“Su moda, nuestras cadenas”: el movimiento feminista se planta contra la industria textil

El movimiento feminista de Madrid ha elegido el día previo a la huelga del 8M para poner el foco una de las industrias que más afectan a las mujeres de todo el mundo, la textil. Como performance, una mujer sentada y trabajando en una máquina de coser en la Puerta del Sol mientras se escuchaba el “ruido ensordecedor” del aparato. Detrás, una larga fila de compañeras ha sostenido carteles con noticias negativas sobre Inditex, el Corte Inglés o Primark mientras gritaban: “Su moda, nuestras cadenas”.

La 'performance', uno de los actos de la Comisión 8M de Madrid para la semana de la huelga feminista, arremete contra uno de los sectores más feminizados y más precarizados. También uno de los que más contamina. “La industria textil es una de las que más nos atraviesa porque no solo nos señala como consumidoras, sino como objetos de consumo”, explica a Cuartopoder Mentxu, una de las activistas. “Nos venden ropa echa por mujeres pobres para mujeres pobres”, añade.

Las activistas en silencio mostraban titulares de noticias. “5.000 despidos en la industria textil de Bangladesh por protestar contra los salarios de miseria”, “la industria textil se sirve de la semiesclavitud para hacer negocio”, “Oysho sigue permitiendo abusos de responsables a sus trabajadoras y se niega a escucharlas” o “Primark expulsa a una madre por amamantar a su hijo”, rezaban algunos de los carteles.

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Con altavoz en mano, las activistas han leído un pequeño manifiesto contra la moda que “explota y cosifica” a las mujeres. “Nos bombardean con cánones de belleza imposibles de cumplir y nos crean interminables necesidades de consumo que llegan a provocar enfermedades psicológicas y físicas como anorexia, bulimia, baja autoestima o ansiedad”, han explicado. “Para el sistema salvaje que domina la economía mundial lo único importante es que no dejemos de consumir”, han denunciado.

Asimismo, también han recordado que las empresas textiles suelen instalar sus fábricas en países donde “no existe regulación de derechos laborales” y en ellas trabajan “mujeres y menores en régimen de semiesclavitud, con jornadas interminables a cambio de salarios de miseria”. Además, la industria “devasta el medio ambiente, esquilma los recursos naturales, contamina el agua con vertidos químicos y destruye las economías locales”.

Para las activistas feministas la industria textil significa “explotación laboral cruel e impacto ambiental irreversible” que alimenta tan solo el beneficio de unos pocos. “Una máquina que no cesa con un ruido ensordecedor nos viste de agonía”. Por eso, la Comisión 8M recuerda que la huelga feminista también se trata de fomentar un consumo consciente y responsable, con derechos y precios justos para todas las personas.