BAD GODESBERG II / El nuevo candidato se dispone a efectuar una segunda renovación en profundidad del partido

Segunda renovación histórica del PSOE: hacia el mercado posible y el Estado necesario

GUSTAVO MATÍAS | Publicado: - Actualizado: 20/6/2017 12:11

Pedro Sánchez, en un momento de su alocución final ante los participantes, e invitados, en el 39º Congreso Federal del PSOE, celebrado el 17 y 18 de junio en Madrid
Pedro Sánchez, en un momento de su alocución final ante los participantes, e invitados, en el 39º Congreso Federal del PSOE, celebrado el 17 y 18 de junio en Madrid. / PSOE (Flickr)

La segunda renovación del PSOE, tras el Congreso de Suresnes, en 1974, llega con la intención de estabilizar y modernizar España. El medio para lograrlo es recuperar los seis millones de votos perdidos hacía la izquierda o la abstención, ocupando, en realidad, en España y en la Unión Europea (UE) el espacio político del centro-izquierda creíble, situado entre nosotros de Unidos Podemos a Ciudadanos y Partido Popular. Sánchez ejecuta para ello un segundo Bad Godesberg: tanto mercado como es posible, tanto Estado como sea necesario.

A la izquierda radical y a la derecha, tanto políticas como mediáticas, les cuesta entender esta encrucijada de actualidad, como les costó explicarse el inicio y desarrollo de la vía nacionalista del capitalismo español, en los últimos dos siglos, especialmente en la restauración tras la I República, cuando los patronos organizaban manifestaciones a sus trabajadores en defensa del arancel. Todos los días tenemos muestras de ello, extremadas por el editorial del diario más influyente en la democracia española, al titular como el Brexit español el triunfo de Sánchez en las primarias socialistas del 21 de mayo, o la reciente tribuna del directivo del mayor diario y revista económicas, que califica también desde el título de energúmeno al estratega económico de este giro, Manuel Escudero.

También la derecha económica, e incluso algunas de las fuentes informativas de los mercados españoles e internacionales, muestran día tras día ejemplos de esa irrealidad que alimenta la irracionalidad en la economía y la política. El bróker y evaluador de mercados Nomura, adquirente del quebrado Lehman Brothers en Asia y Europa, que como otros similares calificadores o agencias de rating de gobiernos y empresas, vaticinaba, pocas horas antes de evidenciar su fracaso, el triunfo en las primarias socialistas de Susana Díaz, que juzgaba fundamental para la estabilidad española.

Les sucede eso a unos y a otros, porque les cuesta observar con perspectiva analítica y leer antes de emitir juicios, así inmersos en tan poco valor histórico. Basta leer el documento estratégico que permitió a Pedro Sánchez ganar las primarias (con 245 sumarios de propuestas) para entender que el PSOE sencillamente asiste ahora a su segundo Bad Godesberg, histórico Congreso socialista del SPD alemán en 1959, cuando se alejó del comunismo y proclamó que los socialdemócratas aspiran a “tanto mercado como es posible, y a tanto Estado como sea necesario”. Como basta leer el Programa 2020 de Podemos para constatar, al compararlo con las propuestas de Pablo Iglesias en su moción de censura a Mariano Rajoy este martes y miércoles, que la estrategia puesta en marcha por Sánchez ya ha empezado a equilibrar y modernizar la política española.

La necesidad de observar y leer en las fuentes originales sigue presente cuando el pasado jueves se cumplieron 40 años de las elecciones del 15 de junio de 1977, que restablecieron la democracia, al día siguiente de que España viviera dos días de moción de censura al Gobierno de Mariano Rajoy (presentada por el Podemos de Pablo Iglesias tras su Congreso de Vistalegre II con la abstención del PSOE) y tras el fin de semana de memorable política en el 39º Congreso de los socialistas españoles. Días centrales en que se confirma la segunda renovación del PSOE, segundo partido obrero en llegar a Europa (1879), tras el SPD alemán, que en su Congreso de 1959 abraza la economía social de mercado, pasa de partido de clases a partido popular y apuesta por la integración alemana y europea, tareas que ultimaría a partir de los años setenta el gran canciller Helmut Kohl, muerto el 16 de junio a los 87 años, horas antes de que empezara, el sábado 17 de junio, el cónclave socialista.

El PSOE abanderado por Pedro Sánchez, al igual que el que empezó a liderar Felipe González tras el Congreso de Suresnes (primera proclamación española del Bag Godesberg de 1959), viene a ocupar desde ahora un nuevo centro político en España y Europa, movimiento que salta los mapas bidimensionales de ideologías diseñados por David Nolan o Jerry Pournelle, antes de llegar el actual digitalismo multidimensional, pues el programa que tanto cuesta leer a quienes lo critican desde la ignorancia, está claramente diseñado para volver a modernizar y estabilizar una España que ha perdido mucho más que otros países con la crisis iniciada el 2007. Y me refiero a los documentos o ponencias estratégicas, no a lo que el deficiente márketing político de este Congreso vende como “Somos la izquierda”, cuando en rigor debería vender la izquierda creíble; es decir, la posible y necesaria, en analogía con los conceptos de aquél Bad Godesberg alemán.

Como era de esperar, Pedro Sánchez ha sido proclamado como líder del PSOE en la cita congresual del IFEMA, tras asistir a una resurrección política tan inesperada hace ocho meses como la de Jeremy Corbyn en Reino Unido. Propone, como cuento en la edición impresa de este mes de la revista Consejeros, y reflejan parcialmente su versión digital en inglés y español, un nuevo contrato social para modernizar y estabilizar España, a partir de una alianza progresista europea, frente a la actual o próximas crisis del neoliberalismo, dando por fracasada la tercera vía socialdemócrata por su excesiva moderación. Ubicado entre el radicalismo nominal de Alexis Tsipras, en Grecia, y el social liberalismo de Emmanuel Macron, en Francia, espera trabajar con todos ellos y en línea con la alianza de izquierdas de António Costa, en Portugal para hacer posible desde la Unión Europea una alternativa a ese neoliberalismo extendido desde los años setenta y sus secuelas populistas que gobiernan Estados Unidos y han crecido en otros países europeos a derecha e izquierda.

El nuevo PSOE, renovado como en los años setenta y con un liderazgo tan fuerte, busca así una alianza con los progresistas y demócratas europeos y mayor integración supraestatal que el nuevo plan de los actuales eurócratas consensuados por populares y socialistas, no plegable a las humillaciones de Donald Trump: en vez de duplicar hasta el 2% del PIB su gasto militar en la OTAN, invertir en seguridad, vía cooperación, desde un fondo para la Defensa Europea. Sus objetivos económicos serían más claros: Banco Central Europeo con la misma capacidad operativa que la FED, con mandato añadido de empleo (España sigue con un tercio menos que en 2008); economía justa y sostenible, que ponga fin al ‘austericidio’ y lo sustituya por una política de estímulo e inversión en tecnología y economía digital; mutualización parcial de la deuda europea y condonación escalonada para países bajo los efectos del rescate (Grecia); con un presupuesto europeo que alcance el 3% del PIB de la Unión y se financie con impuestos comunitarios, como un impuesto a las emisiones de CO2 y una tasa a las transacciones financieras; erradicación de las finanzas especulativas e improductivas y de la vergüenza de los paraísos fiscales; derechos sociales como elemento vinculante de los tratados, con seguro de desempleo europeo y armonización del salario mínimo europeo; la unión bancaria y la moneda única complementada con elementos de convergencia social; una diplomacia reforzada y mancomunada, más activa en Naciones Unidas, G-20, FMI y Banco Mundial; apuesta por un desarrollo sostenible que ponga fin a las brechas de desigualdad y pobreza, más proactiva ante Oriente Medio, América Latina y África, y con el 0,7% del PIB para cooperación al desarrollo.

En estos ocho meses desde que fue forzado a dimitir por una especie de golpe de Estado dentro del PSOE, apoyado por socialistas que gobiernan en media docena de regiones, Sánchez ha desmontado hasta ahora los principales reproches y vaticinios usados por la derecha política y mediática, algunos con apoyos a siniestra: perdedor, inseguro e inmaduro (desconfiable), veleidoso, cambiante, en manos de Podemos, riesgo para la estabilidad, etcétera. Decían sobre todo que su victoria anticiparía otras elecciones generales (hipótesis que el presidente Rajoy y el mismo Sánchez desmintieron al día siguiente de ganar éste las primarias), además de subir la prima de riesgo española y de hacer bajar la bolsa, por lo que sería incluso mayor riesgo que el referéndum para la independencia de Cataluña. Ninguno se ha confirmado, aunque insisten en el riesgo de podemización, porque sus críticas a las élites y a las políticas de austeridad estarían calcadas del programa 2020 del partido de Iglesias quien, sin el necesario apoyo del PSOE, ha promovido una moción de censura al presidente Rajoy y otra a la presidenta de la Comunidad de Madrid, acciones por ello interpretadas contra sus dos competidores en la oposición, PSOE y Ciudadanos.

Al contrario, sin esperar a plasmar sus ideas en las concreciones del próximo programa electoral, Sánchez ha empezado a ejecutar una dura oposición al neoliberalismo y centralismo que achaca al Gobierno del Partido Popular para recuperar los más de seis millones de votos perdidos desde que empezó la crisis, primero financiera y luego económica, social y política. Esos votos se fueron a otras formaciones de la nueva política antes inexistentes (Podemos y Ciudadanos) o al aumento de la abstención entre las elecciones del 2011 (4,5 millones ) y Parlamento europeo (1,5 millones).

Esa dureza, que si no logra alcanzar el poder conseguirá al menos políticas más sociales del PP, intenta recuperar la confianza e ilusión política del electorado con un proyecto autónomo y participativo reconocible por su clara alternativa al neoliberalismo y atractivo para profesionales, comunidad científica, líderes sociales y sindicales. En las dos primeras etapas dentro del PSOE ya ha tenido éxito, un triunfo que espera corroborar ante el resto del electorado en las siguientes:

Primera, en los ocho últimos meses de campaña ante los 187.360 militantes, donde ganó por mayoría absoluta al superar el 50,2% de los votos y hacerlo en todos los 19 territorios, salvo en los de procedencia de sus dos rivales: la Andalucía de Susana Díaz y el País Vasco de Patxi López. Como esto restó autoridad a quienes ayudaron a descabezarle para que el PSOE se abstuviera a fin de facilitar el Gobierno de Rajoy: esos barones regionales, los expresidentes socialistas Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero que gobernaron más de 20 años (tres legislaturas el primero y dos el segundo), así como a los poderes económicos y mediáticos.

Segunda, ante los más de mil delegados del 39º Congreso Federal enviados por los 19 territorios españoles, quienes con un 70% de los votos han aprobado su programa estratégico previo de renovación de la socialdemocracia. Un documento de casi 200 páginas, de las que 72 contienen 84 enmiendas a la comisión gestora presidida por Javier Fernández, que comenzó a actuar tras el cese forzado de Sánchez. Previo y estratégico, porque del mismo tendrá que inspirarse para la concreción de propuestas concretas.

Tercera, al proponer un Estado federal ya desde este pasado fin de semana a partir de una subcomisión parlamentaria dentro de la Comisión Constitucional para resolver, en diálogo con los demás partidos, una reforma de la Constitución de 1978 que resuelva el problema de Cataluña con la oferta de mantener la soberanía en el conjunto del pueblo español y perfeccionar el carácter plurinacional del Estado, apuntado en el artículo 2 de la Constitución. La reforma se presenta como integradora para reducir las grandes desigualdades interterritoriales y reconocería nuevos derechos civiles, políticos, sociales y ambientales, sobre todo de los hoy postergados entre las grandes canteras de votos (jóvenes, mujeres e incluso pensionistas); derogaría la reforma del articulo 135 (aprobada en 2011 bajo la presidencia del socialista Zapatero con apoyo del PP); incorporaría a la Unión Europea, y revisaría el Titulo VIII para desarrollar el Estado federal.

En cuarto lugar, propiciar desde la oposición o el gobierno un nuevo contrato social en torno a los objetivos de generar empleo y salarios decentes, y repartir el trabajo (semana de 35 horas) para integrar esos colectivos y evitar tanto los crecientes riesgos de pobreza actuales, como los futuros que se derivarán de la digitalización, sin excluir en ese futuro una renta básica con un objetivo de renta mínima a modo de beneficios fiscales que operan como transferencias de renta indirectas. Con medidas como derogar la reforma laboral y el Decreto de grados (3+2) del PP, intenta recuperar el peso que tenían los salarios en el PIB de 2011 (20.000 millones de euros superior), con salarios mínimos de 1.000 euros mensuales para 2020, hasta el 60% del salario medio fijado por la Carta Social Europea, y con políticas activas de empleo (frenadas por el Gobierno del PP e incluso el andaluz de la socialista Díaz) financiadas con suprimir las bonificaciones actuales a la contratación y dirigidas a crear en cada comarca un nuevo servicio integrado de formación y empleo especialmente dirigido a los jóvenes. Todo ello con más gasto en educación (hasta el 5% del PIB en un principio y el 7% a medio plazo, con 2% para la universitaria), apoyo público a la I+D+i por encima del 3% del PIB europeo, y otras de rigor ante los monopolios y de responsabilidad social, complementado el indicador de PIB con un índice de Progreso Seguro (IPS, mismas iniciales de Pedro Sánchez), para que sea difundido al tiempo que se dan a conocer los datos oficiales del PIB, y en línea con el objetivo declarado por el SPD alemán en Bad Godesberg en 1959: “Tanto mercado como es posible, y tanto Estado como sea necesario”.

Gustavo Matías es profesor titular de Estructura Económica y Economía del Desarrollo en la Universidad Autónoma de Madrid.

Linkedinhttps://www.linkedin.com/in/gustavo-matias-ba579aba

Twitter: @infolitico 

  • florentino del Amo Antolin

    Tanto mercado como sea posible, y tanto Estado como sea necesario. Y si no lo tenemos.. Lo encargamos a Zaragoza!. Señor Gustavo Matías: Nos lanza retorica elemental para crédulos barbilampiños; ¿ donde están los Obreros, los militantes? ¡¡ Ah !!. Sí, esos que comen cuando gana la selección, y después de ver una corrida. No hay peor ciego que el que no quiere ver.. Lo ha unido muy bien usted; pero no deja de ser una suposición difícil de superar. Entre Barones, grupos de presión.. La cancha que le dieron a C,s, homologándolo, también les hará difícil recuperar nada; aunque las encuestas las carga el mismo IBEX35%. Sí, ese mismo que subvenciona como el Gobierno actual: Por afinidades de mercado, y por Nacionalista Español.. ¿ Donde están las personas ?. Con razón ponen PxxE.. En el diario . es viene un reportaje sobre lo mismo.. Pero de verdad!. No buenas voluntades maceradas para la ocasión. Salud Trabajo y República!.

  • eledonio

    DE NACIONALIDADES VA: LAS NUEVAS DEL XXI.- ¿ … y quién me dice que no logramos hacer de mi
    pueblo una Nacionalidad de 1ª, ehhhh…? Ya veremos. Ya está abierto el melón. Claro,
    siempre que no lo pidan antes o también algún barrio, alguna calle o plaza por
    su cuenta; y es que aquí y ahora todos tenemos derechos iguales a
    “decidir” por si queremos ser nacionalidades o no, que para eso se
    aprueban las cosas, digo yo, releche…! La cosa – dicen – es estemos cómodos,
    cómodos, cómodos, a nuestras anchas; y si nos importunan…, pues pedimos y
    votamos para hacemos Estado y no hay
    quien nos pare; miren al Puigdemont, va embalaooo… (Lo cierto es que el progreso y dinámica que
    ha emprendido el mundo moderno se ha basado
    – y basa – en la integración o cooperación y no en la desintegración,
    segregación o atomización al gusto sentimental de cada territorio y sus
    poblaciones, dado que se precisa un nº alto de ciudadanos contribuyentes y
    cotizantes, de poblaciones potentes, para lograr dotarse de buenos colegios,
    buenos hospitales, buenas pensiones y buenas carreteras, esa es la realidad a
    ras de tierra; porque los mini-Estados fallidos, podrán ser muy emotivos y
    sentimentales – decimos – pero, en definitiva, una ruina total y desesperada
    para la gente; la opción comunista, obviamente, es desechada en redondo por
    impensable…) Saludos.

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