Las cinco veces que a Las Postpotorras nos quitaron el carné de feministas

  • "La tabla de puntos del carné feminista es una crítica audaz a las tensiones, contradicciones y pretensiones que implican ser feminista"
  • "Hemos venido a pitorrearnos de nuestras contradicciones, de nuestras saboteadoras, del síndrome de la falsa impostora y del Feminismo®

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Llega el veranito y con él un descanso del activismo académico y mamarracho de las postpotorras. O eso pensábamos. Entre la piscina, los ligues de verano y las vacaciones en familia, nos volvemos a posicionar como la feminista aguafiestas, término acuñado por Ahmed (2018) y retomamos el famoso carné feminista presentado por Vitah Violet y Gipsy QueerQueen a través del fanzine Vulva Estelar publicado en 2017.

La tabla de puntos del carné feminista es una crítica audaz a las tensiones, contradicciones y pretensiones que implican ser feminista: ¿se puede ser feminista y depilarte? ¿y hacer maratón de Crepúsculo por gusto? Pero no todo van a ser pérdidas, los puntos se pueden recuperar. Es una buena metáfora de los (des)equilibrios a los que nos enfrentamos las feministas, pues todos los espacios y perspectivas tienen puntos de vista y relaciones de poder centro-periferia: ¿qué se espera de una feminista?

Ellas dicen: “Si no me puedo pitorrear, no es mi revolución” y nosotras hemos venido a pitorrearnos de nuestras contradicciones, de nuestras saboteadoras, del síndrome de la falsa impostora y del Feminismo® con toda la purpurina que tenemos y nuestra manada de unicornias.

Aquí os dejamos con las cinco veces que a las Postpotorras, no solo nos han quitado puntos, sino que nos han dado de baja la línea:

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La transfobia en las jornadas de Gijón: -100

Entramos en contradicción con El Feminismo® cada vez que en un congreso, jornadas, seminario, las Expertas en Género no hay más que Dos dictaminan qué es y qué no ser ser feminista. Cada vez que El Feminismo® se articula desde la exclusión hacia otras identidades que no sean La Mujer: La Mujer Cis, Blanca y Hetera. A nosotras siempre nos gustaron los caminos desviados, así que la señalización impuesta por la Policía del Género nos la pasamos por el postpotorro.

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Sucumbir a la vergüenza y depilarte: - 100 puntos

Que sí, que aquí todas sabemos que depilarse o no está bien, que lo hacemos por nosotras mismas, que si te quieres depilar genial y que si no no pasa nada. Pero os vamos a reconocer que a veces una también se depila porque se activa la maquinaria heteropatriarcal por excelencia que es la vergüenza. Que sí, que esto pasa. Que te vas de vacaciones con tu familia y no te apetece dar explicaciones, ser combativa, enfrentarte a miradas, señalar que es tu derecho, que no sería conversación si no fueras leída como una mujer cis. No te apetece. Y punto.

Nosotras creemos que ser incoherente está bien, que las prácticas son importantes, pero que más importante es cuidarte tú. Y que estés bien para ser combativa cuando tú quieras.

Cuando llega el calor, las bibolleras se enamoran: -100

Al ritmo de Sonia y Selena nos preguntamos sobre el deseo. ¿Cómo expresar el deseo siendo feminista? ¿Podemos decir abiertamente “qué buena está esa tía” o se espera de nosotras algo diferente? ¿Cómo ser feminista y hablar de la importancia de las prácticas y de la visibilidad siendo bisexual y teniendo una relación monógama con un tío? ¿Cómo justificar los empachos a Gandía Shore y que aún nos emocione la Semana Santa por evocación a la niñez? ¿Y qué pasa si vemos porno mainstream?

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A finales de los ochenta, ya nos hablaban sobre el deseo en la ponencia presentada de las Xornadas feministas contra a violencia machista “El deseo de las demás es cutre, amigas. El mío, no.” Poco a poco, las postpotorras encontramos en el término “unicornio” una forma de expresarnos y comunicarnos los deseos sin la necesidad de contextualizarlo; ya quedaba explicitado en el uso de la palabra “unicornio”. Podríamos resumirlo, como bien dicen Residente y Bad Bunny, con un: “bellacoso pero sin acoso”. Pues en esto del deseo, también reivindicamos el deseo de escuchar y perrear desde el reguetón, estilo musical considerado machista que obvia el carácter clasista y racista de tratarlo como tal. Pues del pop de Alejandro Sanz, Joaquín Sabina y demás señoros, El Feminismo® no dice nada.

Sin embargo, y continuando con este tono serio y solemne, hay quienes nos dicen qué podemos y qué no desear. No solo eso, sino también a quiénes podemos y quienes no desear desde nuestras identidades bibolleriles. De nuevo, El Feminismo® nos habla de a quienes no podemos desear. Por suerte –o por desgracia para Ellas- hablaron del deseo lésbico, nosotras hablamos de deseo bibollero y deseo postpotorro. El cual, como su nombre indica, va más allá de los genitales.

No saber quién coño es la Butler: -100

Quien no se haya sentido cuestionada en círculos activistas y académicos por no conocer/haber leído todos los grandes referentes feministas, que tire la primera peluca. ¿Cómo? ¿Que no conoces a Monique Wittig? Falta grave. Retirada de carné.

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Parece que saberse al dedillo todos los productos culturales vitoreados desde los feminismos es condición sine qua non para ser feminista, pero feminista feminista.

Nosotras preferimos entender los feminismos como algo que nos libere de todo eso, que admita la falta de coherencia. Que no fomente la culpa. Un feminismo en el que reivindicar a Belén Esteban tenga sentido, en el que podamos quedar para ver Gandía Shore y dejar de fingir que no nos gusta. Donde podamos compartir otros referentes culturales.

Por eso, nos posicionamos más en el planteamiento expuesto desde el feminismo andaluz: una mirada que vincula las grandes teorías con las pequeñas cosas de toda la vida, que resignifica las periferias frente al monopolio del centro.

Nuestro feminismo será ordinario, mamarracho y lleno de purpurina o no será

No abanderar el feminismo en cada reunión familiar: -100 puntos

Por favor, ¿alguien nos puede explicar por qué tenemos que hablar de feminismo en cada cena de navidad? ¿Por qué tenemos que hacer pedagogía con el pesao de nuestro cuñado en cada cumpleaños? Y lo de asentir y sonreír ¿por qué ha pasado de moda? ¿Acaso me vas a pagar?

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Parece que te posicionas como feminista y ¡hala!, cualquier reunión es una barra libre de gente que te cuestiona todo el rato porque sale gratis. Qué queréis que os digamos, quitadnos el carné, pero nosotras decidimos cuándo nos apetece hablar de feminismo y cuándo estamos más de: “ajá, sí. Oye, que luego hablamos si eso.”.

Como impostoras de El Feminismo® basado en el régimen heterosexual que nos dice que la lucha queer no es feminista, que nos advierte desde su autoridad de lo que podemos y no desear, nos hemos quedado sin puntos. Pero como feministas aguafiestas de este, tenemos la riñonera repletita. No entendemos los feminismos como una unidad dogmática, sino desde la pluralidad. Está claro que frente al pedestal desde donde habla La Mujer Cis, Blanca y Hetera nosotras ni podemos ni queremos hacerlo. Se nos da mejor el lenguaje de la purpurina y las pelucas.

Reivindicamos, por tanto, -qué nos gusta a nosotras una reivindicación- el humor como parte de nuestro feminismo postpotorro. En bastantes ocasiones, lo expresado desde el humor no es tomado en serio frente a los manifiestos (necesarios también) desde El Feminismo®. Sin embargo, nosotras consideramos que el humor, las contradicciones e incoherencias son la apertura de puertas, ventanas y armarios que posibilitan los lugares con otres; reconocen vulnerabilidades que nos hacen más fuertes y, por qué no, quizá también mejores feministas.

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