Vivimos rodeados de ratas

  • Los tránsfugas son animales, seguro que usted ya lo ha adivinado, perimetrales. No hay forma de detectarlos, no hay manera de evitarlos, no hay posibilidad de fulminarlos

El gran Chiquito de la Calzada resumió en una sola frase premonitoria, apenas cuatro palabras, la última crisis de la maltrecha izquierda española: “Vivo rodeado de ratas”. Una frase que rezuma tristeza y desesperanza, una frase que es todo realismo, una frase visionaria que alcanzó su máxima crudeza la noche televisiva del pasado sábado, cuando en el programa La Sexta Noche entrevistaron a Íñigo Errejón solo unas horas después de que éste hubiese apuñalado por la espalda y mortalmente al tercer partido político de este país.

Ojos achinados, pelo corto, sonrisa burlona, ademanes modosos, camisa blanca y chaqueta… aspecto de no haber roto un plato en su vida. Así se presentó Errejón, candidato de la plataforma Más Madrid a la Comunidad de la capital. Con una sonrisa inocente. Con la lección bien aprendida. Con toda la hipocresía de la política detestable a sus espaldas. ¿Alguien del público gritó “casta”?

Errejón hizo un cocido madrileño, recordó a sus viejos compañeros y reconoció la poca eficacia de los cordones sanitarios para frenar a Vox. Sabe de qué habla. Las ratas son animales perimetrales, que evitan los cordones sanitarios moviéndose por los recovecos de las paredes, escondiéndose en las más finas comisuras de los rincones, en las sombras muertas de los recodos. En La Sexta preguntaron a Errejón por sus últimos movimientos políticos, y respondió como lo hizo en su día Eduardo Tamayo: hablando sin decir nada. Los tránsfugas son animales, seguro que usted ya lo ha adivinado, perimetrales. No hay forma de detectarlos, no hay manera de evitarlos, no hay posibilidad de fulminarlos. Embarcados en un ambicioso proyecto personal, sobrevivir en la alcantarilla, los roedores no ponen límites morales a su ambición personal. Son la esencia de la vieja política, escondida bajo un disfraz de candidez, y están ahí para recordarnos dos cosas: que la democracia es imperfecta… y que vivimos rodeados de ratas.

Publicidad