Recordando a Gonzalo Rojas

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Gonzalo Sobejano *

De los mayores poetas de Chile que conozco en su obra –Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda – el que llegué a conocer más de cerca y admirar sobre todos vino a ser Gonzalo Rojas. He leído cuanto publicó y además algunos poemas inéditos. Me fue dado comunicarme con él en persona y, al hilo de los encuentros y las cartas, durante años, del 78 al 96, en Filadelfia, Nueva York o Madrid, sentir la crecida de mi admiración hasta el punto de solo hallarle par con César Vallejo, a mi juicio el poeta más alto y más hondo, en lengua española, del siglo pasado.

Dediqué a Gonzalo Rojas un breve pero denso estudio, publicado en la revista cántabra Peña Labra (Primavera 1984), reproducido más tarde en un volumen editado por Enrique Giordano. Era un retrato del amigo y una caracterización sumaria de su estilo, que cifraba yo en una sola palabra, incluida en el título: Gonzalo Rojas: alumbramiento.

Sí, alumbramiento como la iluminacion instantánea del relámpago que, en lo oscuro de la nube o la noche, dibuja su eléctrico destello; y alumbramiento como parto, como proyección de un torso palpitante, luminoso, sin principio ni fin marcados. Tal era la sensación que yo obtenía de la lectura y relectura de Gonzalo Rojas, como me ocurrió siempre con la lectura y relectura de César Vallejo.

Helga y Gonzalo, Hilda y Gonzalo, formaron por aquel tiempo un cuadro de hermosa amistad.  Una tarde de primavera íbamos los cuatro por una plaza de Filadelfia: era en ese mes de abril –lluvioso, soleado, nublado, frágil, fresco, carpichoso, germinal– para mí, y perdone Eliot, el mes menos cruel. Nos detuvimos en un café, luego de pasar por la zona más neoyorkina de la ciudad, bordeando la mayúscula “pinza de colgar ropa” de Oldenburg, y allí Gonzalo nos mostró el apaisado y voluminoso libro que contenía labores conjuntas de Eliot y Pound, que él había comprado o le había regalado alguien.

Cuando Gonzalo Rojas hablaba con nosotros o con otros, su gesto era atento y amable, un poco reservado o tímido. Si, aun en compañía, lograba un instante de soledad, miraba aparte, hacia arriba, con ojos enternecidos, deslumbrados,  velados por una lágrima posible.

Gonzalo me confesó su admiración por los poetas jóvenes de entonces: Claudio Rodríguez, Ángel González (los preferidos de mi promoción), José Angel Valente.

En una novela de Enrique Vila-Matas recuerdo haber hallado el nombre de Gonzalo Rojas en compañía de otros chilenos amigos del emotivo autor de El mal de Montano. Tan emotivo Vila-Matas como Gonzalo Rojas o César Vallejo. La poesía es manifestación trascendente y concentrada de la emoción. Y si no es esto, no es nada.

(*) González Sobejano (Murcia, 1928) es poeta y crítico literario. Miembro de la RAE. Está considerado como uno de los más singulares hispanistas internacionales del siglo XX.
4 Comments
  1. celine says

    Sorpresa y alegría de leer en cuartopoder a Gonzalo Sobejano. Qué bella evocación, profesor. Se disfruta leyendo algo tan bien escrito.

  2. estrella says

    Querido Gonzalo, que sorpresa leerte en Cuarto Poder y estando yo en España en estos momentos. En esos años de Filadelfia a los que aludes, muchos de tus alumnos nos favorecimos de la visita de Gonzalo Rojas: Maurer, Helia Betancur, Raúl Barrientos (otro poeta chileno, estudiante tuyo y amigo de Rojas) Siento cariño y nostalgia por esos días.
    Gracias por recordarnos que “La poesía es manifestación trascendente y concentrada de la emoción. Y si no es esto, no es nada”.
    Así lo aprendimos y así lo sentimos. Un abrazo

  3. estrella says

    Gonzalo, este es el comentario que Helia dejó en mi blog. Te gustará leerlo. Le remito el bello esbozo que has dejado aquí de su queridísimo poeta.

    Helia dijo…
    Malas noticias, sí tenía razón el poeta: Abril es el mes más cruel, engendra lilas en la tierra húmeda.
    Acabo de regresar de unas merecidas vacaciones sin teléfono, sin internet, casi sin casa, en el medio de la nada y encuentro la nueva de la muerte de Gonzalo.
    Vino a Costa Rica hace unos 8 años. Estaba triste por la muerte de su compañera de tantos años. Me recordaba de su visita a Penn en la que abrió el recital precisamente con ese poema que citas. Uno que otro profesor dormitaba mientras los estudiantes, entusiasmados, aplaudíamos. Yo tenía unos cuantos poemas suyos que él daba por perdidos y que habían llegado a mis manos, mejor dicho, a mi baúl, vía Raúl (salió en rima) el inefable poeta compañero. Los recordaba a Ustedes con cariño. Dónde están? -me preguntó. Yo, que no tenía ni idea le dije que en Vanderbilt. Mencionaba con entusiasmo alguna traducción de Christopher. Maurer, mi mejor traductor, quiero comunicarme con él, me comentaba.
    Este es el último recuerdo que tengo de él. Una gran pérdida! Nos estamos quedando sin palabras.

    Viene de: http://chiquitin52.blogspot.com/2011/04/gonzalo-rojas-december-20-1917-april-25.html

  4. Mara9 says

    Tenerle aquí sí que es alumbramiento, maestro Sobejano. Que la luz no se pierda.

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