MásterFake: el patético ocaso del castillo de selfies

Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid.
Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, el pasado 12 de diciembre. / Comunidad de Madrid (Flickr)

1.- El Máster ya no ofrece dudas. La pregunta ya no es si el Máster de Cifuentes existió o fue un fraude descarado: la respuesta es obvia. La pregunta ya sólo es cómo se les ocurrió que no pasaba nada por meterse en tal cúmulo de irregularidades sencillas de comprobar e imposibles de rebatir; y cómo una vez evidenciadas siguen haciendo el ridículo aportando papeles que no prueban nada más que más irregularidades y nuevas (y gravísimas) falsificaciones de documentos públicos.

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Y la respuesta se encuentra en la biografía política de Cristina Cifuentes, que es la biografía del PP en la Comunidad de Madrid, siempre de la mano, cronológica y moralmente.

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2.- 25 años de trampas y mentiras. Ese ha sido el método del PP para conservar el poder en la Comunidad de Madrid. Y con ese método, este ha sido su programa de gobierno: desmantelamiento de los derechos sociales, saqueo de lo público y gracias a ambos, financiación ilegal, es decir, nuevas trampas, para seguir manteniendo el poder.

El Partido Popular comenzó sus casi cinco lustros de gobiernos autonómicos en 1995. Entonces Alberto Ruiz-Gallardón consiguió el primer engaño de una larga tanda. Se fabricó un perfil de outsider del PP, un hombre progresista, liberal, casi opuesto al conjunto del PP, una rara avis que gustaba más a los lectores de El País y habituales votantes del PSOE que a los suscriptores de ABC. Fueron años de grandes favores a los constructores, del comienzo de las operaciones en América Latina que dieron lugar al caso Lezo, de la Cajamadrid de Blesa y toda su corte de ladrones invitados al festín.

Después llegó Esperanza Aguirre con un engaño y un fraude. El engaño fue que ella era simplemente una señora entre tonta e ignorante, víctima de las tomaduras de pelo de Pablo Carbonell en Caiga Quien Caiga: Espe, para sus amigos y Espe para quienes nos fijábamos en sus meteduras de pata culturales que eclipsaban su sangrienta política educativa en el Gobierno de (José María) Aznar. El fraude fue la mayor humillación que hemos vivido los madrileños, hace ahora quince años: el tamayazo inició la época del descaro. La sensación de impunidad y la organización piramidal del PP de Madrid puso en marcha la barra libre. Desde 2003 a 2015 los madrileños sufrimos el esperanzato: un desmantelamiento de lo público con una excusa ideológica que escondía la verdadera motivación de sus políticas. En realidad lo hacía para no dejar ni las raspas. Cuando supimos que por cada colegio concertado robaban un millón de euros entendimos, por ejemplo, que la “libertad de elección” era una burda excusa. Se estaba imponiendo un modelo educativo a los madrileños porque a cambio se estaban llevando el dinero a paletadas.

3.- No hay photoshop que limpie esos selfies En 2015 el PP, ya con Cifuentes, pudo mantener la Comunidad de Madrid por un único escaño y gracias a una constante repetida en toda España: ante la duda, Ciudadanos da el gobierno al partido más corrupto posible.

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Los escasos tres años de Cifuentes han pretendido una mentira insólita: desligar a Cifuentes del pasado del PP de Madrid (del que ya era diputada y dirigente cuando aún existía la Unión Soviética), del PP nacional y erigirse en campeona de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Tal desatino tenía que desmontarse pronto y fue cayendo enseguida. En cuanto avanzaban las investigaciones de Lezo y Púnica iba apareciendo el nombre de Cristina Cifuentes en los sumarios. Y ella intentaba guardar las apariencias subida en la misma mentira: Lezo era el resultado de que ella había denunciado la corrupción de los gobiernos del PP Madrid (aunque la investigación llevara meses en marcha cuando su gobierno presentó un escrito en fiscalía y las escuchas señalen a “un tipo de Podemos” –el diputado autonómico Eduardo Gutiérrez- como la persona que estaba destapando la trama); las obviedades contadas por Granados en el juzgado eran una venganza por ser tan limpia. Incluso horas antes de que aparecieran las informaciones sobre el Máster, explicó en el Congreso de los Diputados que si ella no había abierto expediente a Granados y González desde su cargo en el PP de Madrid era porque el PP nacional, Mariano Rajoy, era quien tenía que hacerlo. Las noticias sobre el Máster obedecen, por supuesto, a que sus compañeros no le perdonan que sea tan limpia: la defensa que siempre usa Cifuentes es que el PP de Madrid funciona como una mafia.

4.- El MásterFake: la patética guinda de un pastel imposible. El Máster falso de Cristina Cifuentes es la guinda patética de una forma de conducirse por la vida pública. Todo daba igual, no había ni que disimular, la trampa que se les ocurriera era buena y estaba disponible: ya fuera para enriquecerse, para alterar el resultado electoral o para fabricarse un currículo académico falso. Si Cifuentes quería conseguir una plaza de profesora universitaria se trampeaba todo el itinerario para garantizarse el mejor futuro posible; tampoco sería la primera vez.

Cifuentes hacía lo que todos en el PP, especialmente en el PP de Madrid; su pecado fue hacer como que era la única que no hacía lo que todos, es más, pretendía ser la guardiana de la pulcritud de la pocilga. Ni en eso fue original. Gallardón fue el verso libre del PP; Aguirre se ofrecía todas las semanas a liderar la regeneración democrática del PP mientras protegía a Granados, González, Lucía Figar… Cifuentes no iba a ser menos.

La tensión en el PP de Madrid es entre muerte y agonía. No se escucha a nadie del PP defender que Cifuentes no dimita porque sea inocente, sino sólo porque no tienen banquillo.

5.- La alternativa fake. El problema para los madrileños es que sí lo tienen: el nuevo fraude se llama Ciudadanos. Recordemos una evidencia: si Ciudadanos hubiera podido habría dado la alcaldía de Madrid a Esperanza Aguirre, la de Valencia a Rita Barberá y el gobierno valenciano, balear… a los partidos popular es que comparten con el de Madrid el pódium del latrocinio. Eso fue lo que hizo Ciudadanos en Madrid: mantener en el gobierno al PP de Madrid (de Lezo, Púnica y Cifuentes) y lo que hará siempre que tenga votos suficientes. No hay una sola política regresiva del PP que Ciudadanos haya revertido: se han mantenido los ataques a la educación y la sanidad pública, la fiscalidad para ricos… y el pie encima de la alcantarilla para evitar que el lodazal saliera a la luz.

En las dos semanas que llevan saliendo informaciones, Ciudadanos ha demostrado que el texto del acuerdo de investidura con Cifuentes es casi tan falso como el máster de la presidenta. El único texto que manejan es el cálculo electoralista ignorando por completo las necesidades sociales, democráticas y morales de la sociedad madrileña.

6.- Un año de limpieza para unas elecciones legítimas. Hoy sería urgente desalojar del gobierno autonómico al PP durante el año que quedan para las elecciones. En un año no hay margen para programas de gobierno con más ambición que desalojar a la mafia y preparar las primeras elecciones limpias (sin un gobierno que financie ilegalmente a su partido ni compre tránsfugas tras las elecciones) en la Comunidad de Madrid desde el siglo pasado. Pero es fácil intuir que Ciudadanos apostará en el peor de los casos por un reemplazo de Cifuentes en algún otro cargo del PP revalidando el fraude: igual que Cifuentes no era Aguirre, Garrido (o quien sea) no habrá sido Cifuentes.

Madrid no merece ser presa de la alianza entre una mafia decadente y un partido sin más proyecto que el vaivén de las encuestas. No lo merecía en 1995 ni mucho menos en 2003; no merecía en 2015 que una colección de tópicos y excusas sirvieran a Ciudadanos para castigar a Madrid con cuatro años más de la versión más patética del PP de Madrid. Queda un año y el único objetivo decente es tener un gobierno aseado que conduzca a Madrid a unas elecciones en 2019 en las que la ciudadanía pueda poner en marcha la recuperación de tantos años robados.