Y en Andalucía ¿qué? Balance y perspectivas

  • Adelante Andalucía, durante la campaña electoral, ya fue capaz de empuñar la bandera de Andalucía. Esa debe ser la base desde la que generar un relato que aglutine
  • Nada haría más feliz al campo conservador, especialmente a Ciudadanos, que caigamos en la trampa de las viejas y derrotadas banderas rojas, los puños alzados y los dientes apretados

Andan las cosas movidas últimamente. Desde que el 2 de enero se reordenara el sistema de partidos andaluz, la reconfiguración de los elementos característicos del régimen del 78 ha dado un paso más allá. Lo que primero fue el 15-M y la irrupción de una fuerza popular y plebeya pasó a un cuatripartito efectivo cuya estabilidad dependía de alianzas puntuales (y cambiantes, como demostró la moción de censura) con las fuerzas periféricas. Andalucía abrió el melón de una quinta fuerza parlamentaria y que se reconoce como de extrema derecha. Esto ha tenido su eco más allá de Despeñaperros con la apuesta de Errejón y Carmena para ampliar aún más el espacio progresista. Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero no sería descartable (ni indeseable) una asamblea de Madrid con seis partidos y la capacidad de atraer al mayor número de votantes de los diferentes targets que en ella compiten. El alto número de escaños a repartir y la proporcionalidad del sistema electoral lo favorecerían.  

Pero centrémonos en Andalucía. El 2 D dejaba un escenario inédito en Andalucía. No sólo teníamos un parlamento andaluz más diverso que antes. También es la primera vez que el PSOE no gobierna la Junta de Andalucía. Si extraño es para nosotros (yo mismo no he conocido otra cosa), aún lo es más para la fuerza liderada por Susana Díaz.

Perdida la Junta y a falta de cuatro meses para las elecciones municipales, las grandes instituciones que le restan al PSOE andaluz son las diputaciones. En estos momentos presiden las de Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. El presupuesto de la diputación de Jaén supone 238 millones de euros. La diputación de Sevilla tiene un presupuesto de 453 millones de euros. Son muchos millones que gestionar, con los que engalanar los principales municipios en disputa y en los que poder realojar solo a una pequeña parte de la estructura que cae de la Junta de Andalucía.

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El escenario es ligeramente diferente a nivel local. En estos cuatro años hemos visto una alcaldía gobernada por Kichi y Podemos, una moción de censura en Marbella que ha cambiado al PSOE por el PP. Otra moción de censura en Granada que ha desalojado al PP para encumbrar al PSOE. Un PP que gobierna las alcaldías de Almería, Málaga y Jaén. Un PSOE que está en el resto de capitales y Jerez.

Elecciones en mayo, decíamos: europeas, en la mayoría de comunidades autónomas y municipales en todo el estado. Con un PSOE andaluz que viene de recibir un golpe durísimo a todos los niveles y que pierde votos hacia Ciudadanos y la abstención. Un PP que ve cómo, incluso gobernando la Junta en un inesperado giro de los acontecimientos, tiene fugas a izquierda (Cs) y derecha (Vox). Es precisamente la fuerza naranja la que más se beneficia de esta situación, ocupando en estos momentos no solo el centro político, si no también el centro del tablero. Con peleas (algunas estéticas, algunas de fondo) con Vox y capaz, en el corto plazo, de llegar a acuerdos tanto con el PSOE como con el PP.

Y en medio de todo esto (o escorado a un lado) Adelante Andalucía. La construcción de un sujeto político que fuera capaz de ampliar el espacio político al mismo tiempo que centrar el debate en Andalucía fue duramente criticada por sectores tanto de IU como de Podemos. Sin embargo las dinámicas estatales demuestran que fue un movimiento, si bien arriesgado y con costes, acertado. En primer lugar porque las previsiones electorales de Unidos Podemos en el resto de comunidades del estado no son mejores. De hecho, las encuestas anticipan resultados francamente malos, lo que ayuda a entender mejor la apuesta por parte de Errejón de Más Madrid y el tándem con Carmena.

En segundo lugar porque el campo que se abre para Adelante Andalucía es uno nuevo y que permite tantear los límites (desconocidos) de lo posible. ¿Sirvió para ello lanzar una alerta antifascista desde Madrid (de dónde si no) o gritar el No pasarán? Seguramente no, pues ya habían pasado. Si sirvió de algo fue para ver a miles de personas en la calle ondeando banderas verdiblancas y cantando por “Andalucía libre, los pueblos y la humanidad”.

La pelea que se viene, anunciada ya por Moreno Bonilla y Marín con el Gobierno que han designado, es una pelea por nuestra autonomía. La autonomía andaluza que permite atender a los inmigrantes, que permite proteger nuestra cultura. Que permite avanzar y presionar más en las políticas de empleo, de vivienda, de lucha contra la turistificación o la violencia machista. Nuestra autonomía nos permite ser más dueños de nuestra vida y gestionar mejor nuestros destinos.

La pelea que viene es una pelea cultural. Igual que son culturales las razones que explican el auge de Vox y la división del bloque conservador. Debates en foros de Internet, guerrilla en Instagram, cadenas de mensajes de whatsapps… elaboración discursiva que coloca imágenes y establece cadenas de equivalencias por las que defender España se equipara con defender la caza, acabar con la ley de igualdad o acabar con las comunidades autónomas.

El campo progresista, decíamos, está libre para ser ocupado. Mientras que el PSOE andaluz se reestructura (una reestructuración que, previsiblemente, será aún más dura tras mayo y las municipales) Adelante Andalucía tiene la oportunidad, como nuevo sujeto político, de ocupar ese espacio. Y precisamente por eso son desaconsejables las intentonas de imitar en Andalucía lo que ha ocurrido en Madrid. En primer lugar, porque los referentes a nivel mediático y simbólico ya están en Adelante Andalucía. En segundo porque un sistema electoral con ocho provincias requiere de una implantación territorial que nadie está en disposición de crear de la nada y con una evidente falta de recursos en un momento de reflujo y sin movimientos sociales en los que captar cuadros nuevos o encontrar relevos.  En tercer lugar (y lo más importante) porque Adelante Andalucía aún tiene mucho recorrido y la apuesta, más allá de intereses personales, debe ser a largo plazo.

Adelante Andalucía, durante la campaña electoral, ya fue capaz de empuñar la bandera de Andalucía. Ese capital político y simbólico debe ser la base desde la que generar un relato que aglutine en torno a la defensa de Andalucía y su autonomía una visión progresista y transformadora de la vida. Hacerle frente a un gobierno de derechas es, al menos sobre el papel, más fácil y aglutinador que frente a un PSOE aún percibido por muchos ciudadanos como una fuerza progresista. Pero defender Andalucía también en el Congreso de los Diputados, como hacen los gallegos, valencianos, vascos o catalanes. Seguir la senda abierta hacia un nuevo andalucismo, que deje atrás algunas de las viejas canciones pero ni uno solo de sus principios. Apostar por la disputa en todos los planos de la vida y dotar de recursos la generación cultural en todos los niveles. Porque no se construye un sujeto nacional popular andaluz sólo durante la campaña electoral.

Nada haría más feliz al campo conservador, especialmente a Ciudadanos, que caigamos en la trampa de las viejas y derrotadas banderas rojas, los puños alzados y los dientes apretados. Hay espacio y tiempo para ello, aunque no vaya a ser fácil. Pero requerirá de valentía, compromiso, responsabilidad, dejar los lugares comunes y tantear, demasiado a menudo, acantilados resbaladizos.