El uno y sus partes: elogio de Madrid en pie

  • Algunas encuestas sitúan ya a Vox por encima de la coalición electoral de Unidas Podemos de cara a las generales del 28 de abril. Algo no se ha estado haciendo bien entre las partes de esta unidad
  • Una competencia interna agresiva y la ausencia de espacios deliberativos donde acomodar la crítica han hecho el trabajo

Víctor Alonso Rocafort es Doctor en teoría política y militante de Izquierda Unida Majadahonda

Las relaciones de la unidad con sus partes es materia de estudio filosófico desde la Antigüedad. Ya Platón escribía en el Parménides que lo uno es “tanto uno como múltiple, y es todo y partes, y es limitado e ilimitado en pluralidad”. Varios ladrillos diseminados en un solar no conforman nada; cementados con sentido, conforman un hogar. Las partes de cualquier unidad han de tomar un sentido para que perdure el conjunto e incluso crezca. En estas primeras reflexiones filosóficas ya se introducía también la dinámica del ser, lo que implicaba cierta contradicción esencial: con el devenir soy lo que no era.

Algunas encuestas sitúan ya a Vox por encima de la coalición electoral de Unidas Podemos de cara a las generales del 28 de abril. Algo no se ha estado haciendo bien entre las partes de esta unidad. Admitida como una coalición meramente institucional, claramente descompensada hacia el socio mayoritario de 2016 y surgida de negociaciones bilaterales entre dirigentes mandatados de cada partido, no ha funcionado. Se escucha desde los dirigentes de UP exigir unidad frente al fascismo. Lo que el subtexto nos indica es que se defiende esa unidad que no funciona. Si de verdad se quiere combatir al avance de un fascismo que ya pide la ilegalización de partidos que no renuncien al marxismo, entre otras peligrosas ocurrencias, hay que construir de otra manera la relación entre las partes que conformen un nuevo uno, marcado irremediablemente por el devenir de un nuevo tiempo político.

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La desafección en la izquierda con la coalición de Unidas Podemos, entre los movimientos sociales y los propios electores, resulta evidente. Las grandes movilizaciones feministas y las últimas ecologistas no se identifican con un espacio al que también interpelan y exigen avances en ambos campos. Al no fraguar una unidad por abajo ahora nos encontramos con que gran parte de la gente que, con gran valor político y esperanza se había acercado al espacio, está en casa o en otros proyectos. Una competencia interna agresiva y la ausencia de espacios deliberativos donde acomodar la crítica han hecho el trabajo. Se clama por mantener una unidad defectuosa sin preguntarse por qué se vacían las asambleas como arena de playa entre los dedos.

A pesar de todo, Unidas Podemos sigue siendo la opción programática de referencia para la izquierda en estas generales. Y en esta campaña vamos a tener que salir con todo, pero sin ocultarnos una verdad que está de sobra sellada ahí fuera.

Desde otras lógicas, en varias Comunidades Autónomas se están fraguando espacios de confluencia que parecen haber aprendido de los errores. Y que pueden ser modelos de la reconstrucción por venir a nivel estatal. Liderados por Federaciones de Izquierda Unida que ya no aceptan las imposiciones de Podemos en sus territorios, que han observado cariacontecidas cómo se malgastaba el enorme potencial social que se tenía hace apenas cuatro años y que comprenden que el respeto y la equidad han de ser las actitudes que marquen las relaciones entre las partes en los nuevos espacios unitarios. De esta manera en Murcia, Castilla y León o Madrid, entre otras, se están poniendo en marcha experiencias que deberíamos apoyar.

La confluencia de Madrid en Pie, las iniciadas recientemente en Castilla y León o la ya más asentada de Murcia, todas ellas con presencia de IU y Anticapitalistas, son una oportunidad para que este mes de mayo haya una papeleta en la izquierda que diga bien claro que ésta se reinicia, desde ya, con fundamentos democráticos y transformadores. Se pone en marcha una apuesta política de futuro para el nuevo ciclo que va más allá de lo meramente electoral.

Desde 2017 era clara no solo la caída demoscópica que tenía Podemos en todo el Estado, sino su falta de voluntad para crear ningún tipo de confluencia construida desde abajo. Su comprensión bélica de la política se traducía en una competición contra cualquier aliado que se distinguiera de su marca, así como contra cualquier facción interna que disintiera de la cúpula. Esto parece haber quedado sobradamente demostrado. A pesar de todo, por diversas razones, Izquierda Unida no se decidió durante esta legislatura a emprender, lejos de Podemos, otras vías alternativas hacia una unidad popular real.

Es así que hemos llegado a la primavera electoral de 2019 con escaso margen de actuación. Otras Federaciones de IU como Aragón, Asturias o Cantabria se han encontrado en disyuntivas parecidas a Madrid, Murcia o Castilla y León. Se analiza en general que la formación morada está en caída libre, divididos y maltrechos, con imposiciones en sus pactos fruto de una organización temerosa de menguar, sí; pero también se considera que hay margen para construir nuevas prácticas y obtener sin ellos un primer resultado electoral que marque el inicio de un ciclo que viene. Hay además algo que nunca debería faltar: confianza en nuestra organización.

Lo que IU Madrid ha tenido el valor de iniciar junto a Anticapitalistas es una confluencia que incorpora aprendizajes de los grandes errores de la etapa de 2014-18. Tanto en el proyecto para el Ayuntamiento, donde se incorpora la Bancada Municipalista, como en la Comunidad, se garantiza unas relaciones marcadas por la amistad política entre las organizaciones y colectivos que lo forman. No hay mayor argamasa que esta para conformar una comunidad política, pensaba Aristóteles. He estado en sus últimos encuentros y he comprobado cómo se apuesta por las primarias proporcionales, pero sobre todo por la deliberación colectiva para tomar las grandes decisiones del espacio. Los cargos públicos estarán sujetos a una rendición de cuentas constante, teniendo que bajar a las asambleas no solo a explicar lo que han hecho, sino a escuchar los debates y decisiones sobre lo que han de hacer. Se quiere construir una izquierda que dé confianza.

El programa no será por tanto un compendio de meras sugerencias, rebajado al gusto de los grandes poderes económicos o al capricho de unas élites políticas. Será vinculante. Y en él de partida se rechazará la operación Chamartín, incompatible al cien por cien con cualquier transformación ecológica y social que se pretenda de nuestra Comunidad. O se propondrá la expropiación de viviendas a grandes tenedores, tal y como Berlín aprobó recientemente. A esta confluencia le preceden los encuentros programáticos participados de Hacer Madrid donde éstas y otras propuestas han ido surgiendo, y aprobándose, desde abajo.

Es decir, se están haciendo bien las cosas.

La alternativa supondría aceptar la enésima imposición de Podemos. Es lo que diversos compañeros y compañeras de todo el Estado se están ya negando a aceptar. Nadie parece caer en la cuenta de que resulta absurdo que se ofrezca a IU Madrid prácticamente lo mismo que cuando aún estaba Íñigo Errejón con Podemos (los puestos 2, 6, 12 y 13, más un 33% de los recursos del grupo en la Asamblea de Madrid). Resulta asimismo sorprendente comprobar que desde Podemos se niegan a girar el rumbo en su manera de entender las confluencias mientras los esfuerzos de casi todo el mundo, en lugar de dirigirse a esta cerrazón, se están centrando en que IU Madrid acepte esta oferta injusta y tan poco ilusionante.

Los espacios de Madrid en Pie son abiertos, como los que se están construyendo en Castilla y León o Murcia, y se ha invitado a Podemos a participar de ellos. No se trata por tanto de una estrategia sectaria, al contrario, estamos en todos los casos ante algo realmente confluyente. Con la formación morada dentro siempre que acepten las reglas de un reinicio democrático y transformador para la izquierda. Y hasta es posible que tuviéramos más fuerza con ellos si, con el nuevo modo de funcionar que asumirían, se empezara a superar las crecientes reticencias que provocan entre el electorado. El primer condicional es en todo caso imprescindible: democracia y política transformadora son del todo irrenunciables.

Se alienta en cambio en Madrid la catástrofe electoral para conminarnos a aceptar la oferta claramente injusta de Podemos. En primer lugar, hay que insistir en que se equivocan quienes sitúan la responsabilidad de las tres papeletas en IU Madrid. En segundo lugar, pediría confianza y no caer en la política del miedo. Para coger dinero y sillones a cambio de la entrega de nuestra alma no estaríamos en IU. Aquí estamos por otra cosa.

Para terminar, animo a quienes forman parte de IU Madrid como militantes o simpatizantes a participar del 19 al 23 de marzo en el referéndum interno que tenemos sobre esta cuestión. Una vez más hemos de celebrar que tengamos la posibilidad de expresarnos, de votar y de decidir en procesos ejemplares. Salga lo que salga, será una decisión de todos y todas que habremos de asumir. Ni uno ni otro resultado traerán las siete plagas a nuestra formación. Tan solo, en el peor de los casos, retrasarán la conformación de una unidad que de verdad pueda enfrentarse a las derechas y al fascismo, también al progresismo neoliberal del PSOE.

En mi opinión lo que nos estamos jugando es, una vez más, cómo será el nuevo ciclo político para la izquierda. Y es ahí donde la propuesta de Madrid en Pie señala el rumbo correcto a la hora de armonizar las partes en una unidad que se quiere más amplia, democrática y plural. En nuestra mano está ahora decidir si confiamos realmente en lo que somos y en lo que creemos.