¿Qué está ocurriendo en Madrid? Algunas preguntas sin respuestas

  • "UP necesitaba un revulsivo. Desde hace tiempo, con la excepción de lo ocurrido en Cataluña, no dejaba de perder votos en todos y cada uno de los comicios"
  • "Gabilondo tiene un perfil moderado que puede evitar generar rechazo entre el votante frontera que dejará de ver al partido de Arrimadas como una opción útil"
  • "La izquierda debería aprender de una vez por todas que las expectativas electorales no pueden depender únicamente de la proyección del candidato"

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Por Manuel Romero y María Corrales 

No queríamos dejar pasar la oportunidad de recoger a vuelapluma algunas notas sobre los últimos acontecimientos ocurridos de cara a las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. El efecto dominó de la moción de censura en la región de Murcia ha provocado el movimiento de otra pieza clave en el tablero político español. En la mañana del lunes 16 de marzo, Pablo Iglesias anunciaba su renuncia a la vicepresidencia del Gobiernopara concurrir como candidato de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid, dejando su cargo, y la posible presidencia del partido, en manos de Yolanda Díaz. Este desplazamiento se ha vivido como otro seísmo más en la política nacional, sorprendiendo no únicamente a los adversarios, sino también a los propios aliados, y abre una infinidad de interrogantes sobre qué ocurrirá en los próximos comicios.

Más allá de algunas de las preguntas que formularemos a continuación, hay algo que está claro en todo esto, y es que el anuncio de Iglesias ha dado un vuelco de 180 grados a la forma de plantear las elecciones. Es una realidad que este gesto hace que hoy el campo político progresista tenga más oportunidades que ayer de desalojar a Isabel Díaz Ayuso de la presidencia del gobierno de la Comunidad de Madrid, lo que es, sin lugar a duda, una muy buena noticia. Creemos que este debería ser el punto de partida para proyectar la campaña de todas las opciones del espectro progresista. Ahora bien, lo que advendrá en las próximas semanas es una incógnita.

Unidas Podemos necesitaba un revulsivo. Desde hace tiempo, con la excepción de lo ocurrido en Cataluña, no dejaba de perder votos en todos y cada uno de los comicios a los que se presentaba. En Madrid existía un riesgo real de que su candidatura no llegara a obtener el 5% necesario para tener representación parlamentaria, ya en 2019 estuvo a punto de no alcanzarlo, lo superó por apenas unas décimas. Y es por esto, y no por ninguna otra razón, que Pablo Iglesias ha decidido concurrir como candidato y abandonar la vicepresidencia. Nos distanciamos aquí de las lecturas que explican este movimiento como la enésima venganza contra el espacio errejonista. En el caso de que hubiera algo de eso, es un error considerarlo como el motivo principal. Probablemente, Unidas Podemos sea capaz de reagrupar así gran parte del voto de la izquierda que fruto del desencanto habría optado por la abstención o el voto a partidos radicales que no alcanzarían el mínimo necesario. Además, ha asegurado algo que sospechamos venía planeándose tiempo atrás: el relevo seguro de Pablo Iglesias a Yolanda Díaz.

El movimiento respecto de Yolanda Díaz abre la puerta a una transición que siempre se había anticipado como el gran terremoto de un espacio político construido a imagen y semejanza del liderazgo de Iglesias. Sin embargo, esta operación encumbra a Díaz a asumir la máxima posición de visibilidad y responsabilidad de este espacio político en el Gobierno dándole el tiempo suficiente para consolidar su figura y construir un liderazgo político más allá de la cartera de trabajo, todo desde el primerísimo plano de la política estatal. Un perfil que, sin duda, bebe de una trayectoria destacada de diálogo entre diferentes y defensa de la plurinacionalidad. A la vez, el gesto del líder morado asumiendo en primera persona el mandato de la unidad de la izquierda en Madrid anestesia una posible disputa a medio plazo sobre la naturaleza y el liderazgo del referente político del “espacio del cambio” en el Estado.

Por su parte, el Partido Socialista ya había optado por la opción más conservadora, colocar, una vez más, a Ángel Gabilondo al frente de su candidatura. Si en Cataluña necesitaban del «efecto Illa» para recuperar parte del espacio perdido en las elecciones al Parlamento de Cataluña de 2017, ahora, en Madrid, el PSOE precisa de alguien que conserve el buen resultado que cosechó en 2019 y, además, tenga la capacidad de atraer a los votantes que Ciudadanos se ha dejado por el camino rumbo a su debacle. En este sentido, Gabilondo tiene un perfil moderado que puede evitar generar rechazo entre el votante frontera que dejará de ver al partido de Arrimadas como una opción útil. Esta posición es interesante en un momento en el que ya podemos prever una alta movilización electoral gracias al plebiscito Ayuso-Iglesias. Es decir, aunque Gabilondo no genere adhesión, si la mayor parte del votante se siente llamado a acudir a las urnas, puede decantarse por la opción que le parezca menos mala, algo que ya pasó en las elecciones catalanas de 2017.

Por otro lado, Más Madrid tiene como su mejor aspirante a Mónica García, diputada de la Asamblea de Madrid desde el año 2019 y portavoz de la Comisión de Sanidad. Como sanitaria profesional y política, García ha sido durante estos dos años la principal oposición a Díaz Ayuso. Tiene un perfil de candidata solvente y ha demostrado con creces tener la mejor preparación posible para hacer frente a la gestión de la pandemia. Pero, ahora, con la candidatura de Iglesias, la pregunta que habría que hacerse es la siguiente: ¿hay espacio político para Más Madrid entre el público objetivo de Unidas Podemos y el del PSOE? Si sacamos al PSOE de la ecuación, ya que creemos que los principales competidores del mismo caladero de votos son UP y MM, este interrogante nos lleva inmediatamente a otro: ¿sumaría más la izquierda con una candidatura unitaria entre ambos partidos o, por el contrario, lograrían obtener mejores resultados por separado? Si bien es cierto que los clamores a la unidad de la izquierda, como ecos del retorno a una esencia perdida, parecían tener poco sentido hace apenas unos días y ser mucho más coherente la estrategia de la competición virtuosa, ahora es realmente un enigma. Es posible que una candidatura conjunta construida desde el diálogo -algo que parece muy difícil si observamos todo lo ocurrido en los últimos años- y con un horizonte común: alejar la posibilidad de un futuro gobierno del PP y Vox en la Comunidad de Madrid, sea no lo más sencillo, pero si lo más inteligente.

Es cierto que, como se ha repetido incasablemente en Twitter, el gesto de Iglesias podría funcionar como un efecto llamada para activar aún más el voto de la derecha, sin embargo, lo más intuitivo si nos fijamos en el planteamiento electoral de Ayuso y el terremoto que ha provocado la moción de censura en Murcia es pensar que dicho voto ya estaba movilizado. El Partido Popular ha planteado las elecciones como un plebiscito, o nosotros o el caos, bajo el eslogan “socialismo o libertad”, eslogan que han modificado a “comunismo o libertad” con el anuncio de Iglesias. Además, con el objetivo claro de entorpecer el voto de los barrios obreros, Díaz Ayuso ha convocado las elecciones un día lectivo, el martes 4 de mayo, siendo consciente de que un electorado más privilegiado como el suyo no tendrá grandes inconvenientes para asistir a las urnas. Por lo que, igualmente, tenían la decidida intención de engrasar toda su maquinaria para activar a su militancia y movilizar el mayor número de votos posibles.

Antes de finalizar nos vemos en la obligación de señalar una última cosa. Como decía el profesor de Teoría Política Javier Franzé en Twitter, la jugada de Iglesias como reclamo electoral solo se explica por la ausencia de arraigo territorial y una militancia fuerte. La izquierda debería aprender de una vez por todas que las expectativas electorales no pueden depender únicamente de la proyección del candidato, ni tampoco del envite maestro de última hora. Los triunfos en las urnas se cosechan a largo plazo, sembrando amplias redes de afectos y colaboración, porque son estas las que en última instancia tienen la aptitud para movilizar a la población.

Y, para finalizar, la pregunta que probablemente nos estemos haciendo todas: ¿tendrá la izquierda la capacidad de estar a la altura de las circunstancias históricas? Próximamente lo sabremos.

María Corrales es analista en comunicación política y miembro del Institut Sobiranies

Manuel Romero es sociólogo y coordinador del Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social

 

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