Navarra: el laboratorio de la izquierda

  • La euskaldunización no es para la protección de un patrimonio cultural, es forzada por razones políticas, de poder

El próximo gobierno de Navarra lo decide el PSOE. Es lo que dicen todas las encuestas y hay pocas dudas sobre la formación de dos bloques sin mayorías suficientes. Ninguno de ellos, ni el formado por C’s, PP y UPN, ni el del actual cuatripartito de gobierno, con EH Bildu, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, logrará los diputados necesarios. ¿Qué hará el PSOE?

Llama la atención que en Navarra nadie piense en el eje izquierda-derecha, todos juegan con la baraja del nacionalismo vasco, a favor o en contra de las políticas definidas por Bildu y sobre todo Geroa Bai, la marca del PNV en Navarra. En esta Comunidad Autónoma los partidos que se autodefinen como izquierda, como marca prioritaria, sin complejos como Podemos e Izquierda-Ezkerra, o con dudas como el PSOE, se están dejando asimilar por el nacionalismo.

La orientación que siga el PSOE tendrá consecuencias más allá de Navarra, será una prueba de laboratorio que marque a los socialistas y al conjunto de la izquierda española. Conviene tener en cuenta que Geroa Bai significa “Sí al futuro” en euskera, es decir, sí a la futura Euskal Herría. Y el impulso a una euskaldunización radicalizada, casi enrabietada, por parte del gobierno de los cuatro partidos encadena a los dos de la izquierda que han participado. En ese laberinto se van a meter los socialistas, sin vía de escape. Tendrán que optar.

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Con lo que ya sabemos de la euskaldunización, hay poco espacio para la ingenuidad. Estamos ante un proceso político diseñado e implementado por el PNV, acompañado por Bildu, que ha convertido la extensión del euskera en la “esencia de la nación vasca”, con validez en su ideario para todo el territorio de lo que llaman Euskal Herría, Navarra incluida. No es una política para proteger una lengua en situación de debilidad, es el nervio central del nacionalismo vasco.

Como demuestra el militante socialista vasco Andoni Unzalu Garaigordobil, en Ideas y creencias, la euskaldunización no es para la protección de un patrimonio cultural, es forzada por razones políticas, de poder. Como él mismo denuncia, teniendo en cuenta que, con dificultad, solo un tercio de la población entiende esta lengua, y muchos menos la utilizan habitualmente, y que se exige para acceder a la función pública, “El 70% de los vascos quedan excluidos de ser funcionarios por el euskera”. “Eso debería alarmarnos”, añade. Ya lo creo. Sobre todo si uno lee, de acuerdo con el borrador de nuevo Estatuto pactado por Bildu y PNV, cómo se obtiene la nacionalidad vasca y cómo se discrimina entre “ciudadanía y nacionalidad”. ¿Una broma?

Esto es lo que no quiere ver la izquierda asimilada, la euskaldunización forzada de la población navarra protagonizada por el cuatripartito con la participación entusiasta de Podemos e Izquierda-Ezquerra. Aún más grave si vemos los datos sociolingüísticos de Navarra. Incluso entre la población de menor edad, según datos del propio gobierno, quienes utilizan el euskera son una pequeñísima minoría, y además, al margen de la propaganda y de los esfuerzos económicos, la evolución en la implantación apunta al fracaso. Así que explotan la única opción en la que confían: la imposición política del euskera en la administración y los servicios públicos. ¿Qué hará el PSOE?

Para conocer la hoja de ruta del nacionalismo vasco, la mejor opción es seguir a uno de sus intelectuales más activos y mediáticos, el filósofo Daniel Innenarity. Contratado por el gobierno vasco y candidato en Navarra por Geroa Bai, tiene una buena perspectiva de lo que denominan Euskal Herria. Él ha teorizado por encargo la modernización del nacionalismo vasco que hoy representa la vía Urkullu, la del nacionalismo amable. En mi opinión, es un auténtico artista de la creación política.

Ha construido una teoría orientada a hacer digestible el nacionalismo excluyente. En primer lugar, toma prestada del sociólogo alemán Ulrich Beck la tesis de la sociedad cosmopolita en ascenso, frente al Estado-nación en decadencia. Utiliza esa doctrina para argumentar que España tiene poco futuro, que “El Estado español soberano ya no existe”, como declaraba en una entrevista que le hacían en El País hace unos días. Todo para llegar, aunque parezca increíble, a lo que importa, que Euskal Herría es el futuro.

Partir del cosmopolitismo relativo de Beck para terminar en Sabino Arana, reconozcámoslo, es una genialidad. Como filósofo contratado por el gobierno del PNV se ha ganado bien la paga. Una artillería contundente para justificar desde la euskaldunización como base del nacionalismo vasco a la inevitable ruptura de España para la formación de nuevos estados territoriales “de entre seis y diez millones de habitantes”, como Cataluña o País Vasco, es decir, Euskal Herria. Territorios económicamente homogéneos, como proponían Artur Mas y compañía, pero presentado sin estruendo. No sorprende que Innerarity fuera señalado como el relator, el médiateur, como desveló Le Monde en una entrevista poniendo en evidencia a la vicepresidenta Calvo.

Después de las elecciones del 26-M, cuando Navarra se convierta en el indicador que mida el grado de asimilación de la izquierda por el nacionalismo, conviene seguir con atención las tesis de este gurú del soberanismo. Atentos a los trucos. “No concebimos la nación vasca contra España ni contra nadie”, es decir, el milagro de un nacionalismo sin enemigo. “Ni xenofobia ni populismo ni matanzas del siglo XX”; que aprenda el bruto Torra a contratar filósofos. Le habrían educado en el nacionalismo inteligente, la vía Urkullu, tontos.

Y, por supuesto: “No demandamos independencia sino bilateralidad”. En cristiano: una parte de una pequeña parte de España puede decidir convertir el país en unas cuantas “taifas”. Para ir abriendo boca se puede empezar por la gestión de las pensiones públicas, como nos van recordando. Y todo eso se decide, según el médiateur, en referéndum en cada territorio. Como el tiempo de transición de Iceta, “entre 10 y 15 años”, para que España haya madurado lo suficiente. ¡Cuidado Navarra!

¿Qué hará la izquierda? Me temo que terminen apoyando lo más contrario a los valores que representan. Que favorezcan la bandera soberanista de “solos tocamos a más”, la razón por la que el gran filósofo alemán Habermas les equiparó con Le Pen en L´Express. Que terminen en el despropósito de verse obligados a proponer políticas de Estado y no tener un Estado al que recurrir.

El laboratorio está en Navarra.