Éxodo del capital humano

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España ha sido siempre un país de grandes flujos migratorios, unos obligados, tras conflictos bélicos, y otros  provocados por ausencia de oportunidades laborales y/o formativas. La vieja idea colbertista de que inventen ellos ha calado en la sociedad española que siempre ha tratado al exiliado con desprecio, acusándole de no ser suficientemente patriota, con el apriorismo de que España es suficientemente atractiva, como para no abandonarla nunca.  En estos días, se suceden las noticias sobre salidas de personal cualificado a Alemania o personal de menor cualificación que irá a trabajar a Francia, lo cual ha encendido otra vez el eterno dilema.

Con la llegada de la crisis, la economía española se ha derrumbado como una baraja de naipes, y ha dejado al descubierto una cantidad de debilidades que deberían sonrojar y preocupar a toda la sociedad española, y no caer en el maniqueísmo de culpar solo a los  políticos, o por el contrario, echar la culpa a las subprime americanas.  La preferencia por la liquidez y la riqueza inmobiliaria, inducida y jaleada por las dos grandes formaciones políticas que han gobernado este país desde el inicio de la democracia, ha ido generando una estructura de preferencias y valores tales, que la formación, la educación, la remuneración conforme a la verdadera productividad, el emprendimiento y el gusto por la excelencia, han sido sustituidos por todo terrenos y segundas y terceras viviendas.

En este contexto, el capital humano en España está infrautilizado, mal remunerado y se le obliga a exiliarse, ante el fracaso de la sociedad española para garantizar tres objetivos básicos

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  1. Valoración elevada del conocimiento crítico y de la educación excelente.
  2. Remuneración conforme a la productividad real del trabajador/a.
  3. Entorno de trabajo saludable y acorde a los conceptos de sostenibilidad y conciliación de la vida personal.

Comenzaré por el primer elemento. La sociedad española no valora la educación excelente, o por ser más exacto, el concepto de educación y  formación, se asemeja al de mera instrucción, negando la capacidad que tiene la educación en un sentido amplio, de generar ciudadanos maduros y socialmente responsables. La señal de que esto es así se puede observar, por un lado, en que el nivel de gasto educativo por familia, descontando el gasto obligatorio, es inferior al gasto en tabaco, bebidas alcohólicas o servicios de juegos aleatorios. Esto  se puede apreciar analizando los gastos anuales en la Encuesta de Presupuestos Familiares. En el año 2009, el gasto medio por familia en educación fue un 10% inferior a las partidas anteriormente citadas.  Otra señal de esta disfunción, es que las discusiones sociales sobre educación se centran básicamente en el número de horas de matemáticas, religión o la necesidad o no de educación para la ciudadanía. Más importante es constatar que el tipo de personas que se buscan son siempre acríticas y se ensalza la igualdad, siempre  por abajo. Esto incide  muy mucho en el grado de inmadurez que atesora una parte importante de la sociedad que se ve incapaz de tomar decisiones por sí misma, causando serios problemas a las empresas para las que trabajan y también a los propios hogares, siendo esta carencia una de las variables que inciden en nuestra baja productividad. Existen algunos estudios, yo tengo uno hecho, sobre el impacto que tiene la inmadurez en el conocimiento y en la toma de decisiones en la economía española. Los resultados son demoledores. Aproximadamente el 1,5-2,0% del PIB se pierde por esta falta de formación para la toma de decisiones y la madurez emocional y afectiva.

El segundo punto relevante es la remuneración del capital humano. Si uno coge la ecuación clásica que relaciona el coste marginal con productividad marginal, deberíamos garantizar que el ingreso percibido coincida con la aportación individual a la productividad global de la empresa o del sector.  Si uno percibe una cantidad inferior, la empresa se apropia del margen adicional y si, por el contrario, uno recibe una cantidad superior, es el trabajador el que se apropia el excedente. Con esta premisa, la realidad en España es que el coste marginal siempre es inferior a la productividad marginal, lo que ha llevado a  una ganancia de peso en la Renta Nacional de las rentas empresariales. Esta razón es otra variable que pesa a la hora de decidir exiliarse, puesto que un mismo trabajador con una cualificación elevada, cobra casi un 30% más en países como Alemania o Francia, lo que hace dudar de cómo España valora el talento. ¿Cómo es posible que a igual función y formación, se cobre en España un 30% menos que en el Reino Unido o Alemania?

Por último, el entorno laboral también explica el éxodo laboral. La ausencia de políticas de conciliación, promoción laboral, sostenibilidad energética o transparencia, son elementos que también explican la salida, y el no retorno, de buena parte de nuestros mejores trabajadores/as.

En conclusión, la salida de capital cualificado y no cualificado, supone un fracaso como país, ya que las razones no son resultado de un ajuste entre oferta y demanda o una movilidad geográfica elegida y decidida. Estamos ante una desbandada de nuestros mejores cerebros, por la incapacidad de valorar, remunerar y crear entorno de trabajos compatibles con el mantenimiento del capital humano formado aquí, y que es mucho mejor valorado fuera de nuestras fronteras. Colbert no ha muerto.

(*) Alejandro Inurrieta es concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid y profesor del IEB. Fue asesor de la Secretaría de Estado de Economía.
2 Comments
  1. gregorio says

    De acuerdo con la mayor parte de su artículo. El problema de España sigue siendo la ignorancia, además del saqueo masivo. Propongo que en vez de irse la gente preparada a trabajar fuera, se vayan los politicos a fregar platos a Alemania, pero antes despojarles de lo que tienen aqui y en Suiza. Felicitaciones, Gregorio

  2. Agustina says

    Muy bueno el articulo pero también habría que mirar si los españoles que se buscan la vida en el extranjero pueden conciliar trabajo/familia, si ganan lo suficiente para vivir bien y sin preocupaciones, y lo mas importante, preguntarles si les merece la pena vivir en el extranjero. También se debería de recalcar que en cada país tienen una mentalidad diferente, mientras aquí estamos con el síndrome de la titulitis, en otros países de Europa como el Reino Unido no se complican la vida a la hora de contratar personal. Y un punto muy importante, no creo que largándose a otro país se solucionen las cosas.

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