a que las feministas de clase media y blancas escuchen las demandas no solo de las personas trans, sino de las mujeres racializadas, migrantes etc. que desde hace tiempo vienen reivindicando “una autorrevisión” por parte de las mujeres más privilegiadas.

Cuestión de género

Otras feministas como la filósofa Alicia Miyares consideran que hay una parte del “colectivo LGTB+” amparándose en el adjetivo “transfóbico” para anular “el pensamiento crítico feminista”. Según explica y recoge más ampliamente en este artículo, históricamente el feminismo ha pretendido “abolir” las desigualdades tanto por cuestión de sexo como por las identidades normativas de género porque “nadie mejor que las mujeres saben que es nacer en el sexo equivocado”. También insiste en que históricamente las mujeres se han aliado con otros colectivos y minorías oprimidas y que así debe seguir sucediendo.

“El problema a día de hoy es que desde sectores minoritarios del colectivo LGTB+ que se definen como transgénero pretenden que la identidad de género o el género fluido sean reconocidos como derechos fundamentales cuando el feminismo ha tratado siempre de abolir la categoría de género”, explica. A su entender y con base en ello, es inasumible por parte del feminismo que “la identidad de género” se valide en la Proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales que se encuentra en trámite parlamentario en el Congreso de los Diputados. “No me cabe ninguna duda por parte de quienes han hecho la transición completa tanto a mujer como a varón”, indica en relación a las personas transexuales, “pero tengo todas mis dudas contra aquellos que dicen sentirse algo, pero no completan nada”, añade en relación a las personas transgénero.

En el lado contrario, Romero entiende que este tipo de reflexiones responden a “una mala lectura” de la teoría queer, ya que es innegable que el género es una construcción histórica y social que continúa operando y se debe reconocer su existencia. “Lo que tratamos de socavar es la forma en la que el género se convierte en una forma de discriminación”, explica. Es decir, según explica la teoría queer feminista, se trataría más bien de reconocer las múltiples identidades que se construyen en torno al género, ya que es imposible concebir nuestra existencia de otra manera, con el objetivo de ‘hackear’ el sistema.

Y aunque a ratos el debate se presente en el plano teórico, Platero lo aterriza en nuestro contexto político y social actual. “No puedes hacer una postura política en torno a que no entiendas a la gente transgénero o no binaria, no puedes desautorizar sus vivencias porque tú no las entiendas y, más aún, cuando te dicen que quieren luchar contigo en un movimiento político plural que se llame feminismos”, manifiesta.

Desde ahí, el sociólogo advierte del peligro de “fragmentar el sujeto político del feminismo” en un momento peligroso en la lucha por nuestros derechos, con la llegada de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil o el avance de la derecha ultraconservadora en Europa. “Mientras partimos el sujeto político, la ultraderecha sabe que somos lo mismo y atacan contra lo que llaman ‘doctrina de género’. Qué raro que no estemos pensando en cuanto tenemos en común y estemos pensando en cuanto nos diferencia”, concluye.