Algo huele mal en Madrid

Pablo Padilla *

Pablo_Padilla_nuevaYa llevamos unos cuantos días y parece que a Madrid no le está sentando del todo bien el nuevo año. Un tufillo a podredumbre recorre las calles de la ciudad.

En la zona del río Manzanares, la basura se acumula a lo largo y ancho del Madrid Río, producto de la huelga comenzada el pasado 15 de diciembre y secundada por el 95%­ 98% de los trabajadores que se encuentran amenazados por un ERE. Un ERE, no olvidemos, anunciado sólo 24 horas después de que la empresa Raga­Nitlux consiguiera la adjudicación por parte del Ayuntamiento tras reducir un 36% el presupuesto y, como es habitual, no garantizar la calidad del servicio y los derechos laborales de los trabajadores.

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A lo largo y ancho de la ciudad, la conocida "boina gris" sobrevuela nuestras cabezas y, como advierten desde Ecologistas en Acción, el aire de Madrid ya ha superado los niveles de dióxido de nitrógeno permitidos por la UE para todo el año 2015. Porque ya sabemos que obedecer a Europa sólo es imprescindible cuando se trata de rescatar a la banca, imponer recortes o entregar nuestra soberanía.

Sin embargo, el hedor con el que nos despertamos a diario la ciudadanía madrileña no tiene sólo que ver con la basura acumulada en las riberas o en las calles de los barrios más humildes Madrid, sino con un modelo de gestión y unos representantes políticos que darían risa sino dieran pena y causasen tanto dolor.

Hace tiempo que no sabemos nada de nuestra alcaldesa, quizá esté en un spa descansando de su agotadora función; y el presidente de nuestra comunidad, más preocupado por la obesidad infantil que por abrir los comedores escolares en vacaciones, tampoco se ha prodigado en palabras respecto a la pestilencia que han traído a nuestra ciudad. De quienes sí tenemos noticias es de algunas otras figuras de su entorno. La presidenta de su partido, Esperanza Aguirre, tras conseguir que Alberto López Viejo y Francisco Correa, piezas claves en la trama Gürtel, amañaran 348 de sus actos públicos, manifiesta su intención de presentarse como candidata a las elecciones municipales de mayo. Esperamos que tenga tiempo entre atropellos, persecuciones policiales y su inestimable maestría para cazar talentos de la talla del gerente de las Tarjetas Black, que sigue a sueldo de su partido.

También hemos tenido noticias de Cristina Cifuentes, delegada de Gobierno, que acudió corriendo a las redes sociales para celebrar lo que en cualquier país verdaderamente democrático sería un escándalo: la condena a 4 años de prisión a Alfon con el testimonio policial como única prueba. La alcaldable se jactaba de que la “verdad prevalece” y sin embargo no parece jalear esa “verdad” cuando se refiere a su partido como “partícipe a título lucrativo” en la trama Gürtel. Cualquiera diría que se ha tomado el encarcelamiento de Alfon como algo personal.

Podría parecer que el mal olor que impregna nuestra ciudad es consecuencia de personas concretas ­las aquí citadas y algunas otras­, es decir, que se reduce a una cuestión puntual e individual. Pero no. El mismo Partido Popular de Madrid, que gobierna la ciudad desde hace 20 años, con alguna ayudita extra ­¿os suena el Tamayazo?­, se declara firme defensor de la libertad de expresión pero calla ante la imputación de Facu Díaz por un sketch de humor.

Por suerte, la ciudadanía de Madrid sabe que el momento de la Mafia que nos gobierna se ha terminado. Vamos a abrir puertas y ventanas para echar a quienes han convertido nuestra ciudad en un cenagal, un lugar donde los corruptos campan a sus anchas, los servicios públicos se privatizan, se vende vivienda pública a fondos buitres y se niega el tratamiento a los enfermos. El aire fresco que elimine el tufo que han instalado en Madrid no lo traerán quienes nos han llevado a esta situación o quienes se presentan como la alternativa a base de hacerse fotos por todas partes. Lo vamos a traer la gente decente a golpe de democracia, participación, defensa de nuestros derechos, remunicipalización de los servicios públicos y transparencia.

Porque no es Madrid lo que apesta. Son ellos, su gestión y su modelo de ciudad, que nos excluye a la mayoría, lo que convierte a Madrid en una ciudad invivible.

(*) Pablo Padilla miembro de Juventud SIN Futuro y de la Oficina Precaria.