La televisión en verano

  • Ver la televisión en verano supone una tortura superior a verla durante el resto del año. Ya se que a alguno de ustedes les parecerá imposible
  • ¿Desprecia la habitual telebasura? Pues durante el mes de agosto le ofrecen esa misma telebasura pero reconstruida, de segunda mano

La mujer entrevistada en el informativo estrella de la cadena nacional no duda un solo segundo cuando le preguntan a qué dedicará sus vacaciones veraniegas: “Aprovecharé que ahora tengo tiempo para leer algún libro”.

Una respuesta inquietante que permite diferentes lecturas. La primera resulta algo desalentadora: durante once meses el personal está tan sumamente ocupado que no tiene tiempo para abrir las páginas de un libro. El comienzo del fin. La segunda, directamente estremecedora: como los ciudadanos leen en vacaciones, las televisiones se toman esos días libres y ofrecen lo peor de su ya infecto repertorio. El fin.

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Ver la televisión en verano supone una tortura superior a verla durante el resto del año. Ya se que a alguno de ustedes les parecerá imposible: No se puede hacer peor televisión que la que nos tragamos durante los once meses laborales, es materialmente imposible, no ha nacido nadie capaz de empeorar semejante bazofia. Infravaloran ustedes el maquiavelismo de los grandes ejecutivos del medio, capaces de las mayores atrocidades tanto audiovisuales como intelectuales. Por ejemplo, rellenar la programación de agosto con informativos de saldo y espacios reciclados. ¿Desprecia la habitual telebasura? Pues durante el mes de agosto le ofrecen esa misma telebasura pero reconstruida, de segunda mano. Para que usted me entienda: en una tórrida noche de agosto, treinta grados, ni una brizna de aire, si usted pone la tele y puede encontrarse con una entrevista que ya vio hace seis meses en la que Miguel Ángel Revilla habla de taxis y anchoas.

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El mensaje que recibe la sociedad es claro: la televisión no es auténtico ocio, no es entretenimiento de calidad, no es nada parecido a la cultura popular. No se confunda usted. La televisión forma parte del lado más miserable de su vida, es decir, de las rutinas chungas, del trabajo precario, de la política podrida, de la desigualdad y la injusticia. Las vacaciones son un espejismo que le consentimos para que no explote, para que no se revele contra el sistema. Contra los sistemas, el social y el audiovisual.

Por tanto, no lea demasiado en agosto. Septiembre está a la vuelta de la esquina y le queremos igual de idiota que antes. Para que siga sintonizándonos.