Se trata de Andalucía, que no te enteras de ná

  • Seguramente sea esa la imagen que tienen el resto de España de nuestra tierra: risas, cervecita en la playa, un bailoteo por allá, unas palmas por acá y unos chistes
  • Necesitamos más cantaoras, más raperas, más dibujantes de cómic, más cineastas y más tuiteras que cuenten nuestra historia ahora

Cristian Gracia Palomo, politólogo

Los Aslándticos dicen que “se trata de Andalucía, prima, que no te enteras de ná. De calle estrecha, de vino y fiesta y de perros con mala follá“. Seguramente sea esa la imagen que tienen el resto de España de nuestra tierra y nuestra gente. Ya se sabe: risas, cervecita en la playa, un bailoteo por allá, unas palmas por acá y unos chistes. El perfecto complemento en toda película: personaje secundario graciosete y un poco tonto. Porque si algo no es importante es andaluz, pero si tiene repercusión, importancia, fama o proporciona renombre entonces existe un proceso de apropiación.

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Al menos ahora se empieza a abrir el debate sobre estas cuestiones. Lo hacía Noelia Cortés a raíz del último trabajo de Rosalía, a la que acusaba de apropiarse de unos elementos culturales andaluces y gitanos. También denunciaba lo que hacen con los acentos en series de televisión como con Velázquez y su nulo acento sevillano en el Ministerio del Tiempo. Más allá de lo acertado o no de la crítica a Rosalía (merece un debate propio y largo), creo que es significativo que por fin hablemos de esto.

A esta ridiculización y/o apropiación cultural se suma una cuestión material. Por no retrotraernos demasiado a la cuestión de la deuda histórica (¡o antes!), basta mirar algunos datos del presente. Tenemos la mayor tasa de temporalidad de España. Entre los 15 municipios con menor esperanza de vida 7 son andaluces, pero ninguno de los 15 con mayor esperanza de vida es andaluz. Los 9 municipios con una renta más baja de media de todo el estado también son andaluces. Nos morimos antes y más pobres que en el resto de España. Algo se ha hecho rematadamente mal en la cuestión económica si no somos capaces de revertir estos datos.

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En clave política la cosa no mejora demasiado. A pesar de ser la segunda comunidad autónoma en población, Andalucía ha tenido tradicionalmente un papel subalterno en la política estatal. En el debate de la moción de censura la única referencia que hubo a Andalucía fue al caso de los ERE y la corrupción. Ni al paro, ni a los problemas en sanidad o educación. Ni siquiera a los problemas de narcotráfico en La Línea. El proceso de apropiación e identificación que ha hecho el PSOE andaluz de lo que significa Andalucía sin duda ha ayudado a que sólo se acuerden de nuestra tierra como caladero de votos cada cuatro años. Ni siquiera, a pesar de compartir partido el Gobierno autonómico y el central se va a abordar una cuestión clave: la de la financiación autonómica. Un sistema que no funciona y es tremendamente injusto para con nuestra tierra.

Que no se me malentienda. Por supuesto que el PSOE ayudó en los años 80 a levantar una tierra destrozada que venía impulsando un proceso constituyente en torno al 4D. Igual que intentó apropiárselo, silenciarlo y utilizarlo. En la actualidad el PSOE se ha convertido en parte del problema. También, en algún momento, habrá que valorar el papel que han tenido las fuerzas andalucistas en todo esto y los errores que les han llevado a la irrelevancia política. Porque aunque el PSOE haya sido el actor principal en toda esta historia, ha tenido demasiado a menudo actores de lujos.

Dicho todo esto, ¿y ahora qué? Ahora viene lo más difícil. Porque no sirve de nada dibujar un escenario grotesco y triste que nos de la razón o nos permita ser los más victimistas si no sirve para ser capaces de conectar con sectores amplios de la población andaluza y sin generar un escenario deseable y alcanzable por esa misma población. Si algo fue capaz de hacer muy eficazmente el nacionalismo catalán fue presentar una idea atractiva: querían ser una república nórdica en mitad del Mediterráneo. Para ello marcaron un “nosotros” poroso y blando mientras que se enfrentaban a un “ellos” duro y concreto, que además respondió con la violencia a una movilización pacífica.

La tarea, al menos en el corto plazo, es ser capaces de generar ese “nosotras” blando y que genere los suficientes incentivos culturales, intelectuales e identitarios pero que a la vez señale un horizonte hacia el que dirigirnos. Por supuesto ese nosotras debe tener un pie en el pasado. Tenemos una historia rica, atractiva, diversa. Hay motivos más que de sobra para verse en el pasado y sentir una pizca de orgullo y saber que se comparte un trozo de tierra con gente que tanto hizo por sus congéneres.

Pero si ese pasado histórico no sabe surfear las contradicciones de una época carente de comunidades fuertes se convierte en un guetto, no en un lugar desde el que hacer polítca e intervenir en la realidad. Si ninguno de nuestros jóvenes ha vivido en una corrala de vecinos, no sirve de nada que reivindiquemos esas corralas de vecinos. Necesitamos más cantaoras, más raperas, más dibujantes de cómic, más cineastas y más tuiteras que cuenten nuestra historia ahora y que sean capaz de dibujar ese futuro colectivo. Porque la buena noticia es que en la actualidad existe ese andalucismo. De hecho, siempre ha estado ahí. La diferencia es que ahora sí hablamos de Rosalía, del acento de Velázquez o celebramos que una serie como La Peste tenga acentos sevillanos. Es un proceso seguramente incipiente y del que aún nos queda un largo trecho que recorrer, pero los primeros pasos se han dado.

Necesitamos que esas narraciones giren en torno a los ejes clave del feminismo, el ecologismo y la lucha contra las desigualdades económicas –entre Andalucía y España y entre Sevilla y Andalucía–. Parte de ese camino –que será largo, como todo proceso de construcción hegemónico– se está recorriendo: cada día hay más espacios desde los que reivindicar lo andaluz de una forma fresca y que se sale de lo oficial, copado demasiado a menudo por el PSOE.

Mientras contamos nuestra historia y cantamos nuestro futuro –nada une más a la comunidad que las canciones y los simbólos en los que reconocerse–, necesitamos un proyecto político netamente andaluz. No vale que Andalucía sea una moneda de cambio o un caladero de votos. No vale que la élite catalana se mofe de Andalucía o que quieran enseñarnos a pescar. Tampoco que la meseta venga a decirnos cómo tenemos que gestionar nuestra política interna. Necesitamos respetar nuestra diversidad interna –aquí nadie es más andaluz que nadie– y evitar caer en chovinismos absurdos o folclorismos zafios. Andalucía tiene sus propios problemas y sus deudas para con mucha gente –empezando por el pueblo gitano– y toca pagarlas.

En lo que se aclaran de Despeñaperros para arriba, nosotras a lo nuestro. A pelear por una Andalucía para Andalucía. Una Andalucía que nos proporcione un futuro: un trabajo, una casa o la posibilidad, si queremos y en su enorme diversidad, de tener una familia. Una Andalucía que nos proteja y que no deje a nadie atrás, porque significa que tenemos una comunidad que se quiere y se cuida. Una Andalucía diversa, orgullosa de su pasado, de sus referentes y de todo lo que le ha dado al mundo. De ser una encrucijada de caminos y que guarda mil saberes.

Porque al final iban a tener razón los Aslándticos: Se trata de Andalucía, ¡que no te enterás de ná!