¿Diálogo? Un Consejo de ministros en Barcelona 43 años después con agitación en la calle

  • "Hacía casi 43 años que no se reunía un Consejo de ministros en Barcelona"
  • "Para la prensa ultraespañola, casi toda, en realidad el Gobierno español se humilló ante Torra"

“Los que afirman defender la libertad y, al mismo tiempo, desprecian la agitación, quieren cosechas sin labrar la tierra”. Frederick Douglass

Hacía casi 43 años que no se reunía un Consejo de ministros en Barcelona. Fue el 20 de febrero de 1976 y lo presidió el heredero designado de Franco, el Borbón Juan Carlos. El pasado 21 de diciembre el Gobierno español del PSOE lo volvió a realizar en la capital de Cataluña. Las intenciones son escurridizas de juzgar y la especulación es inevitable. Desde quien vio la propuesta como un acto de “buena voluntad”, a quien lo vio como una “clara provocación” y “muestra de poder neocolonial”. Y por medio, todas las variantes que imaginar se pueda.  Este consejo se realizó casi en las mismas fechas en las que cuatro presos políticos catalanes abandonaban la huelga de hambre iniciada 17 o 19 días antes, según los casos. Huelga de hambre de presos políticos en la Unión Europea, para asombro de mucha gente que no conoce de primera mano el régimen del 78 y lo que significa tener aparatos policiales, militares y judiciales sin depurar, con amnistía incluida para torturadores de la dictadura.

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Lo que costó con exactitud este Consejo de ministros entre el alquiler de la Llotja, las medidas de seguridad, incluidos los helicópteros sobrevolando la ciudad durante muchas horas y el desplazamiento de muchos centeneras de antidisturbios de la Policía Nacional española, los múltiples alojamientos policiales y del séquito gubernamental…  es algo que muchos se han preguntado. Se acabará sabiendo con precisión.

La noticia del Consejo de ministros era que se hacía en Barcelona. Los acuerdos que tomó este consejo fueron en algunos casos completamente secundarios, en otros muy cuestionables y aún en otros claramente provocadores: bautizar el aeropuerto de Barcelona con el nombre “Josep Tarradellas” (algunos recordamos una consigna coreada por una parte de la izquierda de aquellos tiempos en que volvió a Cataluña este Presidente: “Fora Tarradellas, no volem titelles”, “Fuera Tarradellas no queremos títeres”), “declaración de reparación” de Lluís Companys (no la anulación del juicio farsa del franquismo hace solamente 78 años), 112 millones de euros en infraestructuras en Cataluña que hace tiempo ya habían sido presupuestados y que no acaban de ejecutarse, ninguna mención a los presos políticos y… ça va de soi  ninguna mención indirecta ni remotamente lejana a un posible referéndum pactado (que es por lo que viene clamando la movilización catalana desde hace cerca de 10 años. El 80% de la población, encuesta tras encuesta, se muestra favorable). Y el ya previsto nuevo salario mínimo, además de la promesa de que los ayuntamientos puedan limitar los alquileres: los únicos acuerdos interesantes. Para la prensa ultraespañola, casi toda, en realidad el Gobierno español se humilló ante Torra. No se trata de analizar la realidad, se trata de embutirla en el esquema previo. Y si no, ya se sabe, peor para la realidad.

Las movilizaciones previstas en Cataluña se multiplicaron al saberse semanas antes la intención de realizar esta reunión ministerial en Barcelona. La prensa española, y alguna catalana (que no es, para sorpresa de algunos, tan monolítica nacionalmente como la española), anunciaron aires de guerra civil. De violencia, de barricadas, de heridos, de muertos. La extrema derecha y la derecha extrema tripartita predijeron violencia sin fin. ¡Y cómo hubieran deseado que se hubiera cumplido para sus intereses! Más motivos para ellos en su decisión declarada de seguir con la revancha contra la voluntad de una gran parte del pueblo catalán por el derecho a la autodeterminación. Y revancha cada vez más cruda. Se sabía de la existencia de provocadores para hacer que esta violencia fuera realidad, se sabía también de pequeños grupos que consideran que debe utilizarse alguna acción que se aparte de la vía pacífica oficial de todas las movilizaciones catalanas. El movimiento demostró su madurez, paralizando las provocaciones y encauzando la protesta enérgica en cuanto a sus reivindicaciones de forma pacífica. De momento se frustró el apocalipsis que anunciaba la extrema derecha y la derecha extrema.

Pero tuvieron sus portadas de muchas cadenas de televisión y de periódicos. Si no se hubieran dado estos episodios no pacíficos de la inmensa mayoría de las movilizaciones, se hubieran inventado. Un titular de la portada de “ABC” del 22 de diciembre: “Numerosos incidentes”. Un día después “El Mundo”, por poner otro de los muchos ejemplos a elegir: “Acusan a ‘mossos’ separatistas de pasar información a los CDR”. Y así hasta la nausea.

Hubo muchas concentraciones, paros, cortes de carreteras y protestas descentralizadas por todo el territorio catalán. La manifestación unitaria más importante que congregó a varias decenas de miles de personas el mismo 21 por la tarde tenía un lema en que no aparecía la palabra independencia: “Acabemos con el régimen del 78. Por los derechos sociales y políticos. Por la autodeterminación, contra la represión.”

Los juicios a algunas de las personas más visibles de la llamada revuelta catalana empezaron justamente en las mismas fechas. Un juicio que en palabras de Suso de Toro “[L]o que se está juzgando en este juicio histórico es a los dirigentes políticos elegidos democráticamente por la ciudadanía catalana y a sus dirigentes sociales, de la ANC y Ómnium. Lo que la Justicia, el Estado, está juzgando es a Cataluña como país”. Y la voluntad de la extrema derecha y de la derecha extrema es clara, en las palabras del mismo autor: “[O]cupar un país, juzgar a sus dirigentes y someterlo a ‘territorio nacional’.”

De momento, el Gobierno Sánchez ha pasado otra semana. En sus filas internas se han despertado los sectores ultraespañolistas que poco se diferencian, si es que en algo, de la derecha extrema en el trato que debe darse a Cataluña. A su vez, la agresividad de la derecha sigue cada vez más extrema. De momento también, lo más efectivo para enfrentarse a esta derecha es el mantenimiento de la alianza —una alianza, frágil en verdad— que hizo triunfar la moción de censura contra Rajoy de las izquierdas con el independentismo y el soberanismo. Medidas enérgicas, que no llegan, desde el punto social, y medidas democráticas que llegan menos.  Las medidas democráticas incluyen el derecho de autodeterminación de Cataluña, algo que el PSOE ha dicho de mil formas diferentes que no acepta de ninguna manera. La última: en una entrevista al periódico monárquico constitucionalista barcelonés La Vanguardia declaró que la reforma del Estatuto “podría ser la solución”. Toda una amplitud de miras. La alianza es cada vez más quebradiza. Aun así, todo parece indicar que el gobierno del PSOE pasará la frontera del cambio de año y algunas semanas más.

Autores:

Daniel Raventós

Editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, ‘Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa’ (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, ‘Against Charity’ (Counterpunch, 2018).

Miguel Salas

Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso