EJEMPLO / El país vecino sale de la crisis sin dejar a su gente en el camino

De follar poco a estar bien jodidos o menos mal que nos queda Portugal

ALFREDO CONDE | Publicado:

oliveira salazar escucha a Franco en 1949.
El dictador portugués António de Oliveira Salazar escucha a su homólogo español, Francisco Franco, en presencia del ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo, durante un encuentro en 1949.

Cuando quien escribe era un mozo –un rapaz, como todavía decimos en Galicia– se solía dar una definición de español que quizá hoy suene de otro modo muy distinto al que ofrecía entonces. Los más viejos de la tribu recordarán que se decía del español medio, medio en broma, medio en serio, que era un señor bajito, moreno y con bigote siempre con cara de mala leche porque creía follar poco. En  realidad no se decía follar, sino joder, pero bien se ve que los tiempos cambian y que ya no lo hacemos como lo hacían nuestros abuelos y, en los lejanos tiempos de mi juventud, al parecer no lo hacíamos los españoles medios.

De entonces a hoy el mundo ha ido cambiando mucho. Ya no somos tan bajitos, lucimos  más barbas que bigotes, pululan por las ciudades muchas cabezas afeitadas, lo hacen muchas otras mucho más que repeinadas, luciendo increíbles tupés, mechas de colorines, rastas foráneas y gorras de beisbol pese a que por aquí nadie sabe coger un bate y, cuando en una peli, ve un partido de la cosa no entender nada de lo que en él sucede.

«Joder se sigue jodiendo, pero por vía administrativa y, de hecho tan crudamente expuesto, se pueda deducir la causa de esa cara lácteo-amarga que lucimos»

Sin embargo, no se nos ha quitado la cara de mala leche a pesar, eso dicen, de que ahora y de un modo u otro se folle bastante. Lo que sí es seguro es que joder se sigue jodiendo –jodiendo cantidad, reconozcámoslo– pero por vía administrativa y que, de hecho tan crudamente expuesto, se pueda deducir la causa de esa cara lácteo-amarga que colectivamente lucimos.

Disculpen que no les aporte datos que todos conocemos, circunstancias que todos padecemos, cifras que todos manejamos o consideraciones que empiezan a ofrecerse rancias y colaboran a la mala cara colectiva que ofrecemos. Efectivamente la economía española va bien, al tiempo que la de los más de los españoles va mal, los contratos que se denominan basura y que en realidad son unos contratos de mierda se extienden como una peste y cada vez somos más serviciales, tenemos más camareros y la sociedad se ofrece más fracturada.

Contrasta esta nuestra realidad con la que ofrece el país que, no sin cierta conmiseración los españoles siempre hemos denominado vecino; es decir, con la que ofrece Portugal. Los gallegos, que no queremos ser portugueses sino y simplemente gallegos, pero que  amamos y visitamos con frecuencia al país hermano, constatamos la ausencia de un rictus amargo en la cara de nuestros vecinos, mucho más vecinos y próximos que asturianos o castellano-leoneses, si todo ha de ser dicho.

«Aquí se desbarataba todo y nuestro nivel de vida colectivo decrecía al compás del crecimiento del de las grandes fortunas españolas»

Quizá se deba al hecho de que, mientras aquí se desbarataba todo y nuestro nivel de vida colectivo decrecía al compás del crecimiento del de las grandes fortunas españolas, en Portugal y gracias a una serie de medidas que nada tenían que ver con las nuestras, la crisis está siendo superada por el país en su conjunto y la gente puede sonreír como lo hace.

Como quien escribe carece de formación al respecto, de forma y modo ciertamente lamentable, de nuevo no puede ofrecer datos contundentes, sino seguir andando por las ramas escuchando el rumor del viento y el lenguaje que gracias a él ofrecen el conjunto de las hojas.

A veces se pudiera pensar en que son los portugueses mucho más ciudadanos que nosotros, dueños de un comportamiento colectivo muy distante del que podemos ofrecer el conjunto de los españoles sometidos, durante demasiado tiempo, a la dictadura de un militar africanista mientras que ellos lo estuvieron a la de un profesor, tan totalitario y tan dictador y fascista en sus conceptos como el nuestro, pero al fin y al cabo un profesor universitario amante de los fados y, se dice también, que de una excelsa fadista.

En un corto espacio de tiempo hemos visto cómo António Guterres ha accedido a la Secretaría General de la ONU y, ahora mismo, cómo Mario Centeno se ha alzado con la presidencia del Eurogrupo. Mientras tanto la candidatura del ministro español de Economía no acaba nunca de arrancar en sus aspiraciones europeas, posiblemente porque Europa reconozca de forma paladina la eficiencia portuguesa, mientras observa con preocupada atención la deriva económica y ahora sociológica, que unida con la crisis propiciada en Cataluña, hacen que podamos augurar un futuro escasamente confortable.

«Seguimos con la casa sin barrer, sonreímos cada mes menos y el gesto agrio se nos está volviendo colectivo o, dicho de otro modo, estamos bien jodidos»

Sea por Oliveira Salazar, sea por Franco Bahamonde, sea por Mariano Rajoy, sea por Felipe VI, unidos estos en unos afanes al parecer criticados por el Rey Emérito, por el mismo que supo concitar tanta esperanza y acertó, con el indudable apoyo de su padre, a que la monarquía fuese restaurada, por todos aceptada y más tarde a transmitirla al actual monarca, ese mismo rey que nos hizo creer en la posibilidad de las Españas,  el caso es que sea por unos o por otros, que no por el rey viejo, el caso es que por aquí seguimos con la casa sin barrer, sonreímos cada mes menos y el gesto agrio se nos está volviendo colectivo o, dicho de otro modo, estamos bien jodidos. Disculpen la expresión y la franqueza.

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