En elecciones, el derecho a la intimidad también está en juego

  • "Una campaña electoral, desde hace años, no es entendida sin redes sociales y sin gastar dinero en ellas"
  • "Son los partidos políticos los que, con la subvención electoral que damos mediante nuestros impuestos pagan con dinero público a unas empresas que nos espían"
  • "Poco se hablará en esta campaña de los retos tecnológicos que nos esperan en el futuro, de cómo cada vez las personas somos más controladas"

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A ti también te ha pasado. Has abierto Facebook o Instagram y te ha saltado publicidad de un partido político. En un primer momento la pasas rápido o te quedas mirando por curiosidad, lo mismo hasta te interesa el mensaje que lees, e igual hasta decides votar por quién sea porque ese vídeo, o mensaje o foto te ha gustado.

Lo cierto es que, cómo llegan las cosas a tus redes sociales es hasta un trabajo definido, hay personas que se dedican a segmentar y Facebook hace el resto. Dependiendo de cuánto afinen el publico las personas encargadas de la publicidad y cuánto investiguen, definirán las publicaciones por número de personas a las que quieren llegar, a qué sexo, con qué gustos, según dónde se viva, según qué música escuche el usuario, qué lugares dice haber visitado, qué páginas ha seguido… y eso, definirá el coste del anuncio.

Sí, Facebook lo sabe todo de ti y le informamos con gusto. Como usuarios ayudamos a que exista publicidad más efectiva y que nuestros datos sean una mercancía que pueda ser vendida y comprada. De hecho, Facebook ha expuesto nuestros datos y ha sido acusado de no poner lo suficiente de su parte para protegerlos y de no hacer nada para evitar, por ejemplo, las fake news.

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Lo cierto es que una campaña electoral, desde hace años, no es entendida sin redes sociales y sin gastar dinero en ellas, pensando siempre que es un nido de votos fácilmente accesible y con resultados cuantificables. Con unos medios de comunicación cada vez más convertidos en aparatos de propaganda y difusión de sus líneas editoriales es fácil pensar que las redes sociales son el único medio para que se escuchen ciertas voces y, hasta cierto punto, es verdad. Los movimientos sociales es el mejor ejemplo de ello. Y tampoco se entiende como algo unidimensional de un solo perfil o página que lleva el nombre del partido. Se juega sucio, se mueve a la gente hacia sus odios y se manipula, se roza y se supera limites éticos porque no solo se trata de hablar bien de nosotros mismos sino, también, de desprestigiar al otro.

Lo cierto es que tu red social está influyendo en tu voto. Piensas que no lo hace de manera diferente a lo que lo hace un anuncio cuando lo ves en una marquesina del Metro o un banner en una página web. Sin embargo, ese anuncio va dirigido a ti específicamente y son los partidos políticos los que, con la subvención electoral que damos mediante nuestros impuestos pagan con dinero público a unas empresas que nos espían.

Parece una tontería porque “no hay nada que ocultar” pero esos datos tienen un valor y nos están robando. El quiénes somos, está siendo comprado día a día y es sangrante si además se hace con dinero público. ¿Quién va a regular que haya una publicidad honesta, que no haya fake news en redes sociales, que no nos espíen, que no vendan nuestros datos cuando los grandes partidos políticos se dejan millones en redes sociales? Y no estoy exagerando, solo en la campaña de abril, entre los cuatro grandes partidos, se dejaron más de un millón seiscientos mil euros. En esta campaña de noviembre, van más de dos millones de euros. Y eso sin contar lo que se gastan cuando no hay campaña.

En realidad, Facebook es solo un ejemplo, pero es un ejemplo que demuestra que el hipotético Black Mirror está a la vuelta de la esquina. Poco se hablará en esta campaña de los retos tecnológicos que nos esperan en el futuro, de cómo cada vez las personas somos más controladas, más medidas, más individualizadas, más globalizadas y menos libres. Pero es hacía donde nos dirigimos y quizás, para cuándo nos demos cuenta, por un puñado de votos ahora, por cerrar fuertemente los ojos y no ver una realidad que nos va a engullir, nos encontremos con un derecho a la intimidad nulo debido a que no se hizo nada a tiempo.

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