¿Tengo que apoyar a Maduro?

Un mural del barrio 23 de enero, de Caracas, representa a los héroes de la revolución bolivariana
Unas vallas instaladas en el barrio 23 de enero, de Caracas, muestran a los héroes de la revolución bolivariana, de izquierda a derecha: Manuel Marulanda ‘Tirofijo’, Fidel Castro, Simón Bolívar, Jesucristo, Hugo Chávez, Ernesto ‘Che’ Guevara, Salvador Allende y Néstor Kirchner. / Eneas de Troya (Flickr)

Si eres de izquierda, tienes que apoyar a Maduro. Un nuevo mantra para la opinión pública española. Ya, pero antes debemos preguntarnos si Venezuela es víctima de un ataque imperialista liderado por EEUU o de la ineptitud de quienes están al frente de su gobierno. Ante la imagen de las colas en las gasolineras de un país que es líder mundial en reservas de petróleo, de poco sirven los eufemismos. ¿Tengo que apoyar a Maduro? No me vale eso de “es uno de los nuestros”. Ante un drama humanitario que afecta a 31 millones de seres humanos, hay una exigencia moral de argumentos más sólidos.

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Claro que el PP y otros utilizan Venezuela con fines electorales y empresariales. Lo he denunciado en más de una ocasión. Por eso es más inaceptable que desde sectores de la izquierda española se facilite esa estrategia negando hechos evidentes. Desde Hugo Chávez, el gobierno venezolano es responsable de haber endeudado al país, multiplicando por seis su deuda externa, cuando el precio del petróleo estaba por las nubes. No es que tengan “demasiado Estado y poca sociedad civil”, como les disculpaba hace unos días en un encuentro de Podemos en Cádiz Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia y teórico destacado del movimiento bolivariano. Es que son un desastre de Estado, en el mejor de los casos.

Venezuela vive una catástrofe como resultado de años de políticas económicas suicidas, como se comprueba en un reciente estudio de la Universidad de Harvard. En los últimos cinco años el PIB per cápita ha caído un 40% y el ingreso nacional, más de un 50%. El despilfarro de los años de vacas gordas y la caída del precio del petróleo han provocado el colapso de una economía con pies de barro. Ni les prestan ni tienen recursos para importar. El resultado: un desastre  humanitario que pagan los venezolanos. Responsables: los que han guiado al país al precipicio. No hay detergente que borre esa responsabilidad, ni fake news o hechos alternativos que la disimulen.

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No hay imperialismo que sirva de tapadera a esas colas para comprar medicamentos de miles de venezolanos ante un pequeño puente de la frontera con Colombia, que pueda explicar la vergüenza de los datos hirientes de tres universidades venezolanas o los del Observatorio Venezolano de la Salud. La pobreza aumentó del 48% al 82% en 2016; el sueldo mínimo mensual bajó de 295 dólares a 36, lo que, medido en calorías, supone que los venezolanos pueden adquirir menos de la quinta parte que los colombianos con su salario, a pesar de ser históricamente más pobres. Los datos sanitarios son los propios de una crisis humanitaria. No hay compromiso ideológico que pueda justificar esto. Y, por favor, no le pasen a la izquierda española el coste político de este desastre.

Esta actitud de justificar lo injustificable no es nueva. En “Recuerdos de la guerra de España” (1942), George Orwell ya describía cómo cierta izquierda ocultaba los hechos, que podían perjudicar a “la causa”, construyendo “superestructuras emocionales sustentadas en eventos que no ocurrieron jamás”. No es una cuestión sobre disciplina ideológica, de partido, sino “sobre la verdad o la mentira”. No es nada nuevo, pero sigue siendo injustificable, entonces y ahora, el argumento de que reconocer los hechos “es inoportuno” o “se le hace el juego a la derecha”. Además, esa estrategia no sirve para convertir en éxitos los fracasos del llamado “socialismo del siglo XXI”.

Venezuela muestra que en la política española hay una guerra absurda sobre quién decide quién es ser de izquierda. Como sentencia Humpty-Dumpty, el personaje de Lewis Carroll, sobre el significado de las palabras, se trata de saber quién es el que manda. Se observa una presión agobiante para imponer un pensamiento único en la izquierda. Aburren ya esas campañas de PPSOE, PXXE, “El PSOE siempre ha sido de derechas”. En España seguirán compitiendo dos opciones en ese campo ideológico, una de tradición socialdemócrata, otra con raíces anticapitalistas y comunistas.  Y raya el absurdo pensar que será posible un gobierno de la izquierda que no articule la opción socialista-socialdemócrata. Aunque hay ideas que pueden sobrevivir años después de fracasar y perder el pulso.

Como señala el filósofo José Luis Villacañas, afín a Podemos, con qué rapidez los partidos nuevos se están haciendo viejos. Hace unos días estuvo en Madrid Slavoj Zizek, la estrella ascendente del nuevo comunismo, al que han elogiado Iglesias, Errejón y otros líderes de Podemos. Es de agradecer la claridad con la que se expresa, pero, descontados los que él llama “chistes dialécticos”, nos queda un comunista de toda la vida.

Mantiene Zizek con poca originalidad que, cuando otros siempre está dispuestos a llegar a acuerdos con la derecha, los comunistas serían los únicos que “defienden incondicionalmente la libertad y la justicia contra el poder autoritario”. El gran desafío estaría en dar forma a la futura revolución con nuevos sujetos revolucionarios y, como siempre, se considera material adecuado para la lucha de clases todo lo que se mueve, se llame 15M o “precariado”. Así lo ve el famoso filósofo comunista: “¿Acaso no es lo que hemos hecho en la últimas décadas, olvidar el nombre de comunismo para designar el horizonte definitivo de nuestras luchas emancipadoras? Ha llegado el momento de recordar por fin esa palabra”, así que es por eso que “hay que repetir la revolución”, la del 17, que ha sido conmemorada estos días.

Me parece lógico que exista una izquierda de tipo anticapitalista, comunista, como la que representa el llamado movimiento bolivariano y otras fuerzas políticas europeas, pero no son “la izquierda”, toda la izquierda. Y, si se trata de mostrar un “socialismo del siglo XXI”, mejor hacer una visita a los países nórdicos, esos que Zizek y sus colegas no suelen citar.

De momento sería conveniente que todos nos ocupásemos de lo urgente, de responder a la crisis humanitaria que están viviendo los venezolanos. Y Maduro, que ha acusado de “cobarde” al presidente de México, Enrique Peña Nieto, debería tener el valor de reconocer la situación de emergencia humanitaria en su país y aceptar la ayuda internacional. Eso sí afecta al honor de la izquierda.

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