Sobre las derrotadas banderas rojas (una réplica)

  • El artículo de Cristian Gracia hablaba de construir un "nuevo andalucismo" que pudiera servir de base para crear la alternativa de la izquierda
  •  Aquí se dieron desde hace mucho las condiciones para crear un andalucismo de izquierdas que nunca llegó a cuajar

​Hace apenas unos días, Cuartopoder publicaba un artículo firmado por el politólogo Cristian Gracia, en el que el autor realizaba una propuesta sobre lo que, según él, tendría que ser la estrategia a seguir con Adelante Andalucía. El escrito no pasó desapercibido,  ya que tuvo eco entre ciertos dirigentes políticos de la izquierda andaluza, alguno de los cuales, incluso llegaron a difundir la reflexión alabando las sugerencias defendidas por el autor. Ciertamente las elecciones andaluzas obligan al análisis, y por ello todo debate es bienvenido, aunque he de reconocer que no he podido dejar de sorprenderme por una proposición que, en mi opinión, no haría otra cosa que repetir errores del pasado y ahondar todavía más en el sentimiento de derrota de una izquierda que no puede permitirse seguir dormida ante lo que está ocurriendo.​

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​En resumen, Gracia venía a plantear en su tesis la tan cacareada necesidad de ampliar el espacio político de Adelante Andalucía, con el fin de ocupar ese espacio progresista que ha sido perdido por el Partido Socialista. Para ello y según él, Adelante Andalucía no debería ser concebido como algo circunstancial, sino como una apuesta a largo plazo que centre el debate en Andalucía, ya que el nuevo escenario frente a la reacción será el de pelear por nuestra autonomía, que es la que “nos permite ser más dueños de nuestra vida y gestionar nuestros destinos”. Se trataría así de construir un “nuevo andalucismo” que pudiera servir de base para crear la alternativa. Una alternativa que sería nueva, y alejada de los anticuados ejes, ya que este andalucismo progresista no debería centrarse en las viejas consignas izquierdistas, pues “nada haría más feliz al campo conservador, especialmente a Ciudadanos, que caigamos en la trampa de las viejas y derrotadas banderas rojas, los puños alzados y los dientes apretados”​
Entiendo que la apuesta de Gracia es poco realista y elaborada, pues es una ​propuesta que adolece de graves errores, siendo el primero de ellos el de volver a plantear una alternativa desde lo meramente electoral. Y es que en su escrito parece como si nuestro discurso tuviera que adaptarse a un espacio supuestamente vacante, como si el objetivo final fuese llegar al gobierno sin más. Pero, ¿y si la mayoría de los andaluces estuvieran a favor de la pena de muerte?, ¿la apoyaríamos entonces para ganar votos?, ¿no tendríamos mejor, que intentar crear hegemonía buscando las formulas necesarias para imponer nuestros planteamientos al pensamiento dominante? Sí, evidentemente lo fácil sería optar por el populismo y defender las ideas que puedan tener éxito ahora, pero ese tipo de política no garantiza cambio alguno, ya que, de llegar alguna vez al poder, tendríamos que adecuar nuestra política a lo que en su momento defendimos, y que no necesariamente tiene que ser aquello en lo que creemos. Sólo crear instrumentos alejados de lo meramente electoral, y que hagan calar nuestro discurso por encima de un pensamiento dominante condicionado por los poderes fácticos a través de los medios de comunicación, podría garantizar la victoria. ¿Parece difícil? Pues claro que sí, pero nadie dijo nunca lo contrario.
Advertido ya el error que supondría adaptar nuestro discurso a las necesidades electorales, creo que Gracia vuelve a equivocarse al elegir el andalucismo como el reclamo político para que la gente se acerque a Adelante Andalucía. Y es que, por mucho que a él le parezca que nuestra autonomía está en peligro, ni eso es real, ni tampoco va a ser percibido así por los andaluces por mucho que se diga lo contrario. Con una nueva crisis en ciernes, y con un número alarmante de andaluces y andaluzas viviendo en riesgo de exclusión social, las banderas no sirven si se quiere crear una alternativa desde la izquierda.
A las clases populares lo que les preocupa es el paro y la precariedad laboral, no tener centro de salud o que en su colegio no haya maestros, y la única manera de aprovechar esa situación levantando una bandera, es desde la derecha, haciéndoles creer que la culpa de esa situación la tienen los inmigrantes que les roban el trabajo o acaparan los recursos del estado del bienestar. Pero ese discurso y esa bandera no son los nuestros. Evidentemente que Gracia no propone levantar una bandera intolerante, sino una bandera social y de lucha en forma de una bandera andaluza, blanca y verde, que reivindique a nuestro pueblo. Pero no creo que nuestro pueblo se vaya a movilizar sólo así. Y corremos el peligro de cometer el mismo error que ya tuvo el andalucismo histórico, que en los años treinta era capaz de articular un discurso enormemente progresista mientras era ignorado por una clase trabajadora que rechazaba experimentos regionalistas, y en una agudización de las contradicciones de clase, optó exclusivamente por formulas políticas obreristas.
Resulta contradictorio así pretender crear una alternativa orientada a lo meramente electoral, usando como reclamo algo que precisamente no tiene muchas posibilidades de éxito, pero no crean que yo rechazo frontalmente la idea de hacer nuestro el andalucismo. Y es que, yo no soy nacionalista, pero sí de izquierdas, y aunque Gracia contraponga el andalucismo  a las “derrotadas banderas rojas”, eso no es solo atrevido sino completamente incierto. La propia situación de atraso de Andalucía es fruto de las relaciones económicas que surgen con el triunfo del capitalismo en España, que mantuvo a Andalucía en el subdesarrollo siguiendo los principios de una relación entre regiones de centro-periferia. Debido a ello, aquí se dieron desde hace mucho las condiciones para crear un andalucismo de izquierdas que nunca llegó a cuajar, pues como ya he advertido, en medio de las contradicciones de los años treinta, la gente aquí no quería nuevas banderas identitarias, sino pan, trabajo, y en ciudades como Sevilla, también techo. ¿Les suena?
Entiendo que el mayor error de Gracia es sin duda el obviar que el espacio político que queda libre es precisamente el que él desprecia. El de esas “derrotadas banderas rojas” que lo han sido no porque no sirvan, sino porque nosotros mismos hemos dejado de creer en ellas porque el enemigo nos ha convencido de que la alternativa es imposible. Pero no es así. Y lo que urge en este nuevo escenario –que no es solo andaluz ni español, por cierto– es recuperar justamente a la izquierda. Porque a las banderas rojas las hemos derrotado nosotros mismo al rendirnos. Y estas siguen sirviendo. Ahora más que nunca. Porque lo que peligra no es la autonomía sino las condiciones de vida de la clase trabajadora, y las primeras medidas del gobierno de la derecha favoreciendo a los ricos lo dejan claro. Y somos muchos, cada vez más, los que estamos siendo aplastados por un régimen y un sistema que amenaza con devorarlo todo. Y por eso mismo es cierto que se debe unir al mayor número de organizaciones, colectivos y personas para luchar contra esto, en un acuerdo de mínimos que proteja al menos las conquistas adquiridas en décadas de lucha y no volvamos a pagar la crisis que generan unos pocos. Pero para ello hay que salir a la calle, y explicar esto a la gente, y extender así la conciencia de lo que ocurre para crear una alternativa real que supere lo meramente electoral. ​Ciertamente el trabajo es duro, pero es lo que hay. Y o nos organizamos ya, o más vale que vayamos preparando la explicación que les vamos a dar en un futuro a nuestros hijos cuando nos pregunten cómo llegamos a consentir que esto sucediese.

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