Las desventuras de ‘Superzetapé’, héroe de España

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Francisco Serra

Un profesor de Derecho Constitucional se encontró con un antiguo alumno, al que hacía años que no veía. Juan Carlos, después de estudiar Historia y encontrar un empleo meramente “alimenticio” en un ministerio, había empezado la carrera de Derecho, pero un doloroso divorcio y una casi permanente depresión le habían forzado a abandonar los estudios y ahora dedicaba las tardes a investigar por su cuenta en la Biblioteca Nacional. Había publicado, tiempo atrás, un libro sobre “los tebeos que leía Franco y, el profesor, que se lo había regalado en su momento a su madre, aún recordaba cómo ella se había emocionado al contemplar aquellas viñetas sacadas de Flechas y Pelayos y demás revistas de historietas de la época de la posguerra. El profesor vino a pensar en cuáles eran los tebeos que él había leído en su infancia y aunque aún se acordaba de haber sacado las tiras de Roberto Alcázar y Pedrín en los sobres-sorpresa que compraba en el puesto de caramelos, el puesto verde, donde también adquiría las pastillas de leche de burra y demás golosinas con la exigua paga que le daban sus padres cada semana, había sido mucho más aficionado a Pulgarcito, DDT o Tiovivo, donde aparecían semanalmente las aventuras de Mortadelo y Filemón, o Rompetechos.

Imaginando, por un momento, que el actual presidente del Gobierno también fuera aficionado a las historietas, intentó descubrir cuáles habrían sido “los tebeos que leía Zapatero” y supuso que, por ser algo más joven, leería las aventuras de personajes más modernos, como tal vez Superlópez; y se preguntó si su empeño actual por convertirse en un “héroe” que llevara a cabo la modernización de España no habría surgido a raíz de que, en un momento de melancolía, al recibir la llamada de Obama que le avisaba de la gravedad de la situación económica de nuestro país, rebuscando entre sus papeles, hubiera encontrado los viejos tebeos y hubiera sentido la comezón de convertirse en Superzetapé.

Si a Don Quijote de La Mancha fue la desordenada lectura de libros de caballerías la que le llevó a convertirse en caballero andante, empeñado en “desfacer agravios”, quizás a Zapatero fue la lectura de historietas de superhéroes la que le movió a emprender la senda de las reformas económicas, que quería que se llevaran a cabo “le cueste lo que le cueste”. Sin duda, la vida de los superhéroes en el mundo actual debe estar bastante alejada de los clásicos Supermán o el Capitán América y debe parecerse  más a la de los ya retirados y algo decrépitos personajes del más conocido autor actual de cómics, Alan Moore, que en Watchmen traza un descarnado retrato de los justicieros en la época de la modernidad líquida.

Los superhéroes actuales, probablemente, acuden con frecuencia a Bruselas y tienen problemas para encontrar una cabina telefónica para quitarse el traje y ponerse la chaqueta y corbata preceptivas antes de la “foto de familia”. También a veces deben reunirse privadamente y tal vez la reciente de visita de Zapatero a Sarko estuviera motivada por el deseo de éste por mostrarle su nuevo traje, con el aditamento de unas espectaculares alzas. La próxima cumbre con la señora Merkel puede que no tenga otro fin que Superzetapé le confiese su amor, pues del mismo modo que los caballeros andantes los superhéroes también deben tener una dama, una Dulcinea, rebosante de hermosura, aunque para los comunes mortales tenga la apariencia de una modesta labriega.

Después de culminar su misión, Superzetapé tiene desde hace ya tiempo pensado pedir el ingreso en el Consejo de Estado, aunque teme que el muy venerable Rubio Llorente no vea con buenos ojos el que en alguna ocasión vuelva a lucir su traje de superhéroe para en las reuniones del supremo órgano consultivo oponerse a eventuales medidas que intenten limitar sus “reformas”. Otros que le han precedido en el cargo han preferido un cómodo y lucrativo retiro en Consejos de Administración de importantes empresas, pero él considera eso una traición a su deber y, aunque lleva tiempo adiestrando a uno de sus más próximos colaboradores para que se convierta en Superpérez, quizás retrase su abandono de la vida pública y apueste por prolongar su vida activa. Su principal oponente, algo mayor que él, cultiva una imagen algo anodina, más próxima a la de Don Pantuflo, el padre de Zipi y Zape e incluso en ese partido para muchos resulta más atractivo otro líder, que en su aspecto recuerda al sabelotodo Pitagorín.

El profesor, que perdido en esas ensoñaciones había llegado al kiosco donde se acumulaban, entre los nuevos lanzamientos de colecciones, las selecciones del TBO, el Capitán Trueno o Roberto Alcázar y Pedrín, vio en la portada de un periódico la fotografía de algunos integrantes de Anonymous, disfrazados con la máscara del protagonista de V de Vendetta, y pensó que era algo paradójico que en un mundo tan complejo como el presente al final fueran más veraces las simples imágenes que nos proporcionan los tebeos, que hoy llamamos cómics y en su forma de novela gráfica han llegado a narrarnos la realidad de un modo tan eficaz como el cine o las narraciones tradicionales, pues es difícil que se exprese con mayor crudeza la Shoah que en Maus o la represión en Palestina que en Notas al pie de Gaza. Cuando llegó a casa su hija le preguntó que le había dado para ella Spiderman y él le alargó el último DVD de Caillou, sabiendo ya que, cuando fuera mayor, quizás se acordara más de esa criatura inventada que de las hazañas de Superzetapé, que para ella no sería más que un nombre que aparecía en los libros de historia. Un mundo sin héroes, como el presente, quien mejor lo entiende, quizás, es una niña de cuatro años.

1 Comment
  1. Julián Sauquillo says

    De «Roberto Alcazar y Pedrín» recuerdo sobre todo a ambos rodeados de chinos (¿comunistas?: lo serían por los tiempos y sus peligros correspondientes). El primero, el mayor, le decía al segundo, el pequeño: «No te preocupes, Pedrín, que de otras peores hemos salido». Toda una frase animosa para tiempos de crisis.

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