Octavio Salazar: “Hay que cambiar el paradigma de las mujeres como seres para otros”

  • "La propuesta legislativa de Ciudadanos, bajo el eufemismo de altruismo, tiene una lógica muy neoliberal, aparte de que es una proposición de ley muy mal planteada"

Ciudadanos quiere debatir en el Congreso en febrero su proposición de ley sobre la gestación subrogada o por sustitución, también conocida como vientres de alquiler o, como prefiere el jurista Octavio Salazar (Cabra, Córdoba, 1969), gestación para otros. La formación naranja es el único partido que, de forma unánime, abraza la legalización de esta práctica no permitida en España. El debate comenzó en el Parlamento y ha ido recorriendo congresos de otros partidos, asambleas feministas, medios de comunicación y redes sociales, aunque no siempre se aborda en toda su complejidad.

Salazar, miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional y de Red de Hombres por la Igualdad, ha publicado una profunda investigación sobre el tema llamada: La gestación para otros: una reflexión jurídica-constitucional sobre el conflicto entre deseos y derechos. La portada nos recuerda a la serie televisiva basada en la obra de Margaret Atwood, El cuento de la criada, y da las primeras pistas de por donde van los tiros.

Uno de los términos que establece desde el comienzo en su libro es que prefiere utilizar el concepto “gestación para otros”, en lugar de gestación, maternidad subrogada o vientres de alquiler. ¿Por qué elige este término?

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Fue una de las cosas a las que le di más vueltas durante mi investigación. Casi hasta el último momento usé el término gestación por sustitución, que es el término que utiliza nuestra legislación, pero no deja de ser un eufemismo, al igual que gestación o maternidad subrogada. Evidentemente el proceso de gestar es un proceso que solo puede vivir la mujer que gesta, esa vivencia no se puede sustituir o subrogar. Por otro lado, el término úteros o vientres de alquiler me parecía insuficiente para nombrar algo que es un proceso que implica a todo el ser y a todo el cuerpo de las mujeres. Finalmente me decidí por usar el término más habitual en Francia porque la preposición "para" expresa de una manera muy rotunda el sentido último de esta práctica: se gesta un niño o una niña para satisfacer el deseo de otros.

La legislación española considera nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, pero es posible inscribir en el Registro a los niños fruto de estos acuerdos. ¿Cómo se explica esta contradicción?

"Lo que aquí está prohibido se puede hacer fuera si tienes dinero para ello"

Yo hablaría de una especie de esquizofrenia jurídica. Por un lado, la ley española considera que los contratos de gestación por sustitución son nulos de pleno derecho y, por tanto, legalmente, la madre es la que pare al niño o niña. Por otro lado, la Dirección General de los Registros y del Notariado dictó en 2010 una Instrucción que permite reconocer la filiación de las criaturas nacidas en aquellos países donde sí está permitida esta práctica. En consecuencia, lo que aquí está prohibido, se puede hacer fuera si tienes dinero para ello. Habría que dar una respuesta jurídica y establecer un límite clarísimo porque, según dictó el propio Tribunal Supremo en 2014, estos contratos atentan contra la dignidad de la mujer gestante y del menor. La Fiscalía de Barcelona ha pedido investigar el trasplante de riñón de un jugador del Barcelona por un presunto delito de tráfico de órganos. ¿Por qué no se hace lo mismo con la práctica de la gestación para otros? Tomar medidas en este aspecto, supondría también penalizar y sancionar a las empresas que actúan como intermediarias y se lucran. De lo contrario, estaremos manteniendo el negocio y legitimando estos contratos.

Esa incongruencia jurídica ya la vimos con el caso de las familias españolas que se quedaron atrapadas en Ucrania con bebés por gestación subrogada porque no podían obtener un pasaporte español.

 La situación que se vivió en Ucrania plantea dos cosas. Por un lado, esas familias sabían o tenían la certeza de que les iban a reconocer los hijos, pero nos plantea otra situación de fondo: el derecho internacional privado tendría que evitar el turismo gestacional, pero estamos lejos de una regulación uniforme a ese nivel. En todo caso, yo creo que el debate jurídico y ético no habría que plantearlo tanto sobre los menores, porque obviamente hay que buscar soluciones una vez que llegan al mundo, pero sí en cómo se está sometiendo a los menores a ese tráfico infantil. Y sobre todo la reflexión ética habría que situarla en la práctica que da lugar a que nazca ese menor. Todo ello nos remite al gran dilema que nos plantea el contexto neoliberal en el que vivimos: ¿dejamos que sea el mercado el que regule todo o permitimos que el Derecho ponga límites a ese mercado para garantizar derechos humanos? Si dejamos abierta esa puerta, mañana podríamos estar abriendo directamente la puerta a la venta de menores, o de órganos, o por qué no, a la firma de contratos de esclavitud. Aunque pueda parecer una comparación muy extrema, estamos hablando finalmente de la instrumentalización del ser humano.

 Cuando Ciudadanos decide registrar una proposición de ley para la gestación subrogada abre un debate que estaba más o menos dormido. Hablan del derecho a ser padres. ¿Existe este derecho?

"La proposición (de Ciudadanos) es una barbaridad por muchos motivos"

-- Esa proposición es una barbaridad por muchos motivos. En primer lugar, se habla del derecho a la gestación subrogada. Es tremendamente cuestionable que exista un derecho a este tipo de prácticas porque en ningún ordenamiento jurídico se habla de que la maternidad y la paternidad se tenga que garantizar o proteger como un derecho. Puede ser un proyecto de vida, pero en ningún caso es un derecho a garantizar. Parte también del presupuesto de una especie de sagrada libertad, de un derecho absoluto de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y, claro, de una peculiar manera de entender esta capacidad de decisión, ya que no se tiene en cuenta la situación socio-económica y de vulnerabilidad de ellas. Es decir, la autonomía de las mujeres, de cualquier ser humano, tiene que ser necesariamente contextualizada.

Y en estos casos estamos ante una situación en la que las partes son desiguales y la más vulnerable es la gestante. La propuesta se basa en el altruismo, aunque el texto prevé una compensación económica resarcitoria para la gestante y no estipula cómo se va a medir o controlar esa gratuidad. Precisamente el Tribunal Constitucional de Portugal planteó que una de las debilidades de la normativa aprobada en el país vecino es la inexistencia de suficientes controles del altruismo de la práctica. Si se apuesta por esta característica, insisto, imposible diría yo de controlar de manera efectiva, tendrían que perseguirse, incluso penalmente, a las agencias intermediarias que ahora se lucran con este tipo de contratos. Además, y en colmo de los disparates, la proposición no permite que el contrato se lleve a cabo entre familiares que, imagino, sería el contexto en el que el mejor de los casos podría darse esa “entrega generosa”.

¿Nos encontramos entonces con una propuesta mal formulada desde el punto de vista jurídico?

La propuesta legislativa de Ciudadanos, bajo el eufemismo de altruismo, tiene una lógica muy neoliberal, aparte de que es una proposición de ley muy mal planteada desde el punto de vista jurídico. Tampoco podemos caer en el error de regular una materia delicada en función de historias personales, de esos relatos de felicidad familiar tan mediáticos. No dudo que no haya casos de generosidad y altruismo, pero en cualquier caso hay que evitar la probable explotación y no insistir en el imaginario social de las mujeres como seres que existen para satisfacer las necesidades de otros. Además, estamos ante una cuestión que siempre de analizarse teniendo en cuenta un contexto global en el que lamentablemente las mujeres siguen siendo las más vulnerables entre los vulnerables.

Precisamente hace poco se lanzó una campaña que venía a contrarrestar esto. Bajo el polémico nombre de #derechoadecidir que se ha utilizado para defender el aborto, Varias mujeres aseguraban que se convertirían en gestantes de manera altruista si la ley que lo permitiera.

Como dice Marcela Lagarde y yo cito en el libro, “las mujeres tienen que conseguir ser seres para sí mismas”. Tienen que cambiar el paradigma de ser seres para otros. Esa es la perversa imagen del patriarcado, que la mujer es un ser capaz de sacrificarse para otros. Me refiero a que, cuando se analiza este tema, se contempla la gestación de un niño como si fuera una especie de proceso objetivable e inocuo, que se realizara en una especie de laboratorio, cuando todas las mujeres saben que un embarazo tiene riesgos físicos, consecuencias en la salud de la madre, efectos emocionales, huellas en su cuerpo para siempre.

Eso lo puede confirmar cualquier mujer que haya pasado por la experiencia de la gestación. Pero es que, además, es necesario revolver conflictos que se pueden plantear: qué ocurre si hay una malformación del feto, si el bebé no satisface las expectativas, o si se plantea una interrupción voluntaria del embarazo. Y, por encima de todo, no creo que sea admisible en un Estado constitucional como el nuestro un tipo de contratos que, en virtud de una supuesta autonomía, limitan o restringen en la práctica la autonomía de la gestante, que se convierte en una especie de sierva al servicio de los padres intencionales.

Parte del colectivo LGTBI, que en otras ocasiones se muestra en sintonía con el movimiento feminista, se inclina a favor de esta práctica para poder formar una familia. ¿Se equivocan?

Más que del colectivo yo hablaría de hombres gais y, si me apuras, de hombres gais con recursos económicos, que son los que además están haciendo más visible este tema. Yo creo que, de fondo, hay una evidencia: tener una visión patriarcal y machista sobre las mujeres y sus capacidades no es patrimonio exclusivo de los heterosexuales. Y, además, está presente en muchos hombres no solo esa concepción del deseo de ser padres como si fuera un derecho, sino también la idea muy patriarcal de tener un descendiente con el que se compartan genes. De momento lo que no podemos hacer los hombres es parir, por lo que no creo que el Derecho deba convertir, como dice Ana de Miguel en el prólogo de mi libro, lo que es técnicamente posible – siempre gracias a una mujer – es éticamente deseable. En todo caso, me consta que hay parte del colectivo de hombres gais que no especialmente entusiasta con la regulación.

Desde el movimiento feminista a veces se compara gestación subrogada con prostitución. Ambas tienen que ver con el cuerpo de las mujeres y un intercambio económico. ¿En qué medida son similares?

Existe un paralelismo porque tienen mismos parámetros: las mujeres concebidas como seres para todos y como disponibles a cambio de dinero. También desde el punto de vista de quienes usan el presupuesto de la libre elección de las mujeres para justificar prácticas abusivas. Esa argumentación de la libertad extrema flaquea cuando hay necesidades de supervivencia y situaciones de desigualdad. En la gestación también se realiza la disociación entre el ser de la gestante y la mecancía que parece que produce en una especie de “horno gestacional” que usaría como independiente del resto de su cuerpo. De la misma manera, que una mujer prostituida podría concebir su vagina como disociada del resto, como un apéndice que le permite prestar servicios sexuales a cambio de dinero. Me temo que esa disociación es una estrategia más del patriarcado para imponer sus reglas. Del patriarcado y por supuesto del neoliberalismo. La alianza entre estas dos estructuras de poder vuelve, a través de los vientres de alquiler, a cebarse sobre el cuerpo de las mujeres.