La política líquida de ‘El Gatopardo’

  • La sociedad productiva del oficio y la experiencia deja paso a la sociedad de consumo digital basada en la imagen, el tuit y el emprendimiento también en política
  • Tan excesiva sería la gerontocracia como la efebocracia. Ambas pueden significar cambiar todo o nada en superficie para que todo lo esencial permanezca

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Gaspar Llamazares, promotor de Actúa y portavoz de IzAb federal

Que todo cambie para que todo siga igual”. El Gatopardo.

Hace unos días, un conocido periodista me dijo que creía que la crisis había traído algo bueno con el cambio: (casi) depuración generacional al frente ya de todos los partidos políticos, incluida la derecha, hasta ayer en el Gobierno.

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No me comentó nada sin embargo en relación al discutible currículum o al carácter reaccionario de los postulados políticos del joven dirigente a que aludimos. Tampoco de que el partido del mismo joven hubiese pasado de puntillas sobre la corrupción, precisamente el desencadenante de su caída, ni de las contradicciones evidentes de su elección que las primarias (corregidas por los compromisarios) habían puesto en evidencia.

El relevo y la juventud parecían bastarle como signos del cambio a este periodista. Y no solo a él. Es la tónica en estos tiempos líquidos. Los mismos tiempos paradójicos en que una juventud mejor formada se eterniza en empleos precarios, salarios de pobreza e imposibilidad de promoción.

Ese mismo día escuché decir, no sin cierto orgullo, a uno de los jóvenes presidentes de partido que ya se encontraban todos en un ramillete o en un pañuelo. Primero pensé que se refería al equilibrio en el resultado de las encuestas, pero luego él mismo aclaró que los cuatro estaban en torno a los cuarenta años. Se trataba, por tanto, de considerarse parte de un ramillete generacional.

En definitiva, no es solo que la crisis haya traído como consecuencia el cambio en la representación política con la aparición de dos nuevos partidos a derecha e izquierda, sino que tanto en éstos como en los partidos tradicionales la renovación pasa de hecho tanto por el cambio de sus hasta ahora dirigentes, como por la incorporación de las generaciones más jóvenes a la máxima dirección de los partidos y, en consecuencia, del gobierno.

Algo que no ha sido exclusivo de España. Con las diferencias de cultura y coyuntura políticas, se está generalizando en Europa e incluso más allá (recientemente, en Pakistán). La sociedad productiva del oficio y la experiencia deja paso a la sociedad de consumo digital basada en la imagen, el tuit y el emprendimiento también en política, o sobre todo en la política, que tornan la misma en una máquina de picar carne y a los políticos en material fungible de obsolescencia programada.

Porque, a diferencia de otros países empobrecidos o en desarrollo, España es un país que desde hace décadas forma parte de la llamada revolución demográfica con una pirámide de población cada vez más envejecida.

Resulta llamativo, ya que tampoco la política española desde la transición democrática se ha parecido precisamente al 'cursus honorum' de la Roma Imperial. De hecho, no han dejado de renovarse una parte importante de los cargos públicos en cada convocatoria electoral, así como los dirigentes de los partidos y los propios gobiernos con una cadencia que solo excepcionalmente ha sido superior a una década, y los presidentes del gobierno han superado excepcionalmente los cincuenta.

Sin embargo, a raíz de la crisis ocurre un hecho excepcional por su generalización y pretensión de significado, como si lejos de responder a una razón demográfica o sociológica estuviésemos ante una catarsis y depuración políticas, en este caso generacional, extendiendo el pecado original al conjunto de las generaciones pasadas y a sus representantes como consecuencia de un falso relato de la Transición democrática y de la crisis económica.

Y nunca mejor dicho, porque no solo los nuevos partidos sino también los partidos tradicionales, y en particular sus afiliados y simpatizantes, han decidido depositar su confianza en los candidatos más jóvenes, censurando implícita o explícitamente a los aparatos de partido y a los gobiernos que les han venido dirigiendo a lo largo de los últimos años.  

Es sospechoso desde entonces cualquier dirigente político o gobernante con biografía, entendida ésta como experiencia, sometida cada vez a escrutinio público desde una edad más temprana. Por el contrario, es fiable a priori todo lo joven. Todo esto al contrario que en el resto de sectores y profesiones, donde la experiencia es reconocida como un grado, tanto en el ámbito público como en el privado, sobre todo en los niveles de responsabilidad. Paradójicamente, en la política la edad se ha convertido en un demérito motivo de cautela, cuando no de sospecha.

Basta con ver la edad media de los consejos de administración de las empresas o de los directores y ejecutivos en todos los ámbitos para darse cuenta del contraste. Se podría afirmar que, sin la exageración del cursus honorum romano de la administración y el ejército en lo público, o de la empresa y la banca en lo privado, la constante ha sido hasta ahora una larga carrera de experiencia y servicio privado o público para acceder a los altos niveles de responsabilidad.

La política, muy al contrario, sufre de una devaluación del valor de la experiencia en favor de juventud en sí, lo que va en paralelo a un aumento de la exposición y la exigencia pública cada vez más temprana. La cuestión es, si además de la experiencia, no nos estaremos dejando en el camino las necesarias medidas de cambio y regeneración democráticas, sean éstas preventivas, de formas participativas de hacer política, y de exigencia de responsabilidades sustituidas por la mera imagen de unos políticos sin pasado.

Después de casi una década desde el inicio de la crisis, podemos hacer balance de lo que ha supuesto en la política. No cabe duda que ha cambiado la representación política y a los y las representantes. Tampoco que éstos han traído consigo los nuevos temas y las nuevas formas políticas, en particular lo que tiene que ver con el mundo digital y de las nuevas tecnologías o la comunicación. Podríamos, en definitiva, resumirlo en las luces de la transparencia y la participación digital, pero también en las sombras del personalismo, el bonapartismo, la sobreactuación, los gestos y la agitación políticas.

Es verdad que la política es un ejercicio y no una profesión, como consecuencia no implica inevitablemente una carrera ascendente ni un largo periodo de desempeño. A contrario sensu, tampoco es una actividad menor que se pueda permitir la improvisación, la desprofesionalización y prescindir del necesario equilibrio de edades, de género y de experiencias.

El movimiento pendular no es recomendable. Tan excesiva sería la gerontocracia como la efebocracia. Ambas pueden significar cambiar todo o nada en superficie para que todo lo esencial permanezca.  

4 Comments
  1. florentino del Amo Antolin says

    ¡ Que aseptico Llamazares !. Así, si que no se puede transformar la sociedad, usted practica el gatopardianismo y ni si quiera se moja en llamar por su nombre al ínclito Casado y sus 1.701 un votos con master de Aravaca – Harvar. Se puede tener años y ser un referente joven, pero el idolatrismo, sumisión y vilipendio politico… Quema a las personas si aguantan al gurú del partido; que este parece jovial de puertas para afuera… Pero por dendro es un negacionista, supremacista y capador de otras ( ni mejores ni peores ) ideas renovadoras, e integradoras. Igualico que el candil de Toledo: » Que entristece la casa y alegra al púeblo «. Señor Llamazares, hay formulas, compromisos que son como el » pollinico, siempre es nuevecico «… Solo se tiene que adaptar, otros lo hicieron cuando mandaba usted y Actuaron creando una ilusión renovadora… que el regimen instalado la combate por : Tierra, mar y Aire. Que su inteligencia no le sirva al enemigo politico de sustento. Pues estamos en lo mismo, que cuando eramos más jovenes. Esto, no a cambiado nada !.

  2. ladis-ezkiagabeitia says

    Mira quien habla… el artífice del pucherazo en 2004 durante la VIII Asamblea Federal , cambiando las reglas a última hora permitiendo el voto a los 19 coordinadores regionales para que salieras elegido….eres y serás un TREPA, un traidor a la clase obrera, ¿recuerdas que saliste elegido entre gritos de tongo, tongo, fuera, fuera?.
    La mentira tien les pates muy cortes.

  3. ninja45 says

    Si el gobierno no hace nada por frenar el avance del fascismo, su aliado, Podemos, un partido que muchos creyeron traía viento nuevo, todavía hace menos. No ha tardado mucho en convertirse en parte del establecimiento que ferozmente atacaba. «Si no puedes derrotarlos, únete a ellos”, dice el manual del superviviente. Y unidos están en la casta y en el respeto a las instituciones del Estado, entre ellas, la corona. Basta con escuchar a la portavoz adjunta en el Congreso suplicar a Puigdemont y a los indepes que hagan un ejercicio “de contención verbal”. Pedimos contención a unas personas que padecen exilio y prisión injustos. En Román paladino, que se callen, que puede despertar la bestia fascista que ya campa a sus anchas. Es dura de tragar la peladilla, propinada por quien tampoco se ha distinguido poco ni mucho por reclamar la libertad de los presos políticos. Y, aun así, van a perder. Porque todas sus argucias, su instrumentalización del Estado, prostitución de la justicia, guerra sucia mediática y no mediática no les sirven de nada frente a una sociedad movilizada por un objetivo compartido, con abundancia de recursos materiales, de iniciativa e ingenio. Allá van esos autobuses de Ómnium por las calles de Barcelona pidiendo libertad para los presos políticos. Los verán muchos turistas y saldrán en los medios internacionales. Mucho más que el autobús de hazte oír. Contrarrestar esta campaña estilo tabarnio es complicado. Poner gualdrapas rojigualdas a otros autobuses proclamando que en España no hay presos políticos sino políticos presos no augura nada bueno. Y ponerse a embestir autobuses se hace peligroso, aunque te financie la Begún. La presunta alternativa de gobierno en España no ha sido tal, pues el de Sánchez es continuista del anterior en casi todo (y, desde luego, lo más importante) muy especialmente en lo referido a Catalunya. Sánchez sostenía tener un proyecto basado en el diálogo y una solución misteriosamente llamada “política”. El «diálogo» arranca con dos «noes», la libertad de los presos y la autodeterminación y nace muerto y la «solución política» parece consistir en un referéndum en torno a una oferta del Estado para el territorio rebelde que cuente con el 80% de apoyo en Catalunya, lo que equivale a no decir nada. Si me pegan, me divorcio. Som República !!*!!

  4. Sobreira says

    Gaspar, yo ya estaba harto de estos gobiernos (y empresariado) de viejos, pero tienes razón en que la juventud sóla no mejora nada. Eso si, tampoco por ser jóvenes (para mi 40 NO es ser joven, y menos con las ideas carcas de algunos, que de catártico tiene poco) tienen que ser malos, o peores, mientras sean inteligentes valen (no hay nadie perfecto), pero no inteligentes de «master». Para los puristas y críticos, lo malo de la edad es la mochila, pero la ausencia de edad no evita muchas cosas. Para mí, la causa del rejuvenecimiento es que la política ahora es márketing.
    Creo que entendiste mal lo de «se encontraban todos en un ramillete o en un pañuelo»: estaban todos entre los mismos mocos….

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