Covid-19: especial gasto militar en España (II)

  • "Los países mediterráneos se encontraban en 2017, después del austericidio, en la parte alta en cuanto a la tasa de militares por cada 1.000 habitantes"
  • "Si analizamos a los países mediterráneos en cuanto a la reducción de militares por habitante, el país con diferencia que menor esfuerzo hizo al respecto fue España"
  • "El austericidio no debería haber acontecido, pero de haberse producido debería haberse centrado en la reducción de militares"

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Cuando la crisis económica zarandeó el mundo en 2008 como si fuera un muñeco, los habitantes de los países mediterráneos descubrieron lo que durante tanto tiempo ignoraron de forma voluntaria o involuntaria, que Europa era un proyecto construido para la libre circulación de capitales y el libre comercio en beneficio de las entidades bancarias y las grandes empresas. Por ello, la salida a la crisis económica de 2008 se basó en reducir el gasto público y ayudar a las entidades bancarias y las grandes empresas a sobrevivir. La máxima del no intervencionismo, o la reducción de la intervención del Estado, quedaba reducida de forma tramposa a los ciudadanos, porque los estados sí intervinieron para apoyar a las grandes entidades bancarias y empresariales, aunque ello supusiera aumentar la deuda y reducir todavía más el gasto público.

Hace tres meses, antes de la crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia, las heridas del austericidio europeo todavía eran perceptibles en los países mediterráneos –Portugal, Italia, Grecia y España–, también conocidos de forma despectiva como PIGS. Hoy pueden llegar a ser definitivas: millones de niños en riesgo de pobreza, precariedad laboral y salarial y tejidos sanitarios y educativos debilitados.

Pongamos, por ejemplo, los datos sanitarios en parte ya comentados. Portugal, Italia, Grecia y España –siendo la española la más baja– tienen una suma de médicos y enfermeras por cada 1.000 habitantes muy similar (10,5; 9,7; 9,7; y 9,6), con una media de 9,9. Cifras que les sitúan en la parte más baja de los países europeos, junto a los países de la antigua Europa Oriental, y que suponen casi la mitad de las tasas de personal sanitario de los países que ocupan los puestos de cabecero: Alemania, 17,1; Finlandia, 17; Suecia, 15,1; Irlanda, 15; o Luxemburgo, 14,7. De hecho, analizando esta clasificación queda caro que la parte alta la ocupan los países del Norte y el Centro de Europa y la parte baja los países del Sur y el Este de Europa.

Otro dato que ratifica la desigualdad existente entre el Centro y el Norte de Europa y el Sur y el Este de Europa es el salario. Tanto el salario medio como el salario mínimo se ordenan de la misma manera. Así, tanto Portugal como Grecia y España se situaban en 2010 en el segundo grupo con salarios mínimos más bajos en Europa, con entre 500 y 750 euros al mes, algo que solo se corrigió en parte en España en los dos últimos años, pero que dejan en 2020 con un salario mínimo de 750 euros mensuales en Grecia y Portugal y poco más de 1.000 euros en España, muy lejos de los más de 2.000 euros mensuales de salario mínimo establecido en Luxemburgo y los salarios mínimos de Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos o Irlanda, que oscilan entre 1.500 y 1.750 euros mensuales.

Una tercera estadística que vuelve a incidir en la misma tendencia es la relativa a la pobreza infantil. De nuevo, países como Finlandia, Suecia, Alemania o Países Bajos se encontraban en las partes más bajas de los estudios sobre pobreza infantil, mientras Portugal, Italia, Grecia y España se sitúan en la parte más alta arrojando las mayores tasas de pobreza infantil. Se calcula que en los cuatro países mediterráneos puede haber unos cinco millones de niños en riesgo de pobreza, cuyas tasas en 2012 volvían a situar a los países mediterráneos en la parte más baja: Portugal, el 27,8% de niños en riesgo de pobreza; Italia, el 33,8%; Grecia, el 35,4%; y España, el 33,8%. Tasas que en poco han variado, al menos hasta que en este mismo mes de junio España implemente la renta mínima vital, la cual palía en parte la situación, pero queda muy lejos de resolverla.

En un contexto de gran reducción del gasto público, con recortes en Sanidad y Educación, con salarios bajos y unas tasas insoportables de pobreza infantil –y no infantil–, era de suponer que al comprobar los datos en cuanto al número de militares de los países mediterráneos, estos arrojarían número absolutos y tasas de militares por habitante muy bajas. Sobre todo, porque era de suponer que las imposiciones de Europa se habrían centrado más en el recorte del gasto público en el sector militar que en el sector sanitario, educativo o laboral. Error.

Los países mediterráneos se encontraban en 2017, después del austericidio, en la parte alta en cuanto a la tasa de militares por cada 1.000 habitantes: Portugal (3,18 militares por cada 1.000 habitantes), Italia (3), Grecia (9,94) y España (2,56). Muy lejos del número de militares por cada 1.000 habitantes de Luxemburgo, Finlandia, Suecia, Irlanda y Alemania, todos ellos por debajo de los 2 militares por 1.000 habitantes, salvo los germanos que por poco los superaban (2,13).

Un Ejército mediterráneo sería temible, al menos en cuanto al número de militares, ya que conformarían en 2017 un total de 441.278 militares (Portugal, 32.726; Italia, 181.116; Grecia, 106.624; y España, 120.812), con una tasa de 3,43 militares por cada 1.000 habitantes (128.461.158 habitantes). El triple de militares por habitante que Finlandia, Suecia o Irlanda. El desfase al comparar los datos con el resto de países que forman la Agencia Europea para la Defensa demuestra que Portugal, Italia, Grecia y España suponen el 25% de la población, pero acumulan el 30% de los militares.

Con todo, si analizamos a los países mediterráneos en cuanto a la reducción de militares por habitante, el país con diferencia que menor esfuerzo hizo al respecto fue España. Como ya hemos comentado sus reducciones fueron entre un tercio y una cuarta parte de las reducciones de Portugal e Italia y la mitad de la reducción que realizó Grecia, país inmerso en un conflicto regional con Turquía. Italia redujo sus efectivos militares un 44%, Portugal un 30%, Grecia un 23% y España los aumentó desde 2005 a 2017 y los redujo un 12,5% si tuviéramos en cuenta el máximo de la serie alcanzado en 2008.

El austericidio no debería haber acontecido, pero de haberse producido debería haberse centrado en la reducción de militares hasta rebajar las tasas de los países mediterráneos por debajo de los 2 militares por cada 1.000 habitantes, situando el número total de militares a los niveles de Finlandia, Suecia o Alemania, pero ello hubiera llevado aparejado una reducción del gasto militar y esta reducción habría afectado especialmente a Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, las grandes industrias militares occidentales. Lo que demuestra que las medidas austericidas europeas tuvieron una clara finalidad tras la que se ocultaban no solo los intereses de los grandes bancos y las grandes empresas, sino también los intereses de las grandes industrias militares europeas y norteamericanas.

Anexo: puedes consultar tablas y gráficos aquí

Consulta aquí la primera parte de esta serie de artículos

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