OPINIÓN

Lo nuestro sí que es viral: por un 8M disidente

  • Lo sucedido en la cadena del 8 de febrero ha avivado determinados discursos de odio en quienes consideran que el Feminismo® es uno, grande y exclusivo
  • No hay nada más rastrero que, en nombre del Feminismo®, desacreditar a la otra, a le otre, negarle su identidad de género o ridiculizar su vestimenta
  • Por un 8 de marzo de revuelta feminista no excluyente. De alianzas donde estemos todas y todes
  

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Érase una vez en… la Puerta del Sol, Madrid, un mes antes del 8 de marzo. La lectura del manifiesto del tramo de disidencia de cuerpo, sexual y de género en el punto de confluencia desata la ira. Hay un melón sin abrir, El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, no solo en la comisión del 8M, sino en múltiples colectivos activistas, sobre el que no hay consenso: la prostitución. Desde la comisión se desmarcan de este texto por la falta de un posicionamiento común, pues al leerlo en el espacio en el que desembocaban los distintos brazos de la cadena se podía poner en entredicho dicho pacto.

Lo que acabamos de relatar trasciende la cuestión del consenso saltado, hecho que, por otra parte, permitió que voces como las de las trabajadoras del sexo ocupasen un lugar en esta revuelta feminista. Sea cual sea la postura en un debate tan complejo y alargado en el tiempo, negar la participación de aquellas que también sufren las opresiones que queremos combatir da que pensar, pues los feminismos deberían ser el lugar en el que encontrar el abrazo y no el cuestionamiento, desde el que construir y no quitar puntos del carné. Lo sucedido en la cadena del 8 de febrero ha avivado determinados discursos de odio en quienes consideran que el Feminismo® es uno, grande y exclusivo. Si de reducir la puntuación del supuesto documento que nos acredita como feministas se trata, las autoras de dichas agresiones verbales han dejado su marcador a cero. No hay nada más rastrero que, en nombre del Feminismo®, desacreditar a la otra, a le otre, negarle su identidad de género o ridiculizar su vestimenta, tal y como se ha hecho con las compañeras que leyeron el manifiesto. 

Nosotras entendemos los feminismos desde las alianzas y desde los cuidados, no desde la confrontación, la ofensa, la estrategia de acoso y derribo. No hay por qué estar de acuerdo en todo para remar en una misma dirección, para aunar fuerzas y tratar de hacer nuestras vidas más vivibles. Bienvenido sea el debate respetuoso que se pueda leer en clave de tensión productiva, pero estamos y estaremos profundamente en contra de la invisibilización a compañeras y compañeres. El disenso debería venir acompañado de argumentos, no de insultos, y el uso de estos últimos es más bien una prueba de la ausencia de los primeros. La comodidad de la escritura incendiaria desde la cálida butaca de la institución, cuyo único contacto con la calle es el paisaje ajeno que devuelve la ventana del despacho, hace que a veces se pierda la perspectiva.  

Frente al dolor de algunas y algunes, otras buscan la gloria. Parecen querer un feminismo anclado en 1917, que solo contemple como sujeto político a las mujercitas que ellas quieren, en esta línea de usar las películas de la pasada edición de los Oscar como recurso facilón. Nosotras, las postpotorras, también somos esos seres con hábito de unicornie que realizan actividades carnavalescas. Somos los cuernos, las pelucas, la purpurina, los colores en un movimiento que ansiáis monocromático. Somos parte de esa historia que queréis silenciar, somos y nos debemos a la memoria disidente que muchos de vuestros libros no abarcan, pero que late en cada esquina, en cada asesinato, en cada negación de nuestra existencia. Somos la incomodidad, el mamarracherío, los amores plurales, los cuerpos que no encajan. Nadie nos va a decir cómo tenemos que vestirnos. No vamos a permitir que se nos acuse de habitar los feminismos como una moda pasajera, cuando hemos llegado a ellos por una cuestión de supervivencia, y aferrarse a la vida no entiende de tendencias. 

Nos acusáis de contaminar el aire, despolitizar la lucha y ser sinónimo de ruptura. Nos llamáis parásitos a los que poner al mismo nivel que proxenetas y puteros. Parece que todas vuestras lecturas académicas no os han dado la creatividad suficiente para elegir una metáfora mejor que la del virus en tiempos de discriminación a la población asiática, aunque probablemente consideráis que tener esto en cuenta no es tarea de vuestra marca registrada. Lo sentimos, pero los derechos de autoría no son vuestros, y mira que nos gusta una cita con normativa APA. Los feminismos son polifónicos, diversos, heterogéneos (que no heterosexuales, mal que os pese). Avisamos, estamos aquí para quedarnos. Porque lo nuestro sí que es viral, de las redes a las plazas. 

Por un 8 de marzo de revuelta feminista no excluyente. De alianzas donde estemos todas y todes. Por un sujeto político de los feminismos entendido desde la pluralidad. Por dejar de ver la enemistad en el propio bando, en quien grita a nuestro lado en las manifestaciones, en quien pone su tiempo y energía en nuestras asambleas. Por el debate que enriquece y no el juicio que destruye. Por un horizonte común para combatir las violencias que nos atraviesan. Por todo ello, como hasta ahora, purpurina y calle, que eso lo que les jode. 


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