Ante la desidia política, solidaridad

Asociación de Amigos y Amigas de la RASD de Álava

En este 27 de febrero, desde el movimiento de solidaridad nos unimos al pueblo saharaui en la celebración del 43º aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática. Celebramos también la visibilidad que toma en un día como hoy el apoyo social con el que cuentan los y las saharauis, como demuestra la caravana solidaria que partirá el XX llena de fraternidad y cariño rumbo a los campamentos de población refugiada en Tinduf.

Sin embargo, mientras la población civil demuestra con claridad su apoyo a los derechos humanos respaldando la lucha del pueblo saharaui, las élites políticas priman una vez más sus intereses por encima del respeto a la legalidad internacional. El Parlamento Europeo aprobó el pasado 12 de febrero con 415 votos a favor, 189 en contra y 49 abstenciones ampliar el Acuerdo de Pesca firmado con Marruecos a las aguas saharauis. Una decisión que contraviene hasta cuatro fallos del Tribunal de Justicia Europeo, quien considera que Marruecos no tiene potestad para decidir sobre las aguas del Sahara Occidental ya que se trata de un territorio pendiente de descolonización.

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Una decisión que pudiera parecer que responde a intereses económicos, pero que sin embargo se enmarca dentro de una lógica política en la que la población saharaui es la gran perjudicada. Con la inclusión de las aguas saharauis en el Acuerdo de Pesca con Marruecos, la Unión Europea está reconociendo al estado alauí la soberanía sobre el Sahara Occidental, al otorgarle la capacidad de decidir sobre los recursos naturales del territorio. Algo que según el derecho internacional corresponde a los representantes del pueblo saharaui, es decir, el Frente POLISARIO, y no a la potencia ocupante que es el reino marroquí.

A cambio del permiso para que los barcos europeos puedan faenar en aguas saharauis, Marruecos recibirá como contraprestación 52 millones de euros anuales durante los tres años de vigencia del Acuerdo, sin tener en cuenta los beneficios que obtiene del expolio de otros recursos naturales como los fosfatos, la arena o el agua. Una cantidad que contrasta con los 9 millones de euros de ayuda humanitaria que destinó Europa en 2018, a través de su Dirección General de Protección Civil Europea y Operaciones de Ayuda Humanitaria (ECHO por sus siglas en inglés) a los campamentos de población refugiada.

Con el visto bueno al Acuerdo, la Unión Europea se ha asegurado un importante aliado en el control de la frontera sur, a cambio de posicionarse a favor de la ocupación marroquí. Un respaldo en el que el estado español juega un papel crucial, tanto por formar parte de esa frontera como por las responsabilidades que aún tiene para con el pueblo saharaui.

España, antigua potencia colonizadora del Sahara Occidental, debe finalizar el proceso de descolonización que dejó a medias al entregar el territorio saharaui a Marruecos y Mauritania con los acuerdos Tripartitos de 1975, ilegales ante el derecho internacional. Una legislación que le obliga a velar por el bien de la población y, por ende, de sus recursos naturales hasta que el pueblo saharaui ejerza su derecho a la autodeterminación. Por el contrario, el estado español cuida su relación con el ocupante con una visita del rey Felipe VI el mismo día que el Parlamento Europeo aprobaba la extensión del Acuerdo de Pesca más allá de las aguas marroquíes. Así, España y la Unión Europea vuelven a dar la espalda a un pueblo que sufre desde hace 43 años diversas vulneraciones de derechos humanos, fruto todas ellas de la negación de su derecho a decidir.

Pero ante la desidia de los dirigentes políticos, la sociedad y el movimiento de solidaridad vuelven a demostrar este 27 de febrero que el pueblo saharaui no camina en solitario en su legítima lucha por la autodeterminación y por regresar al territorio del que fue expulsado hace más de 40 años. Celebremos, por tanto, que la sociedad civil vuelve a mostrar más dignidad que sus dirigentes posicionándose a favor de los derechos de las y los saharauis y que, a pesar del silencio mediático, no olvida al Sahara Occidental.