Cuestión de metros de tela

Estela Lola Cedrún Lastra (Puerto del Rosario, Fuerteventura)

Metros de tela negra….

En el recién regreso a la isla, a la salida de metro del aeropuerto de Barajas, me encontré a dos mujeres con niqab. La segunda vez que veo esto en directo. No en foto, no en película, no en una pantalla, en directo, ahí, a mi lado. Me quedé impresionada. Sentí rabia, ira, incomprensión…Ellas me miraban. Yo no podía apartar la vista de ellas. Varias acciones diferentes pasaban por mi cabeza hacia ellas, hacia el velo, hacia el hombre, hacia la sociedad, hacia todos los que pasábamos y mirábamos, hacia los que pasaban y no le daban importancia, hacia ese grupo de adolescentes tardías que ni siquiera miraron… no miraron, ¡no vieron nada!

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La primera vez, hará unos tres años, una mujer con burka en el aeropuerto de Roma, jugando con su hijo, que estaba sentado sobre sus piernas.

Acariciaba a su hijo y le hacía cosquillas.

Llevaba guantes negros.

Yo le miraba a ella. Nunca supe si ella llegó a mirarme.

Ante la prohibición del Gobierno francés sobre el uso y la sanción que podrán recibir aquellas mujeres que usen el burka o el niqab en lugar público, ha habido declaraciones de integristas, afirmando que de esta manera, lo que se estaba haciendo era prohibir a estas mujeres salir a la calle.

Si yo le pregunto a mi madre por qué no usaba pantalones antes, ella siempre me va a responder que porque no le gustaban, que ella prefiere llevar falda, que es más femenino, más elegante.

Quizá en algún momento se atreva a enunciar que en su época, el que una mujer usara pantalones no era decoroso.

Efectivamente: “¿Dónde está el oprobio a la dignidad si la dignidad consiste en la elección libre?”

Pero ¿por qué tenemos tanto miedo a decir públicamente que hay que adaptarse al país, a la sociedad y a la cultura que se acoge? ¿Por qué nos da tanto miedo hacer la afirmación “donde fueres haz lo que vieres”? Nos pueden tildar con muchos adjetivos.

Metros de tela inexistentes…

Fui a comprar flores para el patio de la casa de mi madre ( lo que esta mujer quiera,  yo se lo consigo, hasta la luna si fuera preciso). Voy a unos viveros cercanos a la carretera de circunvalación que rodea  Valladolid. A la vuelta, me pierdo un poco, me despisto. En estos dos años que llevo fuera parece que han construido más que en años anteriores, me pregunto si la crisis del ladrillo ha llegado... y por la carreteruchilla van apareciendo mujeres… Mujeres de todas las razas, complexiones físicas y estilos que ustedes puedan imaginar…y metros de tela inexistentes. “Ahora están ahí”, me dicen al comentar lo visto. “En invierno también”. El pasado invierno, Valladolid llegó a los -15ºC.

Yo les miraba a ellas, y ellas me miraban a mí.

Como bien dice doña Victoria Camps: “En algún momento se ha pensado en profesionalizarlas dado que la demanda existe y seguirá existiendo. Nunca en tomar medidas serias para evitar que las mujeres tengan que someterse a la vejación y esclavitud más antigua y más indigna, sin ningún tipo de dudas”.

Mujeres, aguja e hilo… o cuestión de metros de tela.