La metamorfosis: Podemos se convierte en IU

  • Todo el que alguna vez se había atrevido a disentir con la dirección fue borrado del mapa, por muy diversas que fueran sus posturas, que iban desde Carolina Bescansa a Luis Alegre

Carlos Fernández Liria, integrante de la lista Más Madrid a la Comunidad

“En política, los errores se conjuran dimitiendo y no parece sensato que lleven los partidos (¿hacia dónde?) quienes los han hundido. A no ser que sus partidos no les interesen y sean solamente herramientas personales o de pequeñas familias con el mandato de resistir a toda costa”. Esto es lo que decía Juan Carlos Monedero respecto a las elecciones andaluzas de 2018, cuando Adelante Andalucía perdió 300.000 votos, obteniendo tan sólo un 16 % de los sufragios.

El gran error de Teresa Rodríguez había sido, nos dijo, enmascarar las siglas de Podemos. Y pidió que se asumieran responsabilidades y que hubiera dimisiones. Ahora podemos medir si tenía razón. En estas elecciones, Podemos ha obtenido en Andalucía un 14,25%, un porcentaje sensiblemente menor (y eso con una participación electoral muchísimo más movilizada). Así, pues, Teresa Rodríguez acertó. Sin ella y sin Adelante Andalucía, el desastre habría sido mucho mayor. Monedero se equivocó en su diagnóstico. Pero sus duras palabras respecto a “los que llevan los partidos al desastre” ¿siguen siendo vigentes? En ese caso, la actual dirección de Podemos debería dimitir en bloque, porque el desastre ha sido mucho mayor. O, por lo menos, Juan Carlos Monedero debería exigirlo ahora con la misma vehemencia.

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Podemos ha perdido 1,3 millones de votos respecto a 2016 y 2,3 millones de votos respecto a 2015. Haya sido cual haya sido la estrategia, el resultado es que ha obtenido 14,3% de los votos a nivel estatal, algo que ya recuerda demasiado a los viejos techos de IU. Ahora somos -sigo siendo votante de Podemos- cuarta fuerza política. Hace tres años íbamos a sorpasar al PSOE y ahora nos encontramos con un PSOE más fuerte que nunca.

Todo ha vuelto, por tanto, a la normalidad: los estrategas de la dirección podemita han refundado IU y recuperan su viejo papel frente al PSOE. ¿Están muy orgullosos del resultado? Y sobre todo, ¿alguien puede pensar que con esa estrategia lograríamos imponernos en las municipales y las autonómicas? En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, la derecha ha obtenido el 53,58% de los votos frente al 45,23% de la izquierda.

La situación es, por lo tanto, gravísima: la izquierda puede perder el Ayuntamiento y volver a perder la Comunidad, que quedaría, además, en manos de una derecha radicalizada, lo que sería la puntilla tras estas dos décadas de neoliberalismo salvaje. ¿Se entiende así por qué ha sido necesario crear Más Madrid? ¿Alguien puede pensar que, para revertir esos porcentajes, podíamos limitarnos a aspirar al 16,24% que ha obtenido Podemos en la Comunidad de Madrid? El propio Pablo Iglesias explicaba mejor que nadie por qué Podemos no se había creado pensando en semejantes porcentajes.

Es hora de reconocer de una vez por todas que la línea política que se impuso en Podemos desde su ejecutiva ha sido catastrófica. No se pierden dos millones de votos así como si nada. Y, en especial, desde Vistalegre II ya no vale echar la culpa a las disputas internas porque no ha habido disputas internas. Toda la oposición interna fue expulsada o marginada taxativamente.

O más bien: todo el que alguna vez se había atrevido a disentir con la dirección fue borrado del mapa, por muy diversas que fueran sus posturas, que iban desde Carolina Bescansa a Luis Alegre, pasando por un larguísimo etc. A Errejón, en concreto, se le silenció hasta en las tertulias de la radio, no sólo en tanto que portavoz de Podemos. Y fuimos muchos más los que, a partir de ese momento, nos quedamos en la cuneta con la boca cerrada. La ejecutiva tuvo desde entonces el completo monopolio para decidir la línea política a seguir. Nadie ha podido hacer la más mínima sombra a la dirección. Y Podemos ha perdido más de un millón de votos. Ese es el resultado y no tiene vuelta de hoja.

Podría haber sido peor, sin duda. Las encuestas anunciaban un mayor descalabro. Sin duda, el cambio de estrategia (bastante “errejonista”, por cierto) en la campaña de Pablo Iglesias ha contrarrestado la tendencia a la baja. Ahora bien, seamos serios, la novedad de esta campaña ha sido VOX y la participación que ha estimulado en clave defensiva: Es VOX quien ha hecho la campaña de Unidas Podemos y PSOE. Mucha gente no ha ido a votarles entusiasmada por su propuestas y convencida por sus argumentos, sino porque eran las únicas dos papeletas que servían para frenar el fascismo. Así es que tampoco es cuestión de que la dirección de Podemos se felicite por haber evitado el desastre, porque más bien se ha salvado por la campana.

Eso sin contar con que a Pablo Iglesias, muchos, le han votado con voto prestado. Es decir, no para que sea presidente, sino para que Sánchez sea de izquierdas. Nadie imaginaba que Sánchez no ganara, nadie imaginaba que Pablo fuera presidente. Esto no es discutible, porque básicamente fue el argumento de Iglesias en los debates para pedir el voto. Más o menos, vino a decir: “de todo esto que ven, lo menos malo es Sánchez, ¿verdad? Pues si le quieren a él, vótenme a mí, porque si no, se irá con Rivera y ya no será el Sánchez que a ustedes les gusta”.

Así pues, no vale escudarse en el asunto de las “disputas internas”. Lo que más bien demuestran los resultados electorales es que si hubo críticas internas a la dirección de Podemos es porque se estaban haciendo mal las cosas y el descalabro electoral se anunciaba inminente. En absoluto es que las cosas hayan salido mal a causa de esas disputas internas (que ya no podía haberlas, a partir de Vistalegre II).

Por supuesto, tampoco vale el argumento de las cloacas del Estado en el que se han atrincherado desde la ejecutiva de Podemos. Las cloacas sin duda dañaron a Podemos muchísimo y seguramente pueden explicar por qué (entre otras cosas) no se produjo el sorpaso el 26J, en 2016. Pero en 2019 la cosa iba más bien a favor de Podemos, pues la noticia era que tales cloacas efectivamente existen y han sido demostradas, noticia que no podía restarle votos, sino todo lo contrario. Respecto a lo que ha ocurrido ahora no hay otros responsables que los que, en Vistalegre II, lograron imponer definitivamente su estrategia política. Sobre quiénes fueron y sobre lo mucho que tenían que ver con las viejas prácticas estalinistas del PCE, se ha expresado muy claramente Miguel Álvarez Peralta en un reciente artículo. No hay manera de disimular el hecho de que este monopolio estratégico nos ha hecho desembocar en un fracaso estrepitoso, pues, como suele decir Pascual Serrano, en efecto, “para este viaje, no hacían falta alforjas”, para esto ya teníamos, desde el principio, a IU, en un momento en que, además, estaba creciendo en expectativa de voto.

La pelota está en el tejado de la ejecutiva de Podemos. Alguien tiene que asumir ahí, cuando menos, la pérdida del último millón de votos. Y como decía Monedero, eso se asume dimitiendo. Y pidiendo disculpas a cinco millones de votantes por esta equivocación, que ha dado al traste con un proyecto político que fue, en su momento, la gran esperanza no sólo de España, sino también de Europa y del mundo entero, para revertir el auge de la extrema derecha.

Aunque cabe, todavía, otra posibilidad. Que reconociendo su gravísima equivocación, Podemos asuma la responsabilidad de pedir el voto para Más Madrid (al fin y al cabo, seguimos perteneciendo a Podemos), con la misma lealtad y sinceridad como desde Más Madrid hemos pedido el voto y hemos votado por Podemos en estas elecciones generales.