Tsipras y el síndrome Tina: la alternativa como problema político electoral

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Alexis Tsipras, durante el Comité Central de Syriza celebrado el pasado jueves, 30 de julio. / Orestis Panagiotou (Efe)

Para analizar la Grecia de Syriza sería bueno evitar el lenguaje falsario e intentar, simplemente, decir la verdad. Las derrotas son derrotas y no avances sobre la retaguardia. La condición previa para salir en buenas condiciones de una derrota es encararla con veracidad y afrontarla radicalmente, es decir, ir a sus raíces últimas. El gobierno griego ha sufrido una enorme derrota que va a tener consecuencias graves en Grecia y, más allá, en la periferia sur de la Unión Europea.

Cuando Goliat vence a David siempre hay que condenar al fuerte que se impone y solidarizarse con el débil. Esto obliga a ser cuidadoso en la crítica, a analizar los diversos puntos de vista y, sobre todo, a aprender. Parece claro —Varoufakis ha dado muchos elementos de autocrítica— que la estrategia negociadora ha fallado desde el principio y que no se tenía un análisis realista de lo que es hoy la UE. Tiempo habrá para analizar a fondo los puntos débiles de dicha estrategia. Ahora hay que poner el acento en lo que son las consecuencia inmediatas, no solo para la izquierda griega, de la derrota del gobierno Tsipras.

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Como muchos hemos venido diciendo en estos últimos meses, la negociación entre la Troika y el gobierno griego ha sido, desde el principio, centralmente política. Syriza era un mal ejemplo que había que derrotar y convertirlo en una línea de ruptura para los pueblos y para las fuerzas políticas contrarias a la austeridad neoliberal. La lección que se ha pretendido dar es clara: no se puede ir contra las políticas dominantes en la UE y quien se atreva, lo pagará caro; no es de extrañar que el 'acuerdo' haya sido el peor de los posibles y que ha podido calificarse de capitulación o entrega sin más a la Troika.

Lo que aparece ahora son las lecciones que debemos de aprender, es una versión burda del síndrome thacheriano TINA (There is not alternative), es decir, no hay alternativa a las políticas neoliberales dominantes, impuestas con puño de hierro por el Estado alemán y asumidas por las clases dirigentes, específicamente, del Sur de Europa. Las próximas elecciones van a tener a TINA en el centro de un chantaje discursivo, que va a ser convertido en una línea de masas para colonizar el sentido común de las gentes: o las políticas neoliberales o la salida del euro, es decir, entre la catástrofe o la crisis autoprovocada; más en concreto, recuperación económica o salida del euro, “corralito”, incluido. En esto estará de acuerdo todo el establishment bipartidista, con el añadido de Ciudadanos; obviamente, con el objetivo de situar a la defensiva a Podemos y a IU.

Muchos de nosotros estamos convencidos, desde hace años, de que la Europa alemana del euro es un instrumento decisivo para propiciar un gigantesco proceso de acumulación por expropiación de los Estados y pueblos europeos, especialmente los del Sur. La UE es hoy un sistema de dominación que organiza y administra los intereses generales de las clases económicamente dominantes, bajo la garantía y la hegemonía del Estado alemán. No basta con afirmaciones de principio, es necesario que las personas, que los trabajadores y trabajadoras hagan su propia experiencia de lucha y de acción, aprendan en lo concreto los límites reales del sistema euro. Estamos hablando de una propuesta política que permita avanzar, aquí y ahora, noviembre y más allá, a las fuerzas democrático-populares y de izquierda, en un contexto de crisis de régimen y ante unas elecciones cruciales.

¿Cómo construir la alternativa, a la vez posible y radical, de ruptura democrática y de transformación social? A mi juicio, en primer lugar, diciendo la verdad sobre la naturaleza de esta UE y no hacerse ninguna ilusión sobre su futuro. La UE es, en muchos sentidos, la anti-Europa, la divide y la convierte en un instrumento subalterno de los intereses geopolíticos norteamericanos.

En segundo lugar, hay que clarificar con precisión la naturaleza del adversario. En esto tampoco nos debemos de engañar: estamos ante un enemigo bifronte que expresa un proyecto común y una alianza entre las clases dirigentes de la UE. El Estado alemán ejerce su hegemonía porque defiende un proyecto en el que están de acuerdo las clases dirigentes de los países del Sur. El bloque en el poder en España, en el que se incorporan partes sustanciales de las burguesías vasca y catalana, está de acuerdo con el modelo productivo y de acumulación que los poderes dominantes y las instituciones europeas han diseñado para nuestro país. Este es el problema central y todo lo demás es secundario.

En tercer lugar, hace falta un programa político, económico y social de transición que defienda la soberanía popular, los derechos sociales y las libertades de nuestro país. Este programa debería expresar una alianza entre pueblos y clases de esa pluralidad que históricamente hemos llamado España. En el centro, la reivindicación de un Proceso Constituyente que dé voz, protagonismo y participación a las mayorías sociales en torno a un Nuevo Proyecto de País.

En cuarto lugar, hay que avanzar en una unidad electoral lo más amplia posible, creando condiciones para que pueblos, clases y grupos sociales puedan estructurarse como sujetos políticos. La Unidad Popular es algo más que una fórmula electoral, es la construcción consciente de (contra-) poderes sociales. Hoy, como ayer, la madurez de una fuerza política está relacionada con su concepción del poder. La característica de esta etapa —Grecia lo pone de manifiesto— es que es posible organizar amplios frentes democrático-populares, pero —es el lado negativo de la cuestión— una vez llegado al gobierno, los poderes reales que éste puede ejercer son limitados.

La tensión entre lo que es necesario y lo que es posible política y electoralmente nos acompañará hasta noviembre. Hacer propuestas políticas teniendo sólo en cuenta lo que dicen las encuestas electorales suele ser un mal método, sobre todo, cuando la crisis llega y las percepciones sociales cambian aceleradamente. El discurso político debe buscar una coherencia entre el proyecto y la propuesta programática. El programa debe de ser percibido como viable, posible y necesario, pero, a la vez, articulado a un nuevo proyecto de país que promueva un imaginario social transformador, creencias e ideas que engarcen razones y pasiones. En definitiva, un discurso por el que merezca la pena comprometerse, luchar y votar. Desde otro punto de vista, propiciar una campaña electoral, por así decirlo, no electoralista donde las personas concretas se sientan parte de una identidad colectiva que crea país y pueblo. Para lo otro, ya están el PP y el PSOE.

7 Comments
  1. @carlosmagaro says

    Señor Monereo:
    sitúa usted a Podemos en oposición a ese chantaje de la Troika y sin embargo su líder declaró recientemente que habría aceptado sus condiciones de estar en el lugar de Tsipras (aún estando España en mejores condiciones que Grecia).
    Otra cosa que no acabo de entender es que, sabiendo que Iglesias aceptaría ese chantaje, usted promueva la unión con Podemos (unión o salto sin paracaídas directamente). ¿De qué sirve decir «la verdad» sobre Europa si luego no se plantea una verdadera alternativa?
    Espero que este comentario no se pierda como otros que he hecho, sin duda por motivos informáticos. Gracias.

  2. Alberto Luque says

    Hablar de unidad popular, de «proyecto de una nueva nación» &c., sin precisar cuál puede o debe ser el común denominador, el mínimo de propósitos político-sociales compartidos, es hablar por hablar. Podemos ya es un proyecto basado en mínimos, en objetivos mínimamente anticapitalistas que deberían objetivamente ser adheridos por la clase media y los trabajadores. Pero, como en el caso de Syriza, ni siquiera lo más fundamental está clarificado en tal proyecto. Por ejemplo, se sigue manteniendo la farsa de la «imposibilidad» o «indeseabilidad» de abandonar la UE, de aceptar la ilusión imperialista de que el sistema bancario europeo y la moneda única son una técnica socialmente neutral y eficiente, cuando por otra parte se declara casualmente, aquí y allá, que todo el mecanismo está al servicio del capital depredador. La burguesía europea se regocija con la claudicación del gobierno griego, hasta el punto de que los más desvergonzados no tienen empacho en elogiar la «responsabilidad» de Tsipras, su corroboración del TINA. Los que en su propio bando aprueban ese «ejercicio de responsabilidad» tendrán razón al distinguir entre la legitimidad y la voluntad popular expresada en un referéndum y la política real y la necesidad de tomar decisiones, añadiendo además la siguiente ‘interpretación’ de aquella voluntad expresada en aquel referéndum: que de ningún modo significaba el «No» un rechazo a permanecer en la UE. Pero tampoco significaba lo contrario, sino un voto de confianza en el nuevo gobierno; de modo que éste podía también ‘interpretar’ que el pueblo les apoyará si decide acabar de una vez por todas con la subordinación a los crueles designios de la Troika. Se produce entonces una división, dentro de Syriza, entre dos planes, dos agendas, una de ellas formalmente (falsamente) justificada mediante una interpretación de lo que la mayoría esperaba, a saber: no abandonar la UE. Lo que de seguro no es imputable a la «voluntad» popular es el deseo de claudicar; la cobardía política de Tsipras es inapelable, por más que se pudiese llegar a demostrar que la mayoría de los trabajadores griegos no le habría secundado en caso de haber roto con la Troika y haber iniciado un proceso de transformación socialista autónomo. La burguesía europea está mucho más inquieta y temerosa de lo que podría estarlo la más precaria de las familias proletarias. Se horroriza ante el hecho de que el apoyo popular a Syriza —con independencia de sus divisiones internas— sea ahora mayor que en enero. Porque aunque un adelanto de elecciones aconsejado por la imperiosa necesidad de Tsipras de volver a contar con una mayoría absoluta, tras la desafección de cuarenta de sus diputados, y asegurándose de «depurar» —y ¡a ver cómo!— de las listas a los izquierdistas, incluso esa nueva composición pactista del parlamento griego sería la de una mayoría absoluta para un partido sensible a la defensa de los trabajadores, defensa que a cada minuto le colocará más lejos de un entendimiento, completamente imposible, con la gran burguesía. Y si este temor es tan indisimulable para la propia burguesía, que sólo puede prolongar su dominio corrompiendo y atemorizando a su vez con vanos fantasmas a los dirigentes de la izquierda, es muy decepcionante que sean sólo éstos quienes sienten la fascinación de un gigante con pies de barro. No digo yo que la población en general no esté confundida y no sea sensible a esos fantasmas. Lo que digo es que tanto Syriza como Podemos han cosechado un apoyo popular sin precedentes, que desde luego no significa una adhesión a un programa de transformaciones económicas que brilla por su ausencia, sino simplemente un voto de confianza, una determinación a defender la soberanía nacional y la justicia social, enfrentándose con quien sea. Nadie está pidiendo una garantía ni un informe minucioso y detallado, nadie está marcando ni esperando un calendario riguroso de medidas, de modo que ese sentimiento generalizado de simple ‘simpatía’ popular hacia los nuevos líderes no puede ser quebrantado por diferencias de opinión. Sólo la estupidez, los falsos cálculos, el oportunismo y la cobardía de los propios líderes pueden desbaratar esa potencia.

  3. cayetano says

    Valorado Monereo, como pensador tienes malos momentos, pero tu trayectoria ha sido bastante lúcida y prolija para muchos. El presente análisis que realizas, aún compartiéndolo o por compartirlo, merece una crítica expositiva, que no analítica. Has pensado globalmente y trazado pinceladas del decurso alternativo, cuando en realidad hay que construir desde lo concreto para alcanzar global.
    Esta centralidad de lo concreto a lo general, debe ser el leit motiv de toda contestación y articulación política al €austericidio. Lo planteas, pero de pasada cual pincelada, y debemos comprender que sólo la vinculación de lo cotidiano y concreto respecto a lo general-en este caso europeo y estatal-, articulará mayoría social constituyente en España y Europa.
    Por lo demás, insistir sobre la vinculación concreta, que establece la relación entre el status quo actual de la UE y la vida cotidiana. La necesidad de generar una terna alternativa a dichos escenarios, para no jugar en la vacuidad del farol. Y sobre todo, por dotarla del apoyo social necesario para realizarla, para recuperar el Si se puede.

    Un cordial saludo.

  4. arkaitz says

    hay alternativa democratica por el bien comun de los pueblos europeos de la europa horizontal humana social demcoratica laica etica moral yes we can please 2015……
    LAS POLITICAS NEOLIBERALES PEPERAS NAZIS DEL OPUS DEI HAN FRACASADO EN TODA EUROPA

  5. Valeria Santander says

    Mis estimados, buena redacción, buen contenido Muy agradecido

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