Las dos Españas que vienen, o que ya han llegado

El veterano diputado de ERC, Joan Tardà, recorría el pasado mes de septiembre pueblos y barrios de Catalunya haciendo campaña por un 'sí' en el referéndum del 1-O. Repetía, hasta la saciedad, un argumento: "A veces la Historia se acelera y sorprende". Añadía que los independentistas de su generación nunca pensaban que la independencia de Catalunya podía llegar tan pronto. No llegó, pero, a veces, la Historia se acelera y toma rumbos insospechados. Estos últimos días, en los que Rajoy pasó de tener la garantía de terminar la legislatura a ser expulsado de la Moncloa, son buena prueba de ello. Aceleración, sorpresa.

El debate de la moción de censura, más allá de sus múltiples intrigas palaciegas, llamadas de telefóno que nunca serán contadas, reuniones imprevistas, desapariciones de un Rajoy durante horas abriendo a la especulación la posibilidad de su dimisión, deja un novedoso panorama político, un revoltijo en la política española que nos hace revisar los ejes en los que esta marcaba, hasta hace unos días, los términos en disputa. Nueva-vieja política, por un lado. Izquierda-derecha, por otro.

Dos rupturas con lo anterior de suma trascendencia tuvieron lugar el pasado viernes cuando sus señorías, a viva voz, evidenciaban las posturas de sus formaciones políticas. Las fuerzas del 'sí', las fuerzas del 'no'. Dos Españas. La España del 'sí' a echar Rajoy, la del 'no'. La primera gran ruptura de esta semana la encontramos en el propio PSOE, ahora partido de Gobierno. Si Sánchez, contra todo pronóstico, se recorrió "pueblo a pueblo" de España para ganar unas primarias al aparato, a Susana Díaz, y a la "todopoderosa" prensa de papel madrileña, la Corte, una vez recobrado el poder de Ferraz, con el conflicto catalán como telón de fondo y el discurso del 3 de octubre del Rey llamando a los socialistas a cerrar filas, volvió al cauce de un PSOE "de Estado", cortesano.

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Los mandatos con los que Sánchez había regresado a la Secretaría General de la militancia socialista: modernización interna, reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado, Unidos Podemos como socio preferente; fueron cambiados por la mano dura contra el independentismo y las palabras fuertes contra el espacio "del cambio" en pocos meses. El efusivo abrazo entre Sánchez e Iglesias el pasado viernes en el Hemiciclo, el tono conciliador de las intervenciones de Sánchez con Unidos Podemos, independentistas catalanes y el resto de grupos, salvo Ciudadanos y, en menor medida, PP, muestra una de las dos grandes rupturas de esta semana. El PSOE de las promesas que defendió Sánchez en las primarias y que había olvidado durante los últimos meses regresaba, y es, precisamente, el que le lleva a la Moncloa.

La segunda gran ruptura fue la que llevó a cabo el PNV. Pocos días antes había conseguido un acuerdo muy beneficioso para Euskadi en los Presupuestos Generales del Estado, lo que le llevó a votar a favor y a que estos salieran adelante, a pesar de haber repetido hasta la saciedad que no los apoyaría mientras estuviera en vigor el artículo 155 sobre Catalunya. al poco, pasó a votar 'sí' a que el PP abandonara el Gobierno. Ese cambio de bando parlamentario supone, en buena medida, una ruptura con la España del 'no', un paso al frente junto al 'sí'. Se desequilibraba la balanza.

"Entre una España que nace y otra España que bosteza", escribía en su poema Españolito (1912) Antonio Machado, escritor de la Generación del 98 que, como tal, plasmó su profunda preocupación por España en sus escritos perfectamente. El mito de las 'dos Españas' que se recoge en este poema mostraba una fractura entre dos formas de entender el país inamovibles, algo más irreductible que en cualquier otro lugar. A grandes rasgos, y con múltiples excepciones: una España progresista, avanzada, urbana, joven, de izquierdas. Otra conservadora, retrógrada, rural, envejecida, de derechas.

Una idea: 'dos Españas', que Machado recogía del conocimiento del pasado y del comportamiento social ante el devenir del agitado siglo XIX español; que mostraría a la perfección lo que había de llegar: Primo de Rivera y II República, Guerra Civil, dictadura franquista y exilio exterior e interior... Y, en la Transición y después: la derecha y la izquierda. UCD y PP y PSOE, como esquema.

En 2011, el 15-M rompió con esta dicotomía, una nueva generación, que nos relacionábamos con el mundo a través de la intermediación de las nuevas tecologías, impugnaba a la clase política en general. Y tuvo consecuencias evidentes en el tablero político: aparición de Podemos, recomposición de la derecha y efervescencia de Ciudadanos, tal y como analiza, a la perfección Rodrigo Amírola en cuartopoder.es. La nueva política, otro eje que irrumpía para remover el terreno de juego de la política. Derecha-izquierda, por un lado; lo nuevo-lo viejo, por el otro.

La socióloga Belén Barreiro lo plasmaba a la perfección en su libro "La sociedad que seremos", en el que dibujaba, a través de personajes-tipo, estas 'cuatro Españas' divididas según el empobrecimiento del personaje y su conocimiento o no de las nuevas tecnologías, relacionándoles con los cuatro grandes partidos del Estado de la siguiente manera. PP: población envejecida, zonas rurales, bien posicionada económicamente, sin mucho trato con las nuevas tecnologías; PSOE: envejecida, zonas rurales, peor de dinero; Ciudadanos: joven, urbanita, con dinero; Podemos: joven, también urbanita, pero empobrecida por la crisis económica.

La votación de censura a Rajoy y, por consiguiente, la votación que lleva a Sánchez a la Moncloa nos dibuja un tablero político provisional, nada hace pensar que las fuerzas que han apoyado a Sánchez lo vayan a seguir haciendo durante mucho tiempo, pero que invita a reflexionar sobre otro eje que puede entrar en la partida política, si no lo ha hecho ya, a partir de ahora. En el bloque del 'no': PP, UPN y Foro Asturias, que se presentaron en coalición en Navarra y Asturias con el PP a las pasadas elecciones, pero que pasaron a formar parte del Grupo Mixto cuando se conformaron las Cortes. Además de estos, Ciudadanos.

Ciudadanos se situó en ese eje. Es el elemento más llamativo de la España del 'no'. El resto son fuerzas conservadoras, de derechas puras, tradicionales y viejas, salvo Foro Asturias que no es más que una escisión de hace unos años del PP, por motivos personalistas de su fundador Francisco Álvarez Cascos. Ciudadanos se sitúa claramente con las derechas (eje izquierda-derecha) pero con lo viejo (eje nueva-vieja política). Es doblemente llamativo este posicionamiento si tenemos en cuenta que uno de los pilares que siempre ha defendido Ciudadanos es el de la regeneración política (nueva política) y el motivo de la moción de censura era, precisamente, la corrupción del PP.

Por su parte, en el bloque del 'sí' encontramos votos que trascienden el eje izquierda-derecha, pero también nueva-vieja política. Por izquierdas tendríamos a PSOE, Unidos Podemos, ERC, Compromís, EH Bildu y Nueva Canarias. Por derechas, al PNV, ya hemos hablado de esta ruptura, y al PDeCat. Tampoco se ha cumplido la regla de nueva-vieja política en la votación de esta semana. Por viejos, tendríamos al PSOE, ERC, PNV, PDeCat y EH Bildu, aunque la izquierda abertzale formalizó el año pasado una transformación en un nuevo sujeto político. La antigua CIU, PDeCat, llevó un proceso de refundación para separarse, precisamente, de los casos de corrupción que acorralaban a la vieja derecha nacionalista catalana. Por nueva política en el bloque del 'sí': Unidos Podemos y Compromís. Nueva Canarias es una escisión del ala izquierdista de Coalición Canarias, cuya diputada fue la única abstención, en el 2005.

¿Cuáles son algunas de las características que dividen el arco parlamentario según lo sucedido el viernes? ¿Qué tienen en común los del 'sí' y los del 'no' para haber votado en común? La clave la podemos encontrar, una vez más, en el PNV. La formación jetzale votó en contra de Rajoy en gran medida por evitar un adelanto electoral, ante la amenaza de Unidos Podemos de presentar una moción de censura "instrumental" que hiciera caer al Gobierno del PP para convocar nuevas elecciones. ¿Su temor? El gran avance de Ciudadanos en las encuestas que presumen que Rivera podría ser el nuevo inquilino de la Moncloa. Ciudadanos llevaba semanas clamando por el fin del 'cuponazo', ese que tantos beneficios otorga a Euskadi en el reparto presupuestario.

¿Qué teme el PNV de Ciudadanos? La formación naranja, hace pocos días, presentaba en sociedad una nueva plataforma ciudadana, con la cual amenaza con presentarse a los próximos comicios, que apele a sectores de la población que vayan más allá de las estructuras del propio partido político. En el acto, que pretendía emular la fundación de un movimiento como el francés En Marche que llevó al Elíseo a Macron, las constantes apelaciones a lo español, la bandera y el himno de Marta Sánchez incluido, le convirtieron más, en parte, en una emulación a un acto del Frente Nacional francés que a la propia plataforma de Macron.

El nacionalismo español de Ciudadanos es otra de las patas fuertes de su discurso: regeneración y España. La primera ha quedado tocada esta semana, la segunda, al alza, al referirse con duros discursos al independentismo y acusar a Sánchez de "socio de Gobierno", cuando nada de eso es cierto, de independentistas. El discurso de Rafael Hernando, portavoz del PP, iba también en este sentido, llegando a sacar a relucir el terrorismo de ETA, pocas semanas después de que la banda se disolviera. Huele a que la oposición al nuevo gobierno vuelva, con el aliento de la prensa madrileña de viejo cuño, a la de la primera legislatura de Zapatero. España soy yo (entonces el PP, ahora también Ciudadanos, el resto, ETA).

Y aquí encontramos la gran diferencia entre el bloque del 'sí' y el bloque del 'no': el modelo territorial. Mientras que los del 'no', Ciudadanos y PP, abogan por la defensa a ultranza de España como única nación y por una recentralización del Estado, el resto de fuerzas políticas, las del 'sí', tienen proyectos territoriales distintos: desde el independentismo de algunos hasta el modelo confederal plurinacional que esboza Podemos, la república federal de IU o el federalismo del PSOE. Todas estas fuerzas saben que el modelo territorial no puede seguir igual. El diseño territorial es, sin duda, la gran disputa entre estos dos bloques, más cuando en los últimos meses el conflicto catalán ha articulado, en gran medida, la política española, y seguirá siendo así durante un tiempo.

Pero, la cuestión territorial no es la única. Hemos visto cómo en los últimos meses desde el poder judicial se ha llevado una actitud muy beligerante contra cualquier tipo de disidencia en connivencia del PP y Ciudadanos: tuiteros, raperos, libros, exposiciones, activistas sociales y políticos... En Catalunya y en el resto del Estado. El recorte de libertades y derechos vivido en el Estado español durante los últimos meses ha sido denunciado por observadores internacionales, organizaciones de diverso tipo y juristas de prestigio. Grandes sectores de la población han criticado algo que, desde determinados movimientos sociales, ya llevan años denunciando: la falta de independencia entre el poder judicial y político, y de estos con las élites económicas.

El modelo económico que defienden los del 'no' es, como hemos dicho, un modelo neoliberal con todas sus características, al más puro estilo Macron. En esto coinciden con PDeCat y PNV, del 'sí', pero hay algo en lo que no: en las competencias tributarias y financieras de los territorios. En materia económica, entre los integrantes del 'sí' hay disparidad de alternativas. Otro elemento que diferencia a ambos grupos: los del 'no' no han puesto en duda, en ningún momento, cualquier decisión judicial relacionada con el recorte de libertades y derechos que decíamos antes. De igual manera, vimos cómo PP y Ciudadanos tenían que tomar lecciones apresuradas de feminismo ante la huelga general convocada por las mujeres el 8-M y las posteriores reacciones a la sentencia de la Manada. Los del 'no' no se entienden con quien no piensa igual, o muy parecido, a ellos.

El bloque del 'sí' que el pasado viernes aupó a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno es muy heterogéneo. Y es un bloque provisional, que tiene tantas visiones distintas sobre cuestiones claves que hacen presagiar que la gobernabilidad de España por parte de Sánchez pueda quedar tocada desde el primer momento. Pero se ha abierto un nuevo eje político que convivirá con los otros dos. Otro eje en el que disputar: frente a la uniformidad, centralismo y puesta en duda de mecanismo democráticos --Ciudadanos lanza el mensaje que la forma de llegar al Gobierno de Sánchez mediante la moción de censura no es legítima--; la pluralidad, la heterogeneidad, las diferentes disidencias e identidades (nacionales, de género, de clase...) y el diálogo institucional como forma de resolver conflictos.

Si el bloque del 'sí' consiguiera convivir y llegar a acuerdos duraderos, más tarde o más temprano, será inevitable la puesta en marcha de una reforma constitucional que intente satisfacer las demandas de este bloque tan heterogéneo. Desde distintas voces se pone en cuestión la arquitectura del llamado "Régimen del 78". La crisis que se alarga desde hace unos años es económica, por lo que evidentemente es social; también es territorial, lo que evidencia que también es institucional; es política y, como tal, cuestiona al poder y a las formas en las que este se representa.

Quizás, tal y como recordaba Andrés Gil en eldiario.es, el bloque del 'sí' tenga algunos paralelismos con el Pacto de San Sebastián que en 1930 fue un elemento clave que apuntalaba la Monarquía de Alfonso XIII. Un precedente más cercano lo encontramos en la Asamblea de Zaragoza que convocó Podemos el pasado mes de septiembre para buscar, en un diálogo con nacionalistas vascos y catalanes e independentistas, una solución a la cuestión catalana. En aquel caso faltaba el PSOE. Pero el PSOE, esta semana, ha escenificado una ruptura con él mismo, algo que se viene fraguando desde que las bases eligieron a Sánchez como secretario general. ¿Cuánto durará?

Lo que une a todas estas formaciones políticas es la concepción de que la complejidad que vive España necesita cambios. Lo que realmente les une es su oposición a la visión uniformadora de los del 'no. Una visión, la del 'no', que sólo puede triunfar eliminando al adversario, bajo el argumento de que "la ley es le ley", diferentes opciones políticas no pueden llevar a cabo sus objetivos. Los del 'sí' saben que para que todos tengan cabida hay que, precisamente, cambiar leyes. Pluralidad y diversidad frente uniformidad y centralismo. Terminaba Machado aquel poema: "Españolito que vienes al mundo te guarde dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Las "dos Españas" que nos hemos encontrado esta semana entran en el barro de la política, como el eje izquierda-derecha, como el nueva-vieja política, como las distintas concepciones nacionales... Veremos por cuánto tiempo. ¿Semanas? O si, acaso, fuera para siempre.